Todas las elecciones son las más importantes de la historia. Esto se dice siempre. Pero esta vez es cierto. Luego vendrán otras elecciones decisivas y otras y otras. También serán las más importantes.
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Sábado, 10 de octubre 2026

Todas las elecciones son las más importantes de la historia. Esto se dice siempre. Pero esta vez es cierto. Luego vendrán otras elecciones decisivas y otras y otras. También serán las más importantes.
Lo que está en juego esta vez es si Catalunya quiere romper con España. Las encuestas indican que los resultados serán ajustados entre los partidarios de la independencia y los contrarios a ella. Hay que esperar al domingo próximo y comprobar qué piensan los catalanes, al margen de lo que digan Obama, Merkel, Cameron y la Unión Europea, la Banca o el establishment español aparcado en Madrid.
Sea cual fuere el desenlace de las tensiones entre Catalunya y España, se demostrará una vez más cómo la política catalana influye decisivamente en los rumbos de España. Desde hace más de 150 años, desde Catalunya han salido muchas iniciativas políticas que han cambiado la política española.
No siempre a favor de Barcelona. Ni siquiera tampoco para el buen funcionamiento de las instituciones del Estado. Ocurrió en la Semana Trágica de 1909, en los movimientos obreristas, anarquistas y violentos que se vivieron en la primera parte del siglo pasado.
La Asamblea de Parlamentarios de 1917, el golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera en 1923, la proclamación de la República, el 6 de octubre de 1934, la Guerra Civil y el franquismo tuvieron en Catalunya un comportamiento que condicionó la política española. También la Constitución de 1978 estuvo marcada por actitudes de Catalunya.
No ha habido un presidente de gobierno catalán desde que el general Joan Prim fue asesinado en Madrid en 1870. Ni tampoco un catalán ha gobernado en ninguna comunidad autónoma española. Pero, a pesar de ello, los movimientos políticos nacidos en Catalunya acaban condicionando la política española.
No sé cómo acabará el actual contencioso entre los gobiernos de Madrid y Barcelona. Pero nada quedará igual. Es posible que se cambie la Constitución, federal o más centralista, depende de quién gane, que se establezcan nuevas relaciones entre el Estado central y el periférico. Ya sea en una recentralización más potente o bien en una cesión de poderes a las autonomías o como se quieran llamar las nuevas zonas políticas y administrativas españolas.
El proceso está en marcha y condiciona la política española. Pueden cambiar las cosas en Catalunya. Pero también en España. La gran incógnita es si se llegará a esta nueva situación de forma pacífica o civilizada o asistiremos a tensiones y violencias inesperadas. La historia no se repite. Pero es interesante no olvidarla.
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