El Rey Felipe VI ha jurado su cargo en el Congreso, ante la presencia de diputados y senadores, con palabras muy medidas.
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Sábado, 10 de octubre 2026

El Rey Felipe VI ha jurado su cargo en el Congreso, ante la presencia de diputados y senadores, con palabras muy medidas.
No ha arriesgado mucho en su discurso. Es el moderador de los poderes del Estado y garante de la unidad. Pero su poder queda circunscrito a la voluntad de las dos cámaras.
Habló de tolerancia y modernidad prometiendo una Monarquía renovada para un tiempo nuevo. Un Borbón tomando posesión constitucional después de una abdicación voluntaria no es frecuente en la historia de los Borbones españoles. Un cierto aire de normalidad, de fiesta contenida, de austeridad y mesura recorrieron las instituciones del Estado y las calles de Madrid que salieron al paso de Felipe VI con más discreción que cantidad.
El mensaje de que “en esta España, unida y diversa, cabemos todos”, es lo mínimo que podía decir. Podía haber sido más explicito y apuntar o sugerir una reforma de la Constitución que implique una revisión de la organización territorial del Estado. No lo hizo.
Que se reservara para la despedida dos palabras en catalán, euskera y gallego lo encontré una falta de sensibilidad y un error político. Pero, ¿qué le habría costado hablar cinco minutos en cada una de las cuatro lenguas más habladas en España después del castellano? No entiendo cómo no se dan cuenta quienes le han inspirado el discurso. Es una manera de poner en evidencia que las lenguas oficiales no castellanas no son españolas. No cuesta tanto aceptar lo que es una realidad en las calles de más de una tercera parte de ciudades hispánicas. Una equivocación.
El president Mas y el lehendakari Urkullu no aplaudieron el discurso del Rey. Pienso que es un error y una falta de cortesía. Habrá momentos para expresar su desacuerdo con el nuevo rey, seguramente de forma más eficaz.
El debate sobre Monarquía-República no se insinuó. Pienso que habría sido inteligente el haber planteado abiertamente esta cuestión, incluso sugiriendo la celebración de un referéndum dando a entender que este reinado está al servicio de todos los españoles.
Al Rey no se le va a juzgar sólo por su primer discurso. A partir de ahora tendrá que hacer gestos que reconcilien a a la opinión pública española con la Monarquía. La abdicación de Juan Carlos I era inevitable. El futuro de Felipe VI dependerá de muchas circunstancias. Pero también de él y de su comportamiento.
Tendrá que hablar con más énfasis que, después de los conflictos territoriales, el otro gran problema que vive la sociedad española es la corrupción estructural que se ha convertido en un virus reaccionario que afecta al progreso, la libertad y la paz social.
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