Política

El camino de vuelta a una sociedad libre es siempre difícil

“La vida sin libertad, bajo un régimen comunista, es sólo una mitad de la vida. Seguramente la ciudadanía se acuerda. Han aprendido [la lección] seguramente. ¿Por qué entonces un porcentaje sustancial de la población parece apoyar un retorno al comunismo?”.

Democracia

Participé recientemente en una
conferencia en Praga durante la que fue mi primera visita a un país post
comunista, a excepción de una corta visita a Berlín en 1991, cuando
probablemente era demasiado joven para apreciar completamente lo que podía ver a
mi alrededor.


Praga es una ciudad maravillosa
hoy, uno de los lugares más fascinantes de Europa. Caminando por las calles,
intenté imaginar el aspecto que tendrían esas calles hace unos cuantos años,
cuando el régimen comunista estaba aún en el poder. Esos edificios delicadamente
multicolores no tendrían ese aspecto hace 20 años. Los residentes me contaron
que la ciudad era muy gris. La gente vestía pobre y
tristemente.


La vida sin libertad, bajo un
régimen comunista, es sólo una mitad de la vida. Seguramente la ciudadanía se
acuerda. Han aprendido [la lección] seguramente. ¿Por qué entonces un porcentaje
sustancial de la población parece apoyar un retorno al
comunismo?.


Durante una conversación con Simon
Bilo, ex miembro del Mises Institute
y uno de los organizadores de la conferencia, se me informó de que el
Partido Comunista de la República Checa obtuvo más del 20% de los escaños
totales en las últimas elecciones. Hoy es el segundo mayor partido del país.
Supe que los partidos comunistas de la Europa del este continúan teniendo un
poder fuerte, y disfrutan de algo de apoyo popular.


Aún así, es extraño. Pide a gritos
una explicación. ¿Por qué a algunos les gustaría la esclavitud?. ¿Por qué la
gente apoya aún a los partidos comunistas?.


En Italia, también tenemos un
Partido Comunista. Su extraño nombre es Refundación Comunista (Rifondazione Comunista).
Recibe
típicamente el 6% de

los

votos
. De hecho, la
mayoría de los países tienen partidos comunistas, como Australia, Austria,
Bangladesh, Brasil, Canadá y demás. Hasta Estados Unidos, (dos en
realidad).


Podemos teorizar que la gente vota
a los comunistas de Italia porque la gente no tiene experiencia con el estado
totalitario. La gente busca simplemente fantasías o ideales ignorantes, o tal
vez sigan a algún gurú intelectual. Tal vez los comunistas sean demasiado
jóvenes, o tal vez demasiado mayores, para comprender por completo las
implicaciones de sus votos. Disfrutan de la libertad relativamente mayor de
nuestro país, y votar al comunismo significa rebelión. Si supieran cómo es
realmente el comunismo, cambiarían de opinión.


Esta opinión simplista tuvo que
ser abandonada en Praga. La gente de allí conoce muy bien lo que es el
comunismo. Sufrieron los efectos devastadores de la eliminación de la propiedad
privada en los medios de producción. Significa la cancelación de todas las
libertades. Durante 40 años, vivieron inmersos en una pesadilla y acaban de
despertar.


Así que, ¿por qué más del 20% de
todos los checos aún creen en ello?. ¿Cuál es la fuerza motriz de los votos a
los partidos comunistas tanto en los países excomunistas como en los
otros?.


Responsibilidad


Existen muchas explicaciones
posibles, pero la que encuentro más probable es que algunas personas, en virtud
de haber sido socializadas bajo condiciones estatistas, no se sienten atraídas
por la responsabilidad que se deriva de la idea de
libertad.


Creer en los derechos de la
propiedad privada y en una sociedad libre significa hacer un llamamiento mayor a
la responsabilidad: lo que la sociedad debe hacer, debes hacerlo por tí,
o mediante otros en cooperación contigo, pero no por el colectivo. La obligación
recae en los individuos, y cualquiera es responsabilizado de sus acciones. Si
cometes un error, pagas. Si tienes éxito, obtienes el beneficio y eres libre
para elegir qué hacer con él.


En contraste, la ampliación del
estado siempre significa un ataque a la responsabilidad. Bajo un régimen
comunista, la propia responsabilidad se elimina. Cuanto más se entromete el
gobierno en las vidas de los ciudadanos, menos siente la gente la sensación de
responsabilidad por sus acciones. Los burócratas no tienen la responsabilidad
completa de sus acciones típicamente. Los políticos, los banqueros centrales y
los jueces no pagan por sus errores. Experimentan una especie de inmunidad [que
les impide] tener la culpa de las consecuencias de sus acciones durante el
tiempo que están en el poder.


Lo mismo se cumple para los
funcionarios policiales, cirujanos públicos, profesores de escuela pública, etc.
Todos los errores cometidos por empleados públicos son pagados a menudo por
otros. La factura la pagan los contribuyentes, los que son enviados a la cárcel
por error, los asesinados en hospitales públicos, los ciudadanos iraquíes, etc.
Ni siquiera la gente que recibe salarios privados es completamente responsable
bajo el Estado. Bajo las redes de seguridad más y más grandes creadas por el
estado, las firmas dependen más y más de la ayuda pública para sobrevivir. Las
grandes compañías piden subsidios, tarifas sobre las importaciones, y toda
suerte de ayudas. Los bancos y las industrias grandes como las aerolíneas
esperan ser declaradas “demasiado grandes para fracasar”.


Los individuos también son cada
vez menos responsables. En Europa, mucha gente crece con la idea de que el
Estado les debe algo: empleo, salud, educación gratuita, vacaciones, felicidad y
liberación del abandono. Se lleva a la gente a creer que el Estado siempre se
preocupará de sus problemas, y afrontará sus problemas comunitarios. Se hace a
la gente creer que [ante] lo que quiera que les pase (pérdida de su empleo,
ponerse enfermos, deprimirse) el Estado siempre estará allí para
ayudar.


El perverso resultado de todo esto
es que los ciudadanos ya no ostentan la total responsabilidad de sus acciones.
Todo esto puede explicarse mediante el concepto de peligro moral. El mecanismo
funciona como sigue: por una parte, la responsabilidad de los empleados públicos
es transferida a cualquiera que se vea afectado por sus errores (entre éstos,
los contribuyentes); por otra parte, los contribuyentes también exigen un cambio
de su responsabilidad al Estado. Considerando los impuestos que pagan, deberían
obtener algo a cambio, ¿no?.


Todo lo que he descrito hasta
ahora se encuentra en los fundamentos de un estado democrático. Imaginemos ahora
la situación bajo un régimen comunista. En este caso, no tenemos una traslación
de la responsabilidad de unos sujetos a otros sujetos. La responsabilidad
simplemente es abolida. No hay propiedad privada, y en consecuencia todo depende
del Estado. Ningún individuo es responsable de nada.


Cuando las instituciones
democráticas o comunistas llevan establecidas varias décadas, el camino de
vuelta a la libertad es muy difícil. La gente se acostumbra a las redes de
seguridad y traslación de la responsabilidad. El proceso de transición tiene que
ser muy difícil. No conocemos como sería la transición de sociedades
parcialmente responsables (bajo regímenes democráticos) a sociedades
completamente responsables (libertarianismo). Esto nunca ha sucedido
antes.


Pero los países de Europa del este
han experimentado en los últimos años la transición de sociedades irresponsables
(bajo regímenes comunistas) a parcialmente responsables (bajo regímenes
democráticos). De estas transiciones, hemos aprendido que la gente no puede
aprender a ser responsable de la noche a la mañana. Cuanto más pierde contacto
una sociedad con los mecanismos de causa y efecto, más va a exigir que se
traslade la culpa. Esta demanda puede cobrar la forma de votos a los Partidos
Comunistas.


No siempre es fácil acostumbrarse
a la libertad una vez que la gente se ha acostumbrado a la esclavitud. Recuerdo
una película (no puedo recordar el nombre) acerca de gente que había sido
liberada de prisión tras 40 años. Su reintroducción en el mundo libre, donde la
gente espera que seas responsable de lo que haces, no fue fácil. Igualmente,
cuando has vivido durante 40 años bajo el comunismo, el camino de retorno es
tremendamente difícil.


El camino de vuelta de la
democracia a una sociedad libre es igualmente difícil.


Argumentar que una sociedad libre
es una sociedad más próspera ya no es decisivo. Mucha gente argumenta hoy que
prosperidad no es lo mismo que felicidad, y así entra en cuestión la defensa de
ello. Es ciertamente correcto que más y más personas de las sociedades
occidentales sufren problemas tales como depresiones o diversas formas de
enfermedades mentales, como desórdenes de la alimentación (anorexia y bulimia),
etc. No tengo datos para demostrarlo, pero probablemente se cumpla que el
porcentaje de gente que sufre de depresión en Estados Unidos, en Suecia o en
Italia es más alto que la tasa en Nigeria o La India.


En realidad, puede no ser
prosperidad tanto como dependencia proporcionada por el estado lo que promueve
la depresión. La mayoría de la gente de los países occidentales nació siendo
relativamente rica. Fue a la escuela hasta que tuvieron 18 años sin necesidad de
trabajar; después de eso, probablemente fueron a la universidad y se graduaron,
gracias al dinero gubernamental. Quizá encontraron empleo (logrando finalmente
el control total de sus vidas) a los 25- 26 años. Es bien sabido que en Italia,
la gente tiende a vivir con sus padres más tiempo, retrasando el momento en que
toman el control de sus vidas. Si no necesitas hacerte cargo de tí mismo hasta
que cumples los 25, entonces es difícil romper el hábito de la
dependencia.


Asimismo, los individuos que
nacieron en familias ricas carecen de la apreciación completa de las
dificultades de la creación de riqueza. Cuanto más viejos se hacen, más sienten
el peso de no ser responsables de su riqueza. Cuanto más ricos son los padres, y
cuanto más se benefician los propios ricos del tamaño del gobierno, menos están
en posición de transmitir a sus hijos la necesidad de ser responsables de sí
mismos. Éste es un problema que los países pobres sienten en un grado
menor.


Al transferir la responsabilidad
de nuestras acciones de nosotros y prolongar el periodo de dependencia de la
vida, el estado intervencionista democrático limita nuestra capacidad de ser
felices. La mayoría de la gente pasa completamente por alto estos mecanismos.
Pero nos vemos afectados por ellos. En los países socialdemócratas, la gente se
frustra porque ya no disfrutan de una vida de la que tengan el control
completamente. Trabajan para dar la mitad de sus ingresos al Estado para
satisfacer los deseos de alguien más y para pagar por los errores de alguien
más; al mismo tiempo, piden que sus propios deseos sean satisfechos por otros, y
que sus propios errores sean pagados por otros. Esta condición frustrante se
encuentra entre los motivos por los que la depresión aparece en más y más países
en los que el Estado ostenta papeles importantes.


Así es como el propio estado crea
las condiciones psicológicas que hacen que una cierta parte de la población
imagine un mundo en el que el estado lo hace todo, se preocupa de todo, y
mantiene a todo el mundo en un estado permanente de dependencia infantil. Cuanto
más grande es el estado, mas corrompe la mente y la cultura.


Uno puede imaginarse todo lo de la
sociedad bajo el comunismo como una especie de estancia abastecida por mama y
papá, donde todos los bienes y servicios son proporcionados por alguien más,
además de ellos mismos. El comunismo significa nunca tener que dejar el
nido.


Ah, pero aún así, la verdad acerca
del comunismo y la planificación estatal en general es que no llevaba a
seguridad y felicidad – el bendito recuerdo de la vida bajo el cuidado de papá y
mamá – sino a la centralización y el abuso, a un mundo que es gris, estancado, y
carece de cualquier creatividad y belleza, a un mundo que era como Praga en los
días viejos y no como en los gloriosos. Ojalá nunca volvamos [a
ellos].


________________________


Luca Ferrini es ex Mises
Fellow y está doctorando de la Universidad de
París-Dauphine.



Fuente: Mises Institute 

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