“La izquierda política ha tenido durante décadas el monopolio de la definición de los problemas de África. La pobreza y la miseria de allí eran culpa del capitalismo, las compañías multinacionales, la falta de ayuda exterior y de una distribución desigual de los recursos del mundo.
En la práctica existe una diferencia significativa en el nivel de vida entre los países occidentales y África.”
Desarrollo
La economía combinada de los 48 países del África Sub-Sahariana es menor que las
economías de seis estados norteamericanos combinadas (California, Florida,
Illinois, Nueva York, Pennsylvania, y Tejas). Sin embargo, esta diferencia no se
debe a la desigual distribución de los recursos del mundo, sino a que la
producción de bienes y servicios es muy superior en los países industrializados.
Un mito socialista común es que el alto estándar de vida americano dependería de
la explotación de África.
¿Cómo podría ser éste el caso, cuando
solamente el 0,4 por ciento de la economía norteamericana se basa en el comercio
con todos los países africanos?.
“No es la cultura lo que ha evitado que
África crezca, sino las políticas que los gobiernos han inflingido sobre sus
propios pueblos. Con buenas políticas, no hay nada en la cultura africana que
evite que estas naciones ingresaran en cifras crecientes en las naciones
económicamente avanzadas del mundo”.
– Gary Becker. Capital humano y
pobreza, religión y libertad 1998.
La pobreza de África no se debe a
la explotación por parte de Nike, McDonalds o Microsoft, sino que en su lugar se
debe a que es el continente en el que las compañías multinacionales son las
menos activas, y a que es el [continente] menos capitalista. Por encima de todo,
la región del sur del Sahara lleva dominada por el proteccionismo, la extensa
interferencia del gobierno y la indiferencia ante los mecanismos de mercado
desde su liberación en los sesenta y setenta. Varios países, como Somalia,
Benin, Etiopía, Angola o Mozambique, fueron estados comunistas
marxistas-leninistas clásicos durante muchos años. Otros optaron por el presunto
“socialismo africano”, siendo probablemente el ejemplo más típico Tanzania. Casi
todos los estados de la región recurren a aranceles externos y a otras
restricciones sobre las importaciones, lo que perjudica el comercio con
compañías multinacionales, así como el comercio intrarregional.
“Por
ley, toda la tierra etíope es poseída por el estado. Los granjeros son reacios a
invertir en mejorar la productividad cuando carecen de título de propiedad sobre
la tierra que labran. Tampoco pueden utilizar la tierra como aval para solicitar
crédito. Y están tan lastrados fiscalmente que raramente tienen algún beneficio
de sobra para invertir”.
– The Economist, “La gente no es ganado”,
17 de julio de 2004.
La historia ha demostrado que la ayuda exterior
no es la solución a los problemas de África. La asistencia total al desarrollo
desde ultramar que fue al África sub-Sahariana entre 1984-2002 alcanzó los 319
billones de dólares. Esto corresponde a aproximadamente el 80% del PIB total de
la región en el 2002. A pesar de esta relativamente grande inversión en el
desarrollo, 23 países de la región experimentaron crecimiento anual negativo
entre 1980 y el 2002, mientras que solamente tres lograron crecer por encima del
4%. Durante este período, el PIB per cápita en el África sub-Sahariana cayó de
660 dólares a 577 dólares (en términos constantes). La ayuda exterior fomenta la
dependencia, la corrupción, deprime la economía y [fomenta] el desperdicio del
gobierno.
El verdadero problema de África es la ausencia de inversión
privada. Según la OCDE, el flujo de capital privado a países en desarrollo entre
1990-97 superó los 600 billones de dólares. Sin embargo, solamente 10 billones
de dólares de esta cifra fueron a parar al África sub-Sahariana, de los cuales 9
billones fueron a Sudáfrica.
África es pobre porque la mayoría de los
países de la región carecen de los elementos fundamentales de un sistema
capitalista: derecho de propiedad, libre mercado, libre comercio y gobierno de
la ley. Los africanos son como todo el mundo, y las ideas que no funcionaron en
China Corea del norte o la Unión Soviética, tampoco van a funcionar en África.
La culpa de la presente situación de África no se encuentra en los capitalistas.
Se encuentra en los políticos corruptos, que han implementado pésimas políticas
económicas, junto con los intelectuales izquierdistas que convencieron a los
políticos africanos de implementar políticas económicas anti-capitalistas.
Occidente también es responsable, al levantar barreras comerciales. Es irónico
que los movimientos anti-globalización se opongan frecuentemente a abolir los
aranceles y los cupos de importación.
“Todos los consejeros especiales en
países subdesarrollados que se han tomado la molestia y el tiempo de conocer por
sí mismos los problemas, sin importar quiénes eran…. todos recomiendan la
planificación central como primera condición de progreso”.
– Gunnar
Myrdal, socialista sueco ganador del premio Nobel de economía en 1974.
Los pensadores libertarios y conservadores deben centrarse más en
el debate de los problemas de África y su futuro. Los habitantes del continente
más pobre del mundo son los que más necesitan libertad política y económica.
Además, muchos seguidores de la izquierda política basan su ideología en la idea
de que el capitalismo ha empobrecido a África, y que el socialismo es la
solución a los problemas del continente. Si se demuestra que están equivocados,
podrían desear reconsiderar su apoyo al socialismo.
Fuente:
Tech Central Station
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR