Nadie se atreve a trazar el escenario que quedará después de las dos elecciones previstas para este año.
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Sábado, 10 de octubre 2026

Nadie se atreve a trazar el escenario que quedará después de las dos elecciones previstas para este año.
Las del 27 de septiembre en Catalunya no son normales si se tiene en cuenta la singularidad de la lista impulsada por Artur Mas pero que estará encabezada por Raül Romeva, hasta hace bien poco diputado de ICV en Europa durante dos legislaturas. Los partidos independentistas, CDC y ERC, colocarán a sus líderes en el puesto cuarto y quinto respectivamente. Cerrará la lista el entrenador del Bayern, Pep Guardiola, icono del barcelonismo y galardonado con la Medalla de Honor del Parlament de Catalunya en la categoría de oro.
La lista no es de ningún partido. Ni siquiera del que supuestamente presidiría la Generalitat en caso de que tuviera mayoría en el Parlament. Es Junts pel Sí, una manera de crear un espacio híbrido en el que caben desde Carme Forcadell a Pep Guardiola. No es una lista de personas sino de voluntades, dijo Romeva en la tarde del lunes tórrido en la azotea del Museu d’Història de Catalunya. No habrá marcha atrás y si el Estado bloquea el proceso, procederemos a la declaración de independencia, dijo el hasta hace poco eurodiputado por ICV.
La cosa va en serio y en todo caso la culminación del proceso no llegaría hasta que se dieran los pasos que Raül Romeva anunció como si se tratara de unas oposiciones a cátedra. Se va a hacer bien y rápido, dijo, tanto el diseño de las estructuras de Estado como la desconexión efectiva de España. Habló también de una mayoría suficiente y necesaria. ¿Menos de los dos tercios que prevé el vigente Estatut para hacer una reforma?
Ayer por la mañana Romeva aseguraba que abandonaría el Parlament si no lograba una mayoría el 27 de septiembre. El discurso del independentismo es claramente rupturista, un todo o nada, un romper con España aunque sea con un diputado o unos miles de votos más.
El hecho cierto es que cada vez que se han abierto las urnas desde el 2012 el partido liderado por Artur Mas ha ido perdiendo representatividad política. La caída de Barcelona en manos de la franquicia de Podemos, liderada por Ada Colau, es un aviso de que hay otras fuerzas, desde la izquierda y la derecha, que van pescando votos en el caladero de lo que un día fue la hegemónica CiU.
A esta lista de notables soberanistas habrá que añadir otra lista unitaria de las izquierdas en las que figurarán la vieja Iniciativa representada por Joan Coscubiela, Joan Herrera y Dolors Camats y el movimiento de Pablo Iglesias que se adaptará al nombre que convenga a la manera de la franquicia de Barcelona en Comú y que, si hace falta, se declarará soberanista pero desde la izquierda.
Se perfilan, por lo tanto, dos listas unitarias, la nacional independentista y la formada por movimientos de protesta que se enmarcan en la izquierda. Las dos tienen un cierto carácter amorfo.
Pero las fuerzas en presencia no acaban con las dos listas unitarias. Hay que tener en cuenta la CUP que, a pesar de los abrazos entre Artur Mas y David Fernàndez, hizo un brusco movimiento la semana pasada para que Mas no constara en ninguna lista, para apartarle del proceso. A pesar de ello, es probable que la CUP se uniera a la independencia con las debidas exigencias.
Hay más. Unió Democràtica de Catalunya, de la mano de Duran Lleida y Ramon Espadaler, intentará recoger los restos del naufragio de CiU y entrar en el Parlament. No hay que olvidar tampoco que Ciutadans es ahora la tercera fuerza en Barcelona y querrá revalidar los resultados con un discurso combativo con el soberanismo. El PSC de Miquel Iceta crece en las encuestas y puede recuperar parte de lo que fue si Pedro Sánchez es serio en la reforma de la Constitución. El PP de Alicia Sánchez-Camacho también existe pero no hay que descartar que su liderazgo pase a mejor vida a juzgar por los últimos resultados. ¿Quién ganará? ¿Y por cuánto? ¿Serán firmes las alianzas?
Ante este cuadro diverso y plural, con listas unitarias y solitarias, con los intereses sociológicos de la derecha y la izquierda en juego, hay el poder del Estado con el que habrá que contar. El solemne y festivo acto del lunes me pareció un acto fruto de académicos que trabajan en un laboratorio de ciencia política.
El Estado, con todas sus ramificaciones, con este gobierno o los que vengan, va a actuar si desde Catalunya se produce la llamada desconexión, un corte unilateral.
Es hora de la responsabilidad de todos. Mariano Rajoy amenaza con la Constitución y las leyes. No es eso. Hay un problema y hay que sentarse, hablar, responder con propuestas a las ambiciones de una parte de la sociedad catalana que ha decidido romper con España. Si ninguno de los dos actores frena a tiempo habrá confrontación institucional. Con tensiones y víctimas políticas. Europa y el mundo estarán, de momento, de parte del Estado.
Publicado en La Vanguardia el 22 de julio de 2015
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