Política

Kirchner premia con publicidad oficial a la prensa según sus comportamientos

Néstor Kirchner llegó a la presidencia en Argentina con el 22% de los votos. En primera vuelta perdió con el ex presidente Carlos Menem. Este luego no se presentó al balotage, dejándole el camino libre. El gobierno sostiene que las encuestas lo legitiman. El concepto es discutible, máxime cuando se dice que es el que paga muchas de las encuestas.

Danillo Arbilla
Pero es un hecho que una mayoría apoya al Presidente. Es lo que surge cuando uno
pregunta. Si se insiste un poco y se señalan hechos evidentes como la falta de
seguridad, la creciente violencia ciudadana, el neonepotismo, la falta de
transparencia respecto a fondos manejados por Kirchner cuando era gobernador de
Santa Cruz, la prepotencia desde el poder, los ataques a la prensa y el doble
discurso es que aparece la “teoría comparativa”. Se admiten esos problemas, pero
se afirma que peor era cuando Menem. Tanto es así que los pocos votos que
recibió Kirchner no eran por él, a quien poco conocían, sino de rechazo a
Menem.

La ventaja comparativa –nunca tan bien citada– del gobierno
argentino son los males del pasado y los explota dirigiendo sus dardos al ex
Presidente, y más allá aún, llegando a las dictaduras militares. La prédica del
presidente Kirchner se ocupa más del pasado que del presente o del futuro. Trata
de sacar partido y rebusca para atrás “blancos fáciles” y emblemáticos que sabe
redituables. Para los problemas del presente busca “chivos expiatorios” y ataca
con virulencia a la “víctima” elegida.

En cuanto a sus logros todos son
“históricos” y no pueden cuestionarse. En las últimas horas dio a conocer el
exitoso resultado del canje de la deuda. El gobierno anunció que se consiguió
una reducción de 67 mil millones de dólares y que la deuda externa se redujo de
191 mil millones a 125 mil millones. No es tan así: no contaron unos 20 mil
millones que corresponden a aquéllos que no aceptaron el canje y están
dispuestos a hacer juicios para cobrarlos.

La “estrategia comunicacional”
del gobierno argentino es que el Presidente hable directamente con la gente.
Esto es, dice discursos y realiza actos en los que habla sólo él. El Presidente
habla y dice, pero no acepta preguntas. Los que sufren las consecuencias son la
prensa y los periodistas, a los que el Presidente o sus más directos
colaboradores llaman por teléfono o advierten personalmente cuando les disgusta
alguna información. En casos los ataca públicamente, al estilo Chávez, y utiliza
la publicidad oficial para premiar o castigar según comportamientos. El
propósito es la autocensura y que el único mensaje sea el oficial.

Esta
situación que viven los medios y los periodistas llevó a la Sociedad
Interamericana de Prensa a enviar una misión a Buenos Aires en la primera semana
de marzo. Los enviados se entrevistaron con jerarcas del gobierno que
efectivamente manifestaron que la “estrategia comunicacional” es que el
Presidente hable con la gente y añadieron que no creen en la intermediación de
la prensa y los periodistas. Lo dijo el propio jefe del gabinete, Alberto
Fernández, quien afirmó que no iban a cambiar. Dijo, asimismo, que distribuyen
la publicidad oficial con un criterio de equilibrio y que no estaban de acuerdo
en hacerlo aplicando criterios técnicos. Habló también de la legitimización que
le dan las encuestas.

La SIP, a su vez, se entrevistó con directores,
editores, columnistas y periodistas, con organizaciones de medios y de
periodistas, con dirigentes políticos, con organizaciones de derechos humanos y
con representantes de universidades de periodismo. La información recibida, casi
unánime, confirmó la existencia de actos hostiles y presiones a la prensa y a
periodistas, de discriminación en la publicidad oficial, pago de encuestas y de
un doble discurso oficial amparado en la imposibilidad de preguntar. Pocos días
antes de llegar la misión, los periodistas acreditados en Casa Rosada (sede del
ejecutivo) se quejaron públicamente del maltrato que se les daba y dijeron que
lo único que faltaba es que se les pusiera en una jaula en la sala de
prensa.

En un informe preliminar y sin conclusiones, la misión dio cuenta
de lo recogido. Fue entonces que comenzó a sufrir en carne propia lo que le
habían contado. El propio Kirchner salió a insultar a la SIP, a algunos de sus
miembros –siguiendo la táctica de Chávez– incluso a alguno que no integraba la
misión ni está en la SIP. Férnandez, un poco más sutil, maquilló sus dichos o
puso en boca de los visitantes cosas que no dijeron.

Kirchner aplicó la
fórmula y recurrió al pasado, habló de dictaduras militares y de torturas y
desaparecidos, erigiéndose en el defensor de los derechos humanos violados en
otras épocas. Lo que no tiene en cuenta es que esas cosas lamentables ocurrieron
porque no había libertad de prensa. Porque, como ya todo el mundo lo admite, así
es como se empieza. Por esos riesgos fue que periodistas y medios argentinos
recurrieron a la SIP y ésta viajó a Argentina. La situación, según la SIP, es
preocupante.

Tanto que en este caso no sirve ni la “teoría comparativa”:
casi todos los entrevistados coincidieron en calificar el actual como el peor
momento en materia de libertad de prensa que se vive desde la recuperación de la
democracia. Incluido el período de Menem.

Fuente: El Nuevo Herald (Miami)

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