“Las últimas actuaciones de algunos dirigentes políticos de izquierda, demuestran que tenemos una dirigencia sin principios, sin ética, sin dignidad, que se dejan seducir por las ofertas económicas y la ansiedad de captar espacios de poder, como si con ello ayudaran a solucionar los problemas del país.”
La izquierda en Ecuador
¿Desde cuándo y quiénes son los culpables de la actual crisis política del país?
La crisis tiene sus orígenes desde la colonia, la república y ha logrado
cimentarse en los últimos 25 años de vida “democrática”, una democracia que
lamentablemente sólo ha servido para realizar un lavado permanente de las
inequidades y los actos de corrupción que las elites políticas y económicas han
cometido a nombre del pueblo, para favorecer su patrimonio y así tener bajo su
control el presente y el futuro del país. A nombre de la democracia, las elites
políticas han usufructuado de la riqueza del país, de la mano de obra del
pueblo, se han beneficiado de la deuda externa y la deuda la han endosado a la
gran mayoría de la población ecuatoriana, ¿es esto democracia o es una
demodictadura lo que estamos viviendo?.
La crisis no es más que la suma
de la desgobernabilidad a la que le han sometido la mayoría de gobiernos, que
por lo general, estuvieron y siguen al servicio de los intereses de los grupos
de poder, nacionales y extranjeros, de gobiernos que no supieron tener una
posición soberana frente a las potencias que hacen y deshacen de los países
latinoamericanos. El actual régimen del Coronel Gutiérrez no se escapa de esta
situación, su populismo e incondicionalidad al gobierno estadounidense ponen en
riesgo la soberanía, el patrimonio del país. Unos consideran que el Movimiento
Pachakutik y el movimiento indígena son los causantes del actual desgobierno,
por haber sido convivientes durante varios meses y no haber contribuido a
defender y a poner en orden al actual régimen; otros consideran que los
socialcristianos son los causantes de la crisis, por haber dado las directrices
iniciales del actual régimen. Lo cierto es que todos somos autores y
encubridores, los gobernantes por abusar de la investidura que se les ha
encomendado y nosotros por resignarnos, callar y soportar los constantes abusos
de poder, que el Coronel Gutiérrez ejerce desde la Presidencia de la República,
identificada por el pueblo como la “Rectificadora Gutiérrez”, que en los últimos
meses ha dado muestras de “efectividad”.
Muy pocos, sobretodo los
partidarios del gobierno, consideran que no existe ninguna crisis, que la
estabilidad del país es mejor que en gobiernos anteriores, probablemente, porque
el precio del petróleo es alto y las remesas de los migrantes ayudan a darle
cierta tranquilidad económica al país. ¿Existe realmente estabilidad?, de
existir ¿cómo explicar la violación constante de la Constitución y las leyes del
país?, ¿cómo explicar el atropello que viven las comunidades indias por parte de
las transnacionales que actúan bajo el amparo y apoyo de los militares?, ¿cómo
explicar las acciones planificadas del gobierno por dividir y debilitar al
movimiento indígena?; ¿cómo se explica el alza de los precios de primera
necesidad que se ha incrementado en los últimos meses?, si vamos al mercado
podemos comprobar que el costo de los productos es diferente al costo que tenían
el año anterior. Esta situación afecta y agudiza la institucionalidad del país,
la capacidad adquisitiva de la población ecuatoriana, afectando con ello, la
calidad de vida de los ecuatorianos.
Otra de las causas que alimenta
esta crisis es la falta de ética política de algunos dirigentes de los partidos
de izquierda y centro izquierda que lamentablemente no han sabido defender con
altura y dignidad los postulados básicos de la izquierda que -se supone- velan y
defienden los derechos del pueblo. Su comportamiento, similar a la de los
partidos de derecha, pone en riesgo la esperanza que tiene el pueblo ecuatoriano
en mejorar sus condiciones de vida, en la posibilidad de que se garantice la
dignidad de su población y la distribución equitativa de la riqueza que ésta
genera.
Lamentablemente las últimas actuaciones de algunos dirigentes
políticos de izquierda, demuestran que tenemos una dirigencia sin principios,
sin ética, sin dignidad, que fácilmente se dejan seducir por las ofertas
económicas y la ansiedad de captar espacios de poder, como si con ello ayudaran
a solucionar los problemas estructurales que tiene el país. Una dirigencia que
responde única y exclusivamente a intereses individuales y de grupo, olvidándose
de las reivindicaciones de la mayoría del pueblo ecuatoriano. ¿Qué tan
estratégico puede resultar, aliarse con la derecha o el gobierno a cambio de un
espacio de poder, cuando las causas de la crisis fueron generadas precisamente
por quienes hoy, aparecen como sus aliados?. Tener una posición digna e
independiente de los dos polos de la corrupción hubiese contribuido a mantener
viva la confianza del pueblo en los movimientos de izquierda, en sus dirigentes,
en sus propuestas.
A esto se suma la incapacidad de la izquierda en
consolidarse como un solo frente, en un frente que no implique renunciar a sus
particularidades, pero que tenga la capacidad de fusionar propuestas, de
direccionar un proyecto político sólido que enfrente con solvencia las
pretensiones de la derecha y el populismo, su debilidad facilita y contribuye a
que gobiernos mediocres como el que tenemos se “consoliden”, y abusen del poder
de acuerdo a sus conveniencias; facilita las pretensiones de gobiernos como el
estadounidense, que prefiere tener un gobierno manipulable, que obedezca sus
mandatos y facilite el camino para imponer el Tratado de Libre Comercio, el
Alca, Plan Colombia, Plan Patriota, el control de los recursos naturales,
etc.
La dirigencia de los movimientos de izquierda por obra y gracia de
sus propias acciones, de sus errores y ambiciones personales, están poniendo en
riesgo su credibilidad; están desbaratando la posibilidad de hacer de la
izquierda la principal fuerza política que promueva el cambio en beneficio de
las mayorías; están contribuyendo a que las posiciones de derecha o de centro
ganen terreno y se consoliden, con lo cual las posibilidades de superar estas
falsas democracias quedan marginadas y lamentablemente se hipoteca el presente y
el futuro de los ecuatorianos.
El ejercicio de una ética política
elevada, la toma de conciencia de los problemas que enfrentamos, la unidad que
debe reinar en el pueblo, son los pilares fundamentales de un verdadero cambio,
de lograrlo, las elites políticas tradicionales, las fuerzas nacionales y
extranjeras no podrían descansar en paz y el país podría iniciar una larga
marcha hacia un verdadero cambio, un cambio necesario y urgente, para evitar que
el pueblo comience a morirse por inanición o decepción.
Fuente: El Comercio (Ecuador)
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