Política

La integración de Asia meridional atraviesa otra encrucijada

Cuando India decidió postergar la cumbre de la Asociación de Cooperación Regional de Asia Meridional (SAARC) por los acontecimientos en Nepal y en Bangladesh, el bloque pasó por otro difícil momento de sus 20 años de turbulenta historia.

La región afronta serias dificultades
Cuando India decidió postergar la cumbre de la Asociación de Cooperación
Regional de Asia Meridional (SAARC) por los acontecimientos en Nepal y en
Bangladesh, el bloque pasó por otro difícil momento de sus 20 años de turbulenta
historia. Una amplia gama de circunstancias –maremotos, atentados, golpes de
Estado y hostilidad bilateral– conspiraba para postergar o anular la cumbre
anual de la SAARC, a la que pertenecen Bangladesh, Bhután, India, Maldivas,
Nepal, Pakistán y Sri Lanka.

En esta ocasión, debió posponerse la
reunión primero a causa del tsunami que el 26 de diciembre devastó las costas de
India, Maldivas y Sri Lanka. Luego, India decidió no asistir a la sesión del
domingo en Dhaka como reacción al golpe de Estado dictado la semana pasada por
el rey Gyanendra, de Nepal. Además, el canciller indio Shyam Saran mencionó como
argumento para faltar “la situación en desarrollo” en Bangladesh, el país
anfitrión, donde se ha registrado una serie de huelgas. Un atentado con granadas
causó muertes en un acto opositor la semana pasada.

Por una vez, la
cumbre fue rehén de acontecimientos ajenos a la rivalidad entre India y
Pakistán, cuyos jefes de gobierno se encuentran, en cambio, próximos a reunirse
para dar seguimiento a las conversaciones de paz lanzadas en la conferencia de
la SAARC celebrada en Islamabad en enero del año pasado. Pero para un observador
casual resultaría obvio que India, con frecuencia acusada de jugar el papel de
“hermano mayor” de sus vecinos, es el país que suele arrojar un balde de agua
fría en el proceso de la SAARC.

“Es de lamentar que, una vez más, la
cumbre de la SAARC haya sido postergada a último momento a causa de una decisión
del gobierno indio”, se quejó el canciller de Bangladesh, Shamsher Mobin
Chowdhury, en una conferencia de prensa. Chowdhury recordó que estos escollos
contradicen “la letra y el espíritu” de la carta de la SAARC, según la cual “los
estados miembros no deben formular allí asuntos bilaterales o conflictivos”.


Por su parte, el primer ministro pakistaní Shaukat Aziz consideró que
los acontecimientos en Nepal constituyen “un asunto totalmente interno”. El rey
Gyanendra disolvió el martes 1 el gobierno del primer ministro Sher Bahadur
Deuba, declaró el estado de emergencia e impuso una fuerte censura a los medios.
El monarca acusó al gobierno de incompetencia para poner fin a la insurgencia
maoísta, a la que se atribuye la muerte de más de 10.500 nepaleses desde 1996.


La población de Nepal está aislada del resto del mundo por el corte
total de las comunicaciones dispuesto por el gobierno. Pasarán 15 días hasta que
se restaure la telefonía fija, tres meses para la celular y seis meses para la
comunicación vía Internet, según versiones extraoficiales. El diario Indian
Express advirtió el sábado en un editorial: “La posición de India sobre la
democracia en Nepal tal vez no obtenga un consentimiento unánime en la SAARC,
pero ese foro podría haber sido empleado para comunicar con más eficacia esa
postura a los vecinos.”

India pretendía no dar legitimidad al rol de
Gyanendra como jefe de gobierno al aceptar su asistencia como tal en la cumbre
en Dhaka. Pero la postergación también la malquistó con Bangladesh. Nueva Delhi
ha manifestado gran preocupación por la situación de la seguridad en Bangladesh
desde bastante antes del golpe de Estado en Katmandú.

El gobierno ha
condenado, por ejemplo, el asesinato del ex ministro de Finanzas, Shah Abu
Mohammed Shamsul Kibria, cometido en un acto político del opositor partido Liga
Awami, considerado proindio. Se trató de un acto “terrorista”, declaró la
cancillería india. Cualesquiera sean las razones para la postergación, es un
hecho indiscutible que la SAARC no ha logrado la cohesión y eficacia que otros
bloques como la Asociación de Naciones del sudeste Asiático (ASEAN), para no
hablar de la Unión Europea.

Hay varias explicaciones. “La SAARC es un
club de pobres. Sus miembros sufren problemas similares de analfabetismo,
pobreza, enfermedad y conflictos civiles. Francamente, es difícil para los
pobres ayudarse unos a otros”, sostuvo el periodista pakistaní Raj Baig. En los
últimos tiempos, Pakistán se ha identificado más con los países árabes
petroleros en su cercano occidente, e incluso ha restado importancia a sus
vínculos históricos y culturales con Asia meridional.

Por su parte,
India, convencida de que su frente occidental no le trae más que problemas, ha
desarrollado una política de acercamiento a sus vecinos y países próximos
orientales, tratando de lograr acuerdos con las economías del sudeste asiático.
Tampoco han sido de mucha ayuda las disputas continuas entre India y Pakistán en
torno del conflictivo territorio de Cachemira y las varias guerras que han
librado ambos países desde que se independizaron de Gran Bretaña en 1947. Estos
dos países desarrollaron armas nucleares, lo cual no mejora las perspectivas.


Hubo causas de tensión bilateral entre India y sus otros vecinos, como
la emigración desde Bangladesh y la forma en que se comparte el agua con Nepal.
Y el tamaño de India intimida a sus vecinos más pequeños. El comercio
intrarregional de la SAARC representa menos de seis por ciento del intercambio
total de todos los países del bloque. Ese porcentaje se eleva a 22 por ciento en
el caso de la ASEAN y a 64 por ciento en el de la Unión Europea. Como se
preguntaba Indian Express en su editorial: “¿Para qué tener un foro regional si
no asume la tarea de discutir los desafíos que surgen de las crisis regionales?”


Fuente: Agencia IPS

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