Política

El Líbano plantea una solución al choque de civilizaciones

“Beirut puede ser el único lugar en el mundo en donde puedes comprar un collar con una cruz cristiana y una luna creciente musulmana fusionadas. Es un símbolo no oficial de la unidad nacional naciente del Líbano. ¿Qué otro país pensaría siquiera en algo como esto?. Nunca he visto una antes. Pero hoy tengo dos. Tras crecer en los ochenta con un Beirut sectario como el niño de la imagen de zonas urbanas de desastre, había algo que ver realmente.”

Relaciones Internacionales
Volví recientemente de Beirut, El Líbano, en donde pasé un mes cubriendo la
Revolución democrática del Cedro y la retirada de Siria del país tras 30 largos
años de ocupación. Pocos lugares del mundo etiquetan Beirut como [enclave] obligatorio para extranjeros. La ciudad está llena de un extremo a otro de los
hoteles con más clase, los clubs nocturnos más hippy, las barras con más estilo,
los restaurantes de más lujo, los cafés más acogedores, y las mejores zonas de
compras a este lado de Nueva York y París.

Pero la sofisticada e
independiente cultura del Líbano no es lo único que hace un viaje a ese país
tanto atractivo como memorable. Tampoco es el movimiento de naciente democracia
la única noticia esperanzadora. Una de las mejores noticias del Líbano es la de
que casi no recibe cobertura en absoluto — el final del festival de odio
sectario tanto tiempo calentado y un deseo genuino de amistad entre cristianos y
musulmanes.

El Líbano es aproximadamente 40% cristiano y 60% musulmán. Y
desde 1975 hasta 1990, un choque de civilizaciones localizado hizo añicos el
país. Beirut fue tallada de partes orientales y occidentales — Cristianos en un
lado y musulmanes en el otro. Los cristianos lucharon contra los musulmanes. Los
cristianos lucharon contra los cristianos. Los musulmanes lucharon contra los
cristianos, los israelíes, los americanos, y también unos contra otros. Fue una
guerra apocalíptica de todos contra todos, una Yugoslavia de levante.


Puesto que al final de la guerra los libaneses decidieron tolerarse
mutuamente — a excepción, en ocasiones, de Hezboláh, que se ha hecho célebre
por quemar banderas libanesas junto con la israelí y la americana en sus
manifestaciones, hoy muchos libaneses van más allá de la simple tolerancia y
forjan vínculos que traspasan fronteras sectarias.

Me metí en un coche
con Charles, un cristiano maronita que volvió recientemente a casa desde el
exilio en Australia, y Alaa, miembro de la comunidad drusa de la cordillera
Chouf. Me sumé a ellos mientras hacían campaña en diversas aldeas en favor de
elecciones libres en mayo.

“Soy un cristiano de corazón cuando estoy en
mi casa”, dice Charles. “Pero cuando estoy fuera, soy libanés antes de nada.
Durante la guerra, los cristianos y los drusos luchamos entre nosotros. Pero
míranos ahora”. Señaló a Alaa. Alaa continuó por Charles. “Ahora recorremos los
alrededores en el mismo coche para construir un nuevo Líbano”.

Más tarde
me reuní con dos cristianos en el centro de la ciudad — Jean y Emile — y me
pidieron que me uniera [a ellos] para tomar algo. “Solíamos luchar entre
nosotros”, dice Jean mientras mira con recelo a Emile. “Yo estaba con Samir
Geagea”.

“Y yo estaba con Michel Aoun”, dice Emile. “Pero ahora estamos
en la misma mesa”.
“¿Por qué exactamente”, dije, “luchabais?”.
Emile se
encogió de hombros y sacudió su cabeza, pareciendo [estar] ligeramente
desconcertado.
“Mira”, dice. “Si tienes que devanarte los sesos pensando de
qué iba la guerra civil, no te sientas mal. Nadie del Líbano lo entiende
realmente tampoco”.

La guerra civil tuvo sus causas y su lógica estúpida.
Pero no hay duda de que la mayoría de la gente quiere pasar página. Cada credo
del Líbano perdió. Siria fue el ganador. Lo único bueno que salió de la guerra
es una cultura política más madura. No hay mayorías religiosa o étnica. (Los
musulmanes suponen más o menos el 60% de la población, pero se dividen a su vez
entre chi´íes, sunníes y drusos). Todo el mundo es una minoría. Y todos saben
por [propia] experiencia que no pueden tomar el control del país.

Me
entrevisté con un líder estudiantil, Nabil Abú-Charraf, en un café en la misma
calle del parlamento del Líbano. Pertenecía al núcleo central de 200 disidentes
que llevaba años protestando por la ocupación Siria. Hasta [que tras] las
masivas manifestaciones después del asesinato del ex primer ministro Rafik
Hariri, fue arrestado rutinariamente, apaleado y torturado. Hoy tiene fuerza
para dar y tomar.

“Nuestra revolución es acerca de mucho más que
expulsar a Siria del país y establecer una democracia en El Líbano”, me dice.
“También es importante curar viejas heridas. No podemos volver al pasado, a la
guerra civil. Queremos reconstruir nuestro país”. Da golpecitos con el dedo en
su cabeza. “Y eso incluye reconstruir nuestras mentes. El Líbano ha estado tan
dividido. No sólo queremos libertad e independencia, sino también unidad
nacional y una identidad libanesa nueva, moderna, común y tolerante.

“El
movimiento es liderado totalmente por gente joven”, dice. “Tanto cristianos como
musulmanes. Nos quedamos despiertos por la noche trazando estrategias y
conociéndonos. Es sorprendente, pero también es triste. Nosotros, cristianos y
musulmanes, nunca nos conocimos unos a otros hasta hoy. El asesinato de Hariri
rompió esa barrera. Hablamos juntos — hablando realmente y familiarizándonos —
por primera vez.

“Esto tampoco va sobre El Líbano”, dice. “¿Quiere saber
lo que hacemos?. Le diré lo que hacemos. Resolver el choque de
civilizaciones”.

Él quería decir la Guerra contra el Terror, por
supuesto, que — en mi opinión — es más ideológica que religiosa o
civilizacional. Los fanáticos islamistas han asesinado a muchísimos más
musulmanes que los cristianos. Pero no se puede negar un aspecto civilizacional
a una guerra en la que los defensores de un solo Dios de Oriente Medio prometen
derrotar a los “infieles” sólo unos cuantos años después de que los cristianos
ortodoxos de Serbia pasaran por la espada a los musulmanes de Europa en Bosnia y
Kosovo.

Beirut puede ser el único lugar en el mundo en donde puedes
comprar un collar con una cruz cristiana y una luna creciente musulmana
fusionadas. Es un símbolo no oficial de la unidad nacional naciente del Líbano.
¿Qué otro país pensaría siquiera en algo como esto?. Nunca he visto una antes.
Pero hoy tengo dos. Tras crecer en los ochenta con un Beirut sectario como el
niño de la imagen de zonas urbanas de desastre, había algo que ver
realmente.

Fuente: Tech Central Station

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