Los sucesivos hechos que evidencian el proselitismo de los grupos armados ilegales en Europa y la falta de determinación para condenarlos, además de escandalizar la opinión pública colombiana, sorprenden a los grupos políticos de los diferentes partidos en este continente.
Opinión: Natalia Orozco
La lista de terroristas creada por la Unión Europea después del 11 de septiembre
obliga, en teoría, a los 25 países miembros a perseguir las cuentas bancarias de
los grupos ilegales, capturar a sus integrantes en cualquiera de los territorios
europeos, y condenar cualquier tipo de actividad que refuerce la posibilidad de
incrementar su fuerza a través de las finanzas. Sin embargo, los resultados
hasta el momento han sido precarios.
Para algunos funcionarios del
gobierno colombiano, falta más voluntad política europea, mientras que los
diplomáticos europeos en Bogotá coinciden en que “si Colombia no presenta las
denuncias con claridad, Europa no puede proceder”.
Por su parte
organizaciones como Pax Christi Holanda, para demostrar que el tráfico de drogas
cuenta con la complicidad de enormes redes mafiosas europeas, han alertado sobre
la presencia de grupos de autodefensa colombianos que delinquen en Amsterdam.
Igualmente, los medios de comunicación holandeses han registrado cómo
las FARC y las Auc se pelean rutas de drogas que comprometen las Antillas. Las
FARC en París. Los testimonios sobre la presencia de las FARC en el Viejo
Continente luego de su inclusión en la lista de terroristas de la Unión Europea
es larga.
La más polémica, fue la del diputado del Partido Verde de
Francia, Alain Lipietz, quien aseguró en 2002 haber recibido a Raúl Reyes (jefe
de la comisión internacional de las FARC), “un representante de la guerrilla”
con quien habría discutido el tema del secuestro de la ex candidata presidencial
Ingrid Betancourt, quien es ciudadana francesa.
Ante el escándalo,
Lipietz negó su versión inicial y aseguró que con quien se entrevistó no fue el
jefe insurgente sino uno de sus delegados.
A esto se suman las denuncias
sobre la agencia de noticias Anncol, que las FARC manejaban desde Suecia y que,
a partir de 2003, trasladaron a Dinamarca; el escándalo del stand de esa
guerrilla en la fiesta de la Humanité de Francia (en septiembre 2004), donde se
repartieron gorras y objetos alusivos al grupo ilegal; y la donación de la ONG
Rebelión, en octubre 2004, evidencian que la inclusión en la lista de grupos
terroristas no frenó la ofensiva “diplomática” de esta organización, aunque sí
le cerró algunas puertas.
Apoyo a
Uribe
Un alto responsable de uno de los Países Miembros de la UE,
quien pidió la reserva de su identidad, explicó que a falta de una política
común europea frente a este tema, los países miembros “han demostrado en los
últimos años una voluntad decidida de lograr un consenso de mínimos acuerdos”.
Sin duda, los montos comprometidos para proyectos de desarrollo, que hoy
suman los 350 millones de euros, demuestran el apoyo europeo a la paz del país y
la búsqueda permanente de mejores y más decididas estrategias.
También,
el último comunicado del Consejo de Ministros, ratificado por los países
miembros a mediados de diciembre del 2004, deja ver que dentro de una lógica de
consolidación democrática y de vigilancia al respeto de los derechos humanos, el
apoyo de la Unión Europea al gobierno colombiano es creciente.
Pero a
pesar de esta voluntad institucional europea, hay una discrepancia enorme entre
lo que piensan los gobiernos, el Consejo o la Comisión Europea y los que aún
creen en la opinión publica de estos países.
Así, a pesar del trabajo
destacado de algunas embajadas de Colombia en Europa, de la voluntad y la
capacidad de los responsables del dossier Colombia de la Unión y del deseo de
algunos diputados nacionales para avanzar en el compromiso con el País, son
numerosos los obstáculos para movilizar la política comunitaria y crear
verdaderos mecanismos de control de las redes ilegales colombianas y de la libre
circulación de sus representantes.
Reposan sobre todo, en la dificultad
de hacer emerger esta realidad, que no se percibe como una amenaza para Europa,
pues hay otras prioridades.
Fuente: El Colombiano
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