“A pesar del terrorismo, la guerra y una burbuja tecnológica devastadora, la economía norteamericana se ha desenvuelto excepcionalmente bien hasta la fecha en este siglo. Si permitimos a los mercados operar con intervenciones gubernamentales mínimas y reflejar la imaginación humana, ese progreso sólo puede continuar”.
James K. Glassman
La mayor cadena de supermercados del mundo, Wal-Mart Stores, informaba la pasada semana de que las ventas y los beneficios del trimestre que termina el 31 de julio eran algo peor de lo esperado, porque “nuestro consumo continúa perjudicado por los elevados precios del combustible”.
El New York Times apenas pudo contener su entusiasmo. ¡La economía se está desacelerando a causa del creciente precio de la energía! “El daño que ahora parece inminente podía haberse evitado”, decía el predicador del Times. “El ahorro podría haber reducido la demanda energética y los precios”, y por supuesto, estaba el perjuicio causado por “recortes fiscales a los ricos”.
Existe un orden de la perspectiva. En primer lugar, las ventas de Wal-Mart eran un 10% superiores a las del año anterior, hasta un récord de 77 billones de dólares. Durante todo el 2005, las ventas de la compañía superarán el Producto Interior Bruto de países enteros, como Arabia Saudí o Suecia. En segundo lugar, Wal-Mart destacaba que los resultados de julio en realidad “resultaron más fuertes de lo esperado”. Las ventas están creciendo a marchas forzadas en el gráfico. La economía no se está frenando por el petróleo.
De hecho, la historia real es que los precios del petróleo están teniendo un impacto muy pequeño. El barril de crudo se ha encarecido un 40% este año, y el gas natural, utilizado en la generación de electricidad, se ha encarecido unos dos tercios. Los precios de la gasolina de primera en la gasolinera sobrepasan con creces los tres pavos el galón.
Es el efecto mínimo de estos precios del petróleo superiores lo que es tan preocupante para que políticos y periodistas sean agoreros. El mejor indicador del desarrollo de una economía, el PIB, la producción de todos los bienes y servicios, ronda actualmente el 3,5%, y no está desacelerando. Se está acelerando.
Estados Unidos ha creado 1,2 millones de nuevos empleos en los últimos seis meses. La tasa de paro ha caído hasta el 5,0% desde el 5,4%.
Compárense estas cifras con las de Europa, donde la conservación energética a través de los impuestos es la norma. En Francia, el crecimiento del PIB es de un anémico 1,2%, con el paro en el 10,1 por ciento. En Alemania, el PIB se ha estacionado, y el paro se encuentra en el 11,6%.
Sí, Estados Unidos tiene problemas. Una buena norma — llamada la Regla del Tamaño — es que cualquier economía en la que 100 millones de familias generan 12 trillones de dólares en PIB va a tener problemas en alguna parte — suficiente para ocupar otras diatribas en programas de noticias nocturnos.
El Congreso aún no ha dado respuesta a la crisis en ciernes de la Seguridad Social y Medicare. Irak consume dólares de los impuestos y vidas. El terrorismo amenaza. Los tipos de interés y los precios del productor crecen. Burbujas inmobiliarias han explotado en algunas áreas urbanas y enclaves turísticos. Muchos consumidores han tomado prestado demasiado, y la pobreza no ha sido erradicada.
Pero por otra parte, la Regla del Tamaño exige que se examinen todos los números añadidos, no sólo los convenientes y las anécdotas convincentes. Las exportaciones norteamericanas se incrementan en algo menos del 8%. Las hipotecas se encuentran aún por debajo del 6%. La productividad continúa siendo boyante. Y el déficit federal se está cerrando mucho más rápido de lo que nadie esperábamos. Los beneficios corporativos se incrementan en un 14%, el decimosegundo cuatrimestre consecutivo de crecimiento de dos cifras.
Pero de vuelta a los precios de la gasolina. ¿Por qué no perjudican más?
En primer lugar, Estados Unidos lleva haciendo un uso de la energía dramáticamente más eficaz desde hace 30 años. Cada norteamericano ni se acerca a la cantidad de energía que utilizaba en 1973, pero la producción económica de la nación se ha elevado en un 74% en términos reales.
En segundo lugar, la Regla del Tamaño. La Oficina de Análisis Económicos informa que en 1984, el gasto del consumidor norteamericano en productos derivados del petróleo rondaba los 95 billones de dólares; el año pasado, gastamos 203 billones de dólares. Pero en 1984, los ingresos del consumidor fueron de 2,3 trillones de dólares; en el 2004, fueron de 6,7 trillones de dólares. Así que, muy sencillo, gastamos dos veces más en petróleo, pero nuestros ingresos son tres veces mayores. Asimismo, con ingresos muy superiores, cubrimos nuestras necesidades básicas con mayor facilidad, así que tenemos efectivo suficiente para pagar precios del petróleo más altos.
Pagar más por el petróleo, sin embargo, es un tipo de impuesto, y, como por arte de magia, ése impuesto se incrementará en el 2005 por encima del 2004. En algún momento, los precios del petróleo perjudicarán en serio. Pero mi vaticinio es que, a través del libre mercado, la eficiencia y el suministro se incrementarán, y los niveles del precio se estancarán o incluso se reducirán, antes de que eso ocurra.
De nuevo, piensa a lo grande. A pesar del terrorismo, la guerra y una burbuja tecnológica devastadora, la economía norteamericana se ha desenvuelto excepcionalmente bien hasta la fecha en este siglo. Si permitimos a los mercados operar con intervenciones gubernamentales mínimas y reflejar la imaginación humana, ese progreso sólo puede continuar.
Fuente: TechCentralStation