En el reciente Foro Internacional “el dilema de la democracia en América Latina”, los conferenciantes advirtieron sobre el peligro que enfrenta América Latina ante el neo-populismo, que de manera tenebrosa y agresiva viene limitando los derechos y libertades en el continente.
Carlos Dabdoub
Cuando Santa Cruz decidió luchar por la autonomía, lo hizo convencido porque ella es un instrumento idóneo que no sólo acrecienta la democracia participativa, sino también permite alcanzar mayor bienestar. Y han sido estos conceptos los determinantes para que hoy en Bolivia se erija como un baluarte de resistencia democrática a cualquier intento de crear un estado comunitario.
La decisión de votar NO en el referéndum constitucional del 25 de enero, lo fundamenta el gobernador Rubén Costas en tres razones, que aquí lo resumimos. La primera está en la defensa del respeto a las leyes. La Asamblea Constituyente las incumplió repetidas veces en Sucre y Oruro. Así fue también en La Paz con el Pacto del Palacio Quemado que terminó en un nuevo texto constitucional, redactado por parlamentarios convertidos en constituyentes. Un proyecto de Constitución con graves vicios de nulidad, no tiene validez legal ni legitimidad alguna para obligar al pueblo boliviano a aceptarla, menos aún ser impuesta por la presión y la violencia.
La segunda razón para votar por el NO es porque juramos dotarnos de una Constitución en el marco de un Estado Social y Democrático de Derecho donde nadie puede someterse al dominio de otro, sacrificando su libertad. El proyecto del gobierno y sus aliados, al no reconocer el principio esencial de la igualdad jurídica, rompe el fundamento de la democracia, es decir, el derecho de igualdad y de participación política. A ello se suma la constitucionalización de figuras nefastas como la deformada justicia comunitaria (Achacachi), la subordinación política de la justicia, la educación impuesta por el centralismo, etc. Respecto a la autonomía departamental, de manera solapada, la anula, incluso poniendo en riesgo la soberanía territorial de provincias y municipios, en procura de un dominio otra vez centralista, dependiente y vertical.
La tercera razón para votar por el NO guarda relación con la gestión del presidente Morales. Así acaba de confirmarlo García Linera. Votar NO es decir NO al atropello de la gente, a la persecución y encarcelamiento de ciudadanos y autoridades sentenciados antes de ser juzgados. NO es rechazar el terrorismo de estado usado contra quienes denuncian la verdad, sean el periodismo, las iglesias, los líderes cívicos o las autoridades electas, como es el caso del gobernador Leopoldo Fernández. El voto por el NO es condenar el narcotráfico, la corrupción y la incapacidad de la gestión centralista actual.
La propuesta constitucional es sólo un proyecto político hecho por centralistas para centralistas, que nos arrastrará hacia un estado totalitario, donde sobre la base del culto a la personalidad y el caudillismo, los futuros presidentes de Bolivia serán poco menos que monarcas.
El próximo 25 de enero votaremos por nosotros mismos. Votaremos NO, por lealtad a nuestros principios, a nuestro juramento y por nuestras familias. El voto por el NO en este referéndum no será una consigna; nunca fuimos ni seremos un rebaño de ovejas que obedece a la voz de los caudillos.
Fuente:Hispanic American Center for Economic Research (HACER)
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