Política

Ha llegado la hora de invertir en el desarrollo

“Después de los catastróficos consejos dados por los expertos del Banco Mundial, FMI y otros organismos internacionales, ahora un “selecto” grupo de 265 (la suma es 13, índice de mala suerte), bajo el mando de Kofi Annan, acaba de presentar un Plan para reducir la pobreza que consiste en que “los países desarrollados deben apoyar las inversiones en las áreas de educación, medio ambiente y servicios básicos” requeridas por los países pobres.”

Desarrollo
Después de los catastróficos consejos dados por los expertos del Banco Mundial,
FMI y otros organismos internacionales, ahora un “selecto” grupo de 265 (la suma
es 13, índice de mala suerte), bajo el mando de Kofi Annan, acaba de presentar
un Plan para reducir la pobreza que consiste en que “los países desarrollados
deben apoyar las inversiones en las áreas de educación, medio ambiente y
servicios básicos” requeridas por los países pobres.

Esta repetida
receta —aplicada en Bolivia (el presupuesto en estos ítems ha tenido un ascenso
constante)— no ha reducido la extrema pobreza. En efecto según el profesor
Herbert Klein, nuestro Índice de Desarrollo Humano (IDH), ha aumentado a partir
de la Revolución de 1952, pero también la desigualdad y la pobreza extrema. Ni
las excelentes medidas “revolucionarias” de la Participación Popular resolverán
a corto plazo la economía popular.

Seguiremos siendo un país de la
periferia. Se sabe que la educación/investigación, a largo plazo, crea riqueza;
que el medio ambiente es importante y que los servicios básicos son
fundamentales. Ésa es precisamente la orientación que los países ricos dan a la
ayuda internacional, después del fracaso del Consenso de Washington, para
compensar las políticas neoliberales. Lo repiten los 265/13 expertos, en su
informe: Invirtiendo en el Desarrollo.

¿Dónde está el defecto de tan
mentados consejos? Dar salud y educación es esencial; pero si la gente no se
integra y produce, la economía se estanca. Se necesitan inversiones, pero éstas
requieren de estabilidad social y jurídica, así se debe invertir en áreas
intensivas en mano de obra que generen empleo: textiles, microempresas rurales
etc., que exigen una mano de obra barata y calificada. Esta política de
inversión se consigue mediante el desarrollo agrícola rural que debe producir
alimentos a bajo costo para sustentar una población laboral que preste servicios
en industrias urbanas y rurales competitivas.

Se ha determinado con mucha
precisión que ya no funcionan las recetas generalizadas; cada país requiere una
atención especial. Los economistas no terminan de entender que la misma receta
no da los mismos resultados. Recordemos que Malasia, durante la crisis asiática,
se apartó de las medidas exigidas por el FMI y fue el primer país en recuperar
su economía.

En nuestro caso, los países ricos deberían apoyar una
profunda Revolución Rural liberando las zonas del latifundio improductivo; zonas
forestales y por supuesto distribuir la tierra al que la trabaja. Un gran
componente (38 por ciento) de nuestra población vive y está conectada con el
campo o el área rural. El Gobierno debe presentar un Plan concreto sobre
Desarrollo Rural durante las próximas reuniones del Club de París y no solamente
pedir recursos para un nuevo Plane.

El desarrollo agrícola contribuye al
aumento de la productividad industrial por el efecto económico que motiva la
disponibilidad de alimentos a precios alcanzables para la mayoría de la
población urbana. Debe existir una correlación entre desarrollo rural y
crecimiento urbano, hoy disparado como se ve con el desmedido crecimiento de la
ciudad del Alto. La Revolución Rural es dar continuidad a la política del primer
gobierno de la Revolución Nacional (1952-1956): con la Reforma Agraria, que no
sólo eliminó el pongueaje, sino que inició la distribución de las tierras, la
apertura de áreas de colonización que fue exitosa en ese tiempo. La Revolución
Rural que proponemos no es la famosa Revolución Verde que agota el suelo.


Los campesinos bolivianos deben recibir recursos para hacer rentable su
producción agrícola, apoyarlos con tecnología, herramientas de uso intensivo en
mano de obra, etc. La Revolución Rural, es el desarrollo del hombre, su
transformación en un ser productivo, con el apoyo estatal y activa participación
comunitaria. El refrán chino “hay que darle la caña de pescar y no el pescado”
es el ejemplo a seguir. Los “cerebros” de los organismos internacionales deben
preocuparse porque se eliminen los subsidios a la agricultura en los países
desarrollados. Esa debe ser la preocupación de Kofi Annan.

Fuente:
La Razón – Bolivia

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú