Política

La pobreza y la ayuda moderna al desarrollo

“Es necesario entender que el desarrollo y la superación de la pobreza son procesos de construcción de capacidades y autonomías mediante estrategias de inclusión con proyectos de emprendimiento social.”

Diego Fernando Gómez
Pobreza es, ante todo, ausencia de desarrollo, porque todo desarrollo es ante
todo social y se manifiesta en las capacidades y el bienestar de la población.
Por eso, más que crecimiento, la angustiosa necesidad de nuestras sociedades en
Latinoamérica es lograr desatar dinámicas de desarrollo, y en ello hemos sido
cruelmente ineficientes en los últimos cincuenta años. No nos percatamos que los
modelos de pensamiento que tenemos sobre el desarrollo han derivado en un
asistencialismo pertinaz que no solo no ha reducido la pobreza sino que además
ha exacerbado el subdesarrollo de nuestras comunidades haciéndolas cada vez más
dependientes y vulnerables al populismo y al clientelismo.

Es necesario
entender que el desarrollo y la superación de la pobreza son procesos de
construcción de capacidades y autonomías mediante estrategias de inclusión con
proyectos de emprendimiento social. Hace unos meses la ministra alemana de
Cooperación Técnica y Desarrollo, Heidemarie Wieczorek-Zeul, destacó la
contribución del sector privado al desarrollo de los países pobres y economías
emergentes en lo que llamó “ayuda al desarrollo moderna”. Decía: “Las
inversiones que efectúan las empresas en sectores esenciales para la mejora
económica y social de la gente es cinco veces mayor a los fondos públicos al
desarrollo”.

De otra parte, con base en los estudios sobre pobreza en
inclusión social en Brasil, de Augusto de Franco, sostiene: “El principal
elemento del llamado capital humano no es, como se podría pensar, por ejemplo,
el nivel de escolaridad o la expectativa de vida de la población. Esto podría
valer desde el punto de vista de las denominadas políticas sociales consideradas
como políticas de oferta estatal, es decir, desde el punto de vista de la
protección social y no desde el punto de vista del fomento del desarrollo
social.

Desde el punto de vista del desarrollo, el principal elemento
del capital humano, lo que distingue y caracteriza lo humano como ente
constructor de futuro y, por lo tanto, generador de innovación, es la capacidad
de las personas de hacer cosas nuevas, ejercitando su imaginación creadora -su
deseo, sueño y visión- y movilizándose para desarrollar las actitudes y adquirir
los conocimientos necesarios y capaces de permitir la materialización del deseo,
la realización del sueño y la viabilización de la visión. Esto tiene un nombre
(que se refiere a un concepto del ámbito empresarial, pero que no está restricto
a éste) se denomina ´capacidad emprendedora´.”

Necesitamos desarrollar
capacidad de emprendimiento y sentido de autonomía en nuestra sociedad. En torno
a personas que se comprometan con su futuro, el de sus familias y sus
comunidades podremos construir una sociedad más equitativa, justa e integrada.
Las acciones sobre la pobreza desde la caridad individual o estatal no están
yendo al núcleo central del problema y en el mejor de los casos resolvemos una
urgencia inmediata, y sin duda hay que hacerlo, pero debemos ir más allá.


A nivel internacional la ayuda humanitaria está orientándose de manera
decidida al apoyo de proyectos de emprendimiento social que generen autonomía,
sean sostenibles y reproducibles, de manera que los fondos aplicados se
multipliquen en el tiempo y transformen de manera efectiva a las sociedades.
Para aprovechar este apoyo necesitamos activar una sólida red de emprendimiento
desde la que se formulen decenas de proyectos dirigidos a generar empleo
sostenible y de calidad para dos terceras partes de la población de Medellín y
Antioquia que tienen un nivel de vida precario. Esta es la forma de cambiar
estructuralmente nuestra sociedad para construir equidad y paz.

Fuente:
El Colombiano

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