Economía y Sociedad, Política

La piratería amenaza a la prosperidad

“Brasil está intentando entrar en un sector novedoso potencialmente lucrativo – las farmacéuticas – sin tener que gastar dinero en investigación y desarrollo. Casi con total certeza, los brasileños estarán mirando más allá de su propio mercado para vender a las naciones en desarrollo de todo el mundo las medicaciones copiadas. La gran pregunta es, ¿dónde está el gobierno norteamericano? Es un secreto a voces que el futuro de la economía norteamericana descansa en la innovación”.

Políticas Públicas

 


El secretario de comercio norteamericano, Carlos Gutiérrez, realizó el mes pasado una visita ritual a un supermercado de Beijing repleto de versiones falsificadas y pirateadas de “Star Wars” y “Seinfeld”, junto con falsificaciones de cazadoras North Face, de bolsas de golf Calloway y de maletas Samsonite.


 


“Nos gustaría ver mayor orden”, dijo. “Ha llegado el momento de ver resultados”.


 


Ciertamente, la apropiación de bienes de consumo etiquetados, registrados y patentados es problemática. Pero colocar a los tipos de los bolsos Kate Spade en importancia junto a una falsificación de propiedad intelectual (IP) es un acto de negación que la Administración Bush está ignorando en gran medida.


 


Esa falsificación es el trabajo del miembro más pequeño — y más agresivo — junto con China o la India, de lo que se llama “el eje del mal de la IP”: Brasil.


 


A comienzos de este año, Brasil amenazó con incautar la patente de una medicación para el SIDA desarrollada y fabricada por una compañía norteamericana, a menos que la firma, Abbott Labs, acordara recortar el precio aún más. En aquel momento, Reuters citaba a un funcionario de comercio norteamericano diciendo, “Estamos monitorizando este suceso reciente de cerca”.


 


Monitorizando, sí. Haciendo algo al respecto, no.


 


Hace algunas semanas, Abbott tuvo que claudicar. Ahora, Brasil ha puesto sus miras en otras dos compañías norteamericanas que fabrican medicaciones para el SIDA, Merck y Gilead Sciences.


 


Ni pensar que Brasil esté actuando por motivos humanitarios. Las tres medicaciones llevan disponibles por parte de las compañías para el ministerio de salud de Brasil a un descuento del 90%, con cerca de un dólar la dosis, según un artículo reciente del San Francisco Chronicle de Robert Shapiro, un ex subsecretario de comercio de la Administración Clinton que está enfurecido por el comportamiento de Brasil. Brasil gasta solamente 169 millones de dólares al año en todas las medicaciones para tratar a los pacientes de SIDA, o casi la décima parte del uno por ciento del presupuesto de su gobierno.


 


Y nada de confundir a Brasil con Zambia. Es la undécima mayor economía del mundo, con industrias petroquímicas, acereras y aeronáuticas vibrantes, y un producto interior bruto que es un 50% mayor, en términos de poder adquisitivo, que el de España, y casi tan grande como el de Francia.


 


Brasil está intentando entrar en un sector novedoso potencialmente lucrativo – las farmacéuticas – sin tener que gastar dinero en investigación y desarrollo. Casi con total certeza, los brasileños estarán mirando más allá de su propio mercado para vender a las naciones en desarrollo de todo el mundo las medicaciones copiadas.


 


La gran pregunta es, ¿dónde está el gobierno norteamericano? Es un secreto a voces que el futuro de la economía norteamericana descansa en la innovación.


 


Tales invenciones — o ideas simplemente — exigen una protección legal feroz, que, como señala Pat Choate en su excelente libro nuevo, “Hot Property: The Stealing of Ideas in an Age of Globalization“, fue elevada a una posición especial por los Fundadores. La aprobación de la IP, en el Artículo I, Sección 8, escribe, representa “El único lugar de la Constitución donde la palabra ´derecho´ es utilizada explícitamente”.


 


Los funcionarios norteamericanos tienen enormes motivos y oportunidades de detener a Brasil. Pueden comenzar revocando la posición comercial preferencial bajo el Generalized System of Preferences, que actualmente permite que 2,5 billones de dólares en exportaciones brasileñas entren en Estados Unidos sin aranceles aduaneros. En su lugar, Brasil recibe la aprobación — a pesar del hecho de que, como señala mi colega del American Enterprise Institute Desmond Lachman, el país es “de lejos, el mayor violador de derechos de la propiedad del hemisferio occidental, con diferencia”.


 


La piratería del copyright alcanzado en Brasil el año pasado los 785 millones de dólares. Virtualmente todos los audiocassette vendidos en el país, escribe Choate, son copiados.


 


Así que dónde está Rob Portman, nuestro nuevo Representante de Comercio norteamericano. ¿Dónde está Condolizza Rice, cuyo secretario de estado en funciones, Bob Zoellick, conoce el comercio como la palma de su mano? ¿Y dónde está Gutiérrez cuando no está preocupado por los bolsos falsificados?


 


Ninguna nación ha hecho más por combatir la plaga del SIDA que Estados Unidos. Nuestras compañías desarrollaron la mayor parte de las medicaciones antirretrovirales clave que han evitado que el VIH se convierta en una sentencia de muerte, y nuestro presidente ha comprometido 15 billones de dólares en ayuda a los países más pobres para luchar contra la enfermedad.


 


Como escribe Shapiro, “Los derechos de la propiedad intelectual no son una forma de ayuda exterior”. Categóricamente. No podemos permitir que otras naciones roben — o extorsionen a nuestras compañías para que abandonen — sus activos IP.


 


La propia intelectual — en la forma de formulaciones de medicinas, software, procesos financieros, entretenimiento, hasta diseño de complementos — es la piedra angular de nuestra prosperidad. Dejar indefensos los IP en naciones como Brasil es arriesgar el futuro de América. Ponedle fin ya.

James Glassman es editor en jefe de Tech Central Sation.

Fuente: TechCentralStation

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