Pensamiento y Cultura, Política

Los americanos no deberían temer a China

“¿Por qué la nación más fuerte del mundo — un país con una economía mayor que sus cinco competidores inmediatos combinados — tiene miedo a la toma de una pequeña firma norteamericana completamente insignificante?¿Pérdida de voluntad, falta de confianza, ignorancia? En realidad no estoy seguro, pero el daño está hecho”.

Globalización

 


 


Felicidades, Presidente del Comité de Servicios Armados Duncan Hunter (Republicano – Caf), Lou Dobbs de CNN, Senador Byron Dorgan (Demócrata-ND) del caucus aislacionista Midwest, y todos los demás miembros del grupo hostil a lo extranjero.


 


Al engañar y atemorizar al público norteamericano, habéis logrado levantar suficientes obstáculos como para forzar a la petrolera china CNOOC a retirar su oferta la semana pasada por una pequeña compañía petrolera radicada en Estados Unidos llamada Unocal.


 


¿Por qué la nación más fuerte del mundo — un país con una economía mayor que sus cinco competidores inmediatos combinados — tiene miedo a la toma de una pequeña firma norteamericana completamente insignificante?


 


¿Pérdida de voluntad, falta de confianza, ignorancia? En realidad no estoy seguro, pero el daño está hecho. El gran perdedor es el pueblo norteamericano, quien, si continúa la tendencia, afrontará seguramente precios más altos, tipos de interés más altos y una economía menos dinámica.


 


Los únicos ganadores son los accionistas de la CNOOC, cuyas acciones se elevaron rápidamente un 5,5 por ciento ante las noticias de que la oferta había sido rechazada. El motivo es simple: la CNOOC estaba pagando demasiado. En mi opinión, si los chinos querían entregar a los accionistas de Unocal demasiado dinero — al estilo de lo que hicieron los japoneses cuando se lanzaron a comprar en el mercado inmobiliario norteamericano en los 80 — deberíamos haber dicho con entusiasmo, “¡Sí, adelante!”


 


En lugar de eso, nos escondimos en nuestro bunker.


 


Unocal apenas produjo en el 2004 70.000 barriles de petróleo al día. Eso es menos del 1% del consumo norteamericano, y menos del 1% del 1% del consumo mundial. Solamente un tercio de las reservas de Unocal — y ninguna de sus refinerías — se encuentra en Estados Unidos.


 


Incluso si la CNOOC hubiera decidido entregar todo el petróleo y el gas norteamericano a China — una propuesta absurda cuando existe un mercado para ello ahí fuera — la pérdida de suministro norteamericano sería trivial. El suministro global no la notaría. El petróleo de la CNOOC, en este caso improbable, cubriría, digamos, Shanghai, teniendo en cuenta el petróleo actualmente adquirido desde otros países. Mientras tanto, Estados Unidos, privado del petróleo de Unocal, adquiriría el suministro restante de cualquiera de las docenas de proveedores de todo el mundo. Los precios no se verían afectados.


 


¿Cómo perjudica a la economía norteamericana este desvarío de la CNOOC? Cualquier interrupción comercial — en bienes, servicios, gente o capital — incrementa obligatoriamente los costes y reduce el crecimiento económico. Esa fue la lección de Adam Smith en 1776, y se cumple aún hoy.


 


Pero hay un problema específico para Estados Unidos cuando disuadimos a las compañías extranjeras de que adquieran nuestros activos corporativos.


 


En su nuevo libro “El futuro de los inversores”, Jeremy Siegel, de la Wharton School, examina la cambiante demografía norteamericana — nuestra falta de mano de obra que apoye a los jubilados — y concluye que será imposible que el estándar de vida norteamericano se eleve a expensas del trabajador nacional en exclusiva.


 


Su solución es que durante este periodo de desequilibrio demográfico, Estados Unidos necesita vender activos a las naciones en desarrollo, que disponen de una creciente población de empleados con educación. Este fenómeno ya está ocurriendo, por supuesto, con ciertos activos financieros — léase bonos del Tesoro. Pero Siegel escribe que los países asiáticos de rápido crecimiento, especialmente China, cambiarán de bonos a acciones “y evitarán que los precios de la manutención se hundan una vez que todos los del baby boom se jubilen”.


 


En pocas palabras, necesitamos que China compre, no sólo nuestros bienes, sino lo que es más importante, partes de nuestras empresas. Eso elevará las acciones, una repercusión para la mayoría de los norteamericanos. Actualmente, las inversiones de China en las empresas occidentales son reducidas. Mientras tanto, la inversión norteamericana en China está creciendo. Tómese por ejemplo a las compañías petroleras chinas. Berkshire Hathaway, la compañía de Warren Buffett, tiene un octavo de PetroChina. ExxonMobil posee un quinto de Sinopec. Esas dos firmas, además de la CNOOC, han lanzado Ofertas Públicas Iniciales con éxito en Estados Unidos, vendiendo acciones a inversores norteamericanos.


 


China se encamina a terminar con la propiedad estatal de las empresas y las partes de empresas, pero necesita moverse más rápido. Es un desperdicio que el gobierno asigne capital, sustituyendo las decisiones políticas por elecciones empresariales.


 


En realidad, eso es lo que han hecho los dos países en el caso de la CNOOC. China estaba a punto de pagar demasiado por una petrolera para garantizar recursos que sus compañías podrían adquirir, en el curso normal de los negocios, en el mercado abierto. Mientras tanto, los políticos norteamericanos sustituyeron su juicio histérico y errático por el de los inversores y gestores.


 


Ciertamente, el Congreso acierta al detener ciertas ventas. No deberíamos vender Lockheed, por ejemplo, a los iraníes — o a los chinos, a esos efectos. ¿Pero Unocal? ¡Qué patético, infantil y cobarde! Este no es comportamiento para una nación valiente fundada en la libertad económica y política.


 


Las compras chinas de compañías norteamericanas — Respuesta de Posner a los comentarios


 


Muchos comentarios imaginan escenarios en los que, argumenta el comentarista, la compra exterior de una firma norteamericana perjudicaría a Estados Unidos. Un comentario pregunta si estaría a favor de permitir a Irán adquirir Boeing. La respuesta es “no”, porque Boeing es un contratista de defensa y no se debe permitir a las naciones extranjeras que adquieran compañías que realizan un trabajo de defensa altamente clasificado, a menos que las compañías acuerden desvincular las partes vinculadas a la defensa de sus negocios con firmas norteamericanas. En la misma línea, no creo que Irán suponga en ninguna parte una amenaza a largo plazo mayor para Estados Unidos de lo que lo hace China. China puede hacerse tan poderosa como Estados Unidos en cuestión dedicadas, y tanto China como Estados Unidos son potencias del Pacífico. Irán no es una superpotencia en ciernes, y Estados Unidos e Irán no comparten un océano.


 


Otro comentario sugiere que si China poseyera Unocal podría ordenar exportar toda su producción petrolera norteamericana a China, y entonces tendríamos que comprar más petróleo exterior, y por tanto dependeríamos aún más que ahora de las naciones petroleras extranjeras, muchas de las cuales son inestables u hostiles. Pero si tenemos miedo a nuestra dependencia del petróleo exterior, prohibir las compras exteriores a los productores petroleros norteamericanos es una respuesta extremadamente obtusa en comparación con, por ejemplo, subir los impuestos de las gasolinas, lo cual reduciría la demanda de petróleo, y por extensión, del petróleo importado.


 


Otro comentario afirma que incluso si China tuviera trillones de dólares invertidos en Estados Unidos, esto no impediría que invadiese Taiwán. Bien, ciertamente ¡elevaría el precio de tal invasión para China!


 


Final e ingenuamente, un comentario sugiere que si China hubiera comprado Unocal, habría infiltrados espías en Estados Unidos bajo el aspecto de trabajadores y gestores del petróleo, y también ejercería una influencia política maligna sobre la política gubernamental norteamericana. La primera preocupación puede disiparse, creo; China tiene en relaciones empresariales lo bastante expensas con Estados Unidos ya como para colocar tantos espías en el país como desee, y ciertamente no reemplazaría a más de una pequeña fracción de empleados de Unocal (de darse el caso) con chinos; tampoco le permitiríamos hacerlo.


 


La segunda preocupación tiene más mérito en cierto sentido. Aunque no se permite que los extranjeros hagan contribuciones a las campañas políticas norteamericanas, en los años 90, los chinos hicieron aparentemente algunas contribuciones indirectas, y ciertamente, la gestión media y superior norteamericana de una compañía de propiedad exterior se vería inclinada a hacer contribuciones o a proporcionar otro apoyo a los políticos que favorecieran al país poseedor.
 
Nunca he escuchado tal cosa, no obstante, y soy escéptico ante la posibilidad de que los norteamericanos que trabajasen para una compañía propiedad de una nación como China, con la que Estados Unidos tiene en cierto sentido relaciones tensas, intentaran ayudar a esa nación — o incluso que el directivo encontrase deseable hacerlo. ¡Tal político sería (los aficionados al cine lo reconocerán) un verdadero Candidato de Manchuria!

James Glassman es editor en jefe de Tech Central Sation.

Fuente: TechCentralStation

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