El próximo domingo 29 los franceses irán a referéndum, para decidir si adoptan o no, la Constitución Europea. Un paso que ya han dado 10 países de la Unión (unos por referéndum, otros por vía legislativa) y en todos el resultado ha sido abrumadoramente favorable a la adopción del texto constitucional europeo. Sin embargo, en Francia desde que comenzó la campaña por el referéndum, el NO ha gozado de una gran simpatía dentro de todos los niveles de la sociedad.
Democracia
Dicho rechazo por la Constitución Europea, al paso del tiempo y muy a pesar de la fuerte campaña que desde el impopular gobierno galo, en conjunto con unos medios en crisis de audiencia y una parte del desdibujado partido Socialista Francés han venido realizando en favor del SI, parece no rendir sus frutos, y a tan solo horas del escrutinio, los sondeos dan al NO ganador con un 53% de los votos.
Para que el tratado constitucional europeo entre en vigor, necesita ser aprobado por todos los países miembros de la Unión, en consecuencia ante el peligro que representa el potencial triunfo del NO en Francia, diversos líderes políticos europeos (Zapatero, Barroso, Borrel, Mario Soares, Joschka Fischer, Schröder, Kwasniewski) han sido llamados de urgencia a participar en la campaña francesa y el resultado ha sido catastrófico. Los franceses no soportan que venga ningún extranjero a decirles como y por quién votar.
Del lado del NO, a nivel de campaña electoral y de personalidades parecen tener las cosas más fáciles, por cuanto los incomprensiblemente populares líderes políticos del NO, son bien conocidos del electorado francés. Danielle Mitterrand, el pseudo líder campesino José Bové y su combo de tirapiedras y rompevitrinas del absurdo movimiento antimundialización, la xenófoba extrema derecha y su líder vitalicio Jean Marie Le Pen, la tan exquisita como desubicada extrema izquierda francesa, el moribundo Partido Comunista Francés, las principales agrupaciones sindicales, el ex ministro Jean Pierre Chevenèment, el editor de Le Monde Diplomatique Bernard Cassen, el historiador Max Gallo y la otra mitad del Partido Socialista liderada por el ex primer ministro Laurent Fabius, entre muchos otros personajes del pintoresco y nostálgico paisaje político francés.
Sin embargo, los franceses han sido los únicos en debatir abierta y públicamente las bondades y los inconvenientes de los 448 artículos del tratado constitucional. Todos los electores franceses recibieron a través del correo un ejemplar de la Constitución, en las librerías se agotaron los libros sobre el tema y tanto la prensa escrita, como la radio y la televisión fueron escenario de intensos debates. En el resto del continente la discusión no ha salido de los hemiciclos legislativos, ni de los foros de especialistas en derecho Constitucional.
En medio de éste paradójico espíritu democrático de los franceses, cobra gran espacio la interrogante del por qué, la nación fundadora, pionera y motor de la Unión Europea, se dispone – a decir de los sondeos cotidianos – a detener el tan esperado y necesario proceso de emancipación política de la Unión.
No obstante, de triunfar el NO en concreto y en lo inmediato tan solo representará una suerte de status quo, los tratados seguirán en vigor y Europa seguirá siendo un gran espacio a través del cual circulan libremente bienes y personas, pero continuará siendo un enano político, sin ningún espacio ni representación como bloque dentro de la escena internacional.
La negativa francesa se fundamenta entre otras cosas en asuntos de política interior, así como también en los fantasmas y el ombliguismo de la sociedad francesa actual, pasando por grandes barricadas de colbertismo, hasta la estigmatización del liberalismo y la libre competencia. Temas estos que por cierto no tienen nada que ver con el contenido y alcance de la Constitución Europea.
Pero como quiera que sea, esperemos por los resultados definitivos del domingo 29 de mayo, por cuanto el debate y la campaña siguen estando abiertos y ambas corrientes están aún muy activas y los contradictorios electores franceses tienen hasta el último minuto para cambiar de opinión.
Fuente: Venezuela Analítica
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