Política

Humo sin fuego: La frontera entre México y EEUU

DESDE que Estados Unidos y México existen como naciones, la relación entre ambos ha estado marcada por la desconfianza y las mutuas acusaciones y descalificaciones, y ambos lados han alimentado y alimentan constantemente el resentimiento y la hostilidad hacia el otro.

Sara Sefchovich
En el siglo XIX, los estadounidenses desarrollaron una retórica antimexicana tan
intensa que se convirtió de plano en política anexionista. Pero de este lado
también hubo denigración hacia ellos por no tener la fe “verdadera” y por ser,
según decía Lucas Alamán, una nación “conformada por la agregación de pueblos de
costumbres diferentes, mercaderes y aventureros, hez y deshecho de todos los
países”.

En tiempos de Porfirio Díaz las relaciones mejoraron porque él
les abrió las puertas de par en par y quiso “enganchar a México a la formidable
locomotora norteamericana”, como decía Justo Sierra. Pero con la Revolución
Mexicana esto cambió porque su abierto intervencionismo generaba dificultades
que nuestros militares-políticos no aceptaban tolerar.

No en balde desde
Graham Greene y Harold Bloom hasta Rómulo Velasco Ceballos y Carlos Fuentes,
todos los que analizan a los estadounidenses llegan a la conclusión de que son
arrogantes y se sienten los dueños del mundo, o al menos sus gendarmes, que
quieren imponer en todas partes sus ideas y modelos de vida y proteger antes que
otra cosa sus intereses.

Pero también a la inversa, en México nuestro
nacionalismo y exagerada suceptibilidad respecto de todo lo que ellos hagan o
digan ha provocado problemas, al punto que el académico Frederick Turner llegó a
decir que los mexicanos tenemos “tendencia inherente a desconfiar de todos los
hombres y las ideas y la inclinación a percibir los gestos y palabras casuales
como afrentas personales”.

Lo que ha sucedido esta última semana no es
sino un ejemplo más entre muchos: yo te critico, tú me criticas, los dos nos
ofendemos. Entonces, ¿por qué tanto escándalo? El escándalo es porque las cosas
han cambiado. Es decir: es cierto e innegable que la economía mexicana tiene muy
baja productividad lo han dicho los estudiosos y empresarios nacionales y lo
vino a decir hace algunos meses Felipe González en Veracruz y que tiene como
pilares para sostenerse a las remesas de los mexicanos que trabajan en EU y al
petróleo, pero eso ¿por qué les importa a los vecinos? Les importa porque lo que
aquí suceda, aunque les duela reconocerlo, les afecta profundamente.

A
ellos que siempre se han manejado como los poderosos que deciden y mandan y
olvidan lo que no quieren ver, la pobreza del vecino les repercute en miles que
se van para allá, la improductividad e ineficiencia de Pemex les afecta, pues
son el país del mundo que más consume y gasta energía, la violencia les afecta
porque les impide invertir en México y hacer turismo y lo que sucede en la
frontera los pone en peligro ante el terrorismo. Por eso nos presionan, porque
la dependencia no es sólo nuestra hacia ellos sino también de allá para acá.


Claro que su error está en no darse cuenta de que ellos son responsables
en buena medida de que este sea nuestro modelo económico y de que con todo y la
complejidad que ha adquirido el capitalismo, no hayamos podido superar el modelo
económico de exportadores de materia prima y mano de obra en la división
internacional del trabajo y en no darse cuenta de que ellos también tienen mucho
que ver en la cuestión del narcotráfico y la violencia fronteriza.

Y su
error está también en que pretendan a estas alturas no cubrir las formas mínimas
de la diplomacia y de lo políticamente correcto, y querer portarse como en
tiempos de las repúblicas bananeras cuando el nuestro es un país moderno,
democrático y con una importante clase media educada.

Fuente:
El Universal – México

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú