Política

Chávez anima el enfrentamiento entre Correa y Uribe

Juan Sebastián Barco, corresponsal de Diario Exterior en Bogotá, analiza la tensión diplomática entre Colombia y Ecuador.

Cada vez más tensión

Las tensiones recientes entre los gobiernos de Colombia y Ecuador no han sido un común denominador en sus relaciones a lo largo de la historia. Podría decirse que durante el siglo XX las relaciones entre estos dos países fueron cordiales centradas en un primer momento en la fijación de límites terrestres y marítimos. Sin embargo, varios episodios a finales de los años noventa han ido erosiado sensiblemente las relaciones.


 


Del lado Colombiano, la presencia de las Farc en la frontera, la aparición paulatina de cultivos ilícitos, tráfico de armas y narcotráfico, producen una reacción del gobierno de ataque frontal contra las narco guerrillas. La fumigación con glifosato es una de varias acciones emprendidas por Colombia que causa malestar en el gobierno vecino por los efectos que según las autoridades ecuatorianas generan a la naturaleza y al ser humano. Mientras esto sucede, Ecuador vive profundas crisis económicas y políticas de tal magnitud que ningún presidente en los últimos años logra terminar su mandato.


 


Con la llegada del presidente Correa al poder se activan los mecanismos tradicionales de cooperación bilateral en la frontera (anterior al presidente Correa ya habían algunos acercamientos en el marco de la Comisión de Vecindad con el presidente Lucio Gutiérrez). En un primer acercamiento los presidentes de los dos países acuerdan examinar las consecuencias que causan las fumigaciones con glifosato. Las relaciones entre ambos países entran en una era de “glifosatización”. Este escenario mantenías las relaciones cordiales y producía reacciones favorables del presidente Correa sobre aspectos tan sensibles como el estatus de beligerancia que Chávez propuso para las Farc. Correa en ese entonces rechaza cualquier concesión a este grupo terrorista.


 


Sin embargo, el operativo del 1 de marzo que terminó con la muerte de Raúl Reyes, uno de los integrantes del secretariado de las Farc, rompe nuevamente y de manera radical las relaciones entre Colombia y Ecuador. Los buenos oficios del Grupo de Río y de la Organización de Estados Americanos lograron en un primer momento bajar los ánimos sobre el suceso en la frontera. No obstante, la tensa calma que se vivía por estos días, se ha ido nuevamente al traste con los pronunciamientos del presidente Correa en su reciente visita a México. Las declaraciones “contradictorias” como las ha llamado el gobierno colombiano en un comunicado de prensa, son producto de las posturas del presidente ecuatoriano, que de manera encendida reitera y rechaza todos los acontecimientos del operativo dirigido por el gobierno colombiano.


 


El compromiso de bajarle el tono a las declaraciones asumido por Colombia y Ecuador con el objetivo de recuperar la confianza y generar nuevos acercamientos, ve su mayor tropiezo en la actitud del presidente ecuatoriano que, como Chávez, se reinventa cada día, situación que dificulta relaciones estables y claras. Las diatribas de Correa –seguramente alimentadas por los petrodólares venezolanos– continuarán como una cortina de humo para esconder los recientes hallazgos en los computadores de las Farc que relaciona a miembros cercanos de su gobierno de colaborar con este grupo terrorista.

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