Política

En la ONU coexisten miembros de primera y segunda clase

En la Organización de las Naciones Unidas coexisten, hasta nuestros días, dos clases de Miembros, los de primera clase, que apenas son cinco: Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido; estos Estados tienen asiento permanente en el Consejo de Seguridad; el resto, la abrumadora mayoría de 186 Estados, son los de segunda clase.

Luis Moreno
Las potencias ganadoras de la segunda guerra mundial resolvieron repartirse el
botín, condenar a los vencidos, exculparse de sus crímenes y, además,
garantizarse el disfrute permanente de privilegios, mediante la creación de una
Organización, hecha a su medida, cuyas siglas son la ONU; en su Carta aún se
conserva el término de “Estados Enemigos”, en clara referencia a Japón, Alemania
e Italia, todos ellos miembros actuales.

En la Organización de las
Naciones Unidas coexisten, hasta nuestros días, dos clases de Miembros, los de
primera clase, que apenas son cinco: Estados Unidos, China, Rusia, Francia y
Reino Unido; estos Estados tienen asiento permanente en el Consejo de Seguridad;
el resto, la abrumadora mayoría de 186 Estados, son los de segunda clase, que
deben conseguir esforzadamente apoyos regionales para ocupar ocasionalmente unos
de los diez puestos de miembros no permanentes, por el término efímero de dos
años.

Los Miembros Permanentes ostentan, por añadidura, el poder del
Veto, esto es, el poder omnímodo para dejar sin valor alguno cualquier proyecto
de Resolución que no se encuadre con sus intereses o con su particular manera de
enfocar los conflictos internacionales, aún cuando la Resolución cuente con el
apoyo de los 14 miembros restantes del Consejo de Seguridad.

Luego de
sesenta años de vigencia de la Carta de la ONU, hay un sentir generalizado en
todos los pueblos del mundo de que es llegado el momento de introducir profundos
cambios, para eliminar intolerables y gratuitas gracias o ventajas, que en nada
han contribuido a la paz universal.

Paradójicamente, algunos gobiernos
se encuentran empeñados, a contrapelo, en acceder a los privilegios,
aprovechando los vientos de reformas, afanados por engrosar el reducido número
de Miembros Permanentes del Consejo de Seguridad, bajo el burdo argumento de que
con ello se democratiza la ONU.

A más de Alemania, Japón y la India,
también Brasil reclama un puesto permanente en el Consejo de Seguridad,
blandiendo la representatividad de América del Sur y alimentando la falsa
ilusión de que, de esa manera, ganan todos los demás Estados de la región.


El improvisado gobierno ecuatoriano del coronel retirado, sin la menor
idea de política exterior, se apresuró a ofrecer respaldo a las pretensiones del
Brasil, cuyo gobierno intentó apuntalar al impopular y corrupto gobierno de
Lucio, ofreciéndose de mediador en un pleito doméstico que no tenía partes, pues
todo el pueblo ecuatoriano había decidido cancelar el mandato presidencial, sin
necesidad de disposición constitucional alguna, pues se trata de un derecho
soberano, consubstancial e irrenunciable.

Más tarde, huido el coronel,
Brasil pagó el favor recibiéndolo como asilado y con el anuncio complementario
de que no lo devolvería, aún cuando la Corte Suprema de Justicia le sentencie
por delitos comunes; Brasil, refugio de dictadores sudamericanos caídos en
desgracia, expresaría así su reconocimiento también por el jugoso contrato de la
construcción de un aeropuerto internacional en el lugar menos indicado, dentro
de las prioridades nacionales, a menos que esté destinado a servir de segunda
base militar norteamericana.

La tesis oficial del Ecuador, sobre las
anunciadas reformas del Consejo de Seguridad de la ONU, debe apuntar a eliminar
ventajismos anacrónicos; si esto no es posible, en las actuales circunstancias,
al menos debe trabajar por reducirlas; sería una torpeza contribuir a que se
encaramen nuevos Miembros de Primera Clase.

Fuente: El Colombiano

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú