El autor hace una radiografía del proteccionismo en Pakistán y demuestra que la defensa a ultranza de la industria nacional es una mascarada que esconde los privilegios de una minoría que se escuda en eslóganes chauvinistas perjudicando a la población en su conjunto.
Opinión: Khalil Ahmad
Hace poco tiempo atrás, el gobierno paquistaní compró una lujosa ambulancia Mercedes Cardiac al costo de más de 13 millones de rupias, unos 225.000 dólares. El vehículo, único en su estilo, será usado sólo por un selecto grupo de pacientes VIP de la capital del país, Islamabad. Huelga decir que dentro de ese grupo VIP se incluyen funcionarios, militares y otros miembros de la organización burocrática del Estado, esos que suelen ser llamados “los representantes del pueblo”.
Sin embargo, al mismo tiempo, un gran número de contribuyentes dispuestos a comprar un automóvil han visto truncas sus esperanzas de adquirir uno. Durante los últimos años, la industria local automovilística, que sufrió un crecimiento negativo del 24% durante 1999-2000 debido a la baja venta de autos, ahora es testigo de un gran aumento de la demanda de coches, demanda que está imposibilitada de satisfacer. No hace falta decir que los fabricantes y vendedores de coches le sacan un jugoso rédito a esta brecha entre la oferta y la demanda amparados por el gobierno y con el consecuente perjuicio de los consumidores.
Abusando de los altísimos aranceles impuestos a la industria automotriz, los cuales llegan a alcanzar en la actualidad a 150% en algunos vehículos, los fabricantes de automóviles los están vendiendo al doble del precio internacional. La compra, además, se realiza pagando todo por adelantado y con una espera que puede llegar hasta los ochos meses. Para una entrega rápida, el comprador deberá desembolsar un plus de 30.000 a 150.000 rupias, dependiendo del modelo del automóvil.
Luego de persistentes quejas por parte de distintas asociaciones de consumidores, el gobierno federal decidió bajar los impuestos a la importación entre un 20% y 50%. Los vendedores de coches vieron esto como un mero artilugio; una gentil reprimenda a la industria local que no servirá de estímulo para importar automóviles extranjeros. ¿Por qué debería? Incluso bajo la nueva estructura impositiva, comprar un automóvil extranjero de 800cc cuesta mucho más caro que uno nacional de 1000cc. Una reducción arancelaria substancial hubiera estimulado la venta de automóviles importados pero esto lógicamente hubiera dañado a la vaca sagrada paquistaní, la industria nacional.
La industria local está altamente protegida desde hace muchos años. Sus distribuidores de partes y accesorios, disfrutan de un arancel cero en la compra de materias primas y sólo de un 5% en la compra de accesorios importados. ¿Qué más pueden pedir? ¡Desdichados consumidores con la necesidad imperiosa de adquirir un vehículo sin posibilidad de elección! Gracias la política proteccionista del gobierno, ya cuentan con estos aciagos compradores en gran cantidad. A la gente no le queda otra que adquirir lo poco que tiene la industria local que ofrecerles: sin variedad, sin calidad, a un precio inflado y con mucha demora en la entrega. Hoy sólo pueden acceder a una gama de 12 modelos de coches, cuando en un libre mercado podrían elegir entre 150 opciones diferentes con mejores precios y más calidad.
Los únicos beneficiados son los trabajadores locales. Para salvaguardar sus intereses, se sacrifican los de la gran mayoría de la población en el altar de la “industria nacional”. ¿A quién le importa si somos autosuficientes en la industria de automóviles? ¿Qué beneficios le otorga ésto a los consumidores? ¡Ninguno en absoluto!
Tiempo atrás el gobierno promocionó el slogan: “Sea paquistaní, compre paquistaní”. Lo que quería decir era: sea patriota, compre coches de peor calidad y a precios carísimos. Contrariamente a la posición del gobierno, si éste reduce los aranceles de importación el precio de los coches nacionales bajaría y aparecerían muchísimos más paquistaníes dispuestos a comprar su primer auto.
Hoy la lucha continúa. La industria local y sus satélites siguen peleando por mantener esa posición de privilegio. El año pasado lograron que el gobierno diera marcha atrás en la apertura del mercado local a vehículos de 600cc provenientes de China. Continúan presionando para que los aranceles se mantengan altos y que ni siquiera se permita importar un automóvil de segunda mano. Es muy difícil pronosticar un cambio ya que la filosofía política de Pakistán defiende el más estólido proteccionismo. También es lamentable que en un mundo donde abundan los automóviles, los políticos hayan logrado crear nichos de mercados cerrados donde a la gente se la seduce con la idea de comprar un automóvil pero al mismo tiempo se le niega el derecho a poseer uno.
El autor es presidente y fundador de Alternate Solutions Institute. Originalmente publicado en http://www.techcentralstation.com y traducido con autorización por Luis A. Balcarce.
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