Scott McPherson denuncia que el problema sobre la obesidad está mal planteado y que merece una nueva mirada.
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Jueves, 12 de marzo 2026
Scott McPherson denuncia que el problema sobre la obesidad está mal planteado y que merece una nueva mirada.
Debate Super Size Me
Los costos médicos relacionados con la obesidad totalizaron 75.000 millones de
dólares, según una investigación realizada por la organización sin fines de
lucro RTI International y el Centres for Disease Control and Prevention. Y su
informe concluye que los contribuyentes están pagando más de la mitad de la
cuenta de estos padecimientos.
¿Cómo es eso? Porque, informa el
Washington Times, Medicare y Medicaid – programas gubernamentales de sanidad –
“cubren enfermedades causadas por la obesidad incluyendo diabetes de tipo 2,
enfermedades cardiovasculares, varios tipos de cáncer y enfermedad en la
vesícula”.
En otras palabras, el gobierno subsidia malas decisiones
individuales relacionadas con el estilo de vida de la gente. Como era de prever,
los funcionarios del gobierno están desorientados. “La obesidad se ha convertido
en un problema sanitario crucial para nuestra nación, y estos hallazgos
demuestran que sólo los costos médicos reflejan la significancia del desafío.”
Así es como lo ve Tommy Thompson, secretario del Departamento de Salud y
Servicios Humanos.
Dejemos de lado el hecho de que una “nación” no puede
tener problemas de salud. Sólo los individuos pueden tenerlos.
Las
naciones tienen problemas cuando sus gobiernos intentan resolver problemas de
individuos. El Estado crea programas como Medicare y Medicaid, que obligan a un
segmento de la población contribuyente a pagar por el cuidado médico de otro
segmento, creando así el incentivo para no tomar la responsabilidad personal de
la propia vida y que otros sufran las consecuencias. Coma en McDonald´s;
conduzca a todas partes; evite el ejercicio; fume cigarrillos; beba en exceso;
consuma drogas o ignore las advertencias sanitarias, si lo desea: su vecino
pagará la cuenta de su médico.
Bueno, al menos la mitad. Luego, cuando
la creciente demanda de servicios – resultado inevitable cuando las personas no
tienen que pagar el precio completo de lo que usan – aumenta los costos de la
atención médica, culpe a los codiciosos doctores o a la industria farmacéutica y
extienda los programas gubernamentales para cubrir aún a más personas, incluso a
más enfermedades. Entonces muéstrese sorprendido cuando la “significancia del
desafío” (uno teme decir la “inmensidad del problema”) requiere a su tiempo aún
mayor participación del gobierno.
Es una desgracia que la gente se
enferme. A veces no es culpa de ellos. Pero tampoco es la culpa de alguien más.
Una sociedad libre debería dejar esas cuestiones a la elección individual. Una
persona libre debería poder elegir vivir una vida poco saludable. Asimismo, una
persona libre debería poder elegir no ser responsable por las malas decisiones
de su vecino.
Por supuesto, la gente debería ser libre de donar a caridad
– y lo hacen, más de 200.000 millones de dólares por año – para proveer
asistencia para los necesitados. Sin embargo, hay otro argumento que habría que
considerar: una sociedad saludable requiere que las personas sufran las
consecuencias negativas cuando hacen lo incorrecto. ¿De qué otra forma podríamos
diferenciar entre las buenas y malas decisiones? ¿Y qué mejor incentivo podría
existir para que la gente haga lo correcto?
Incentivar a los individuos a
evitar tomar la responsabilidad de sus propias vidas no va a solucionar “nuestro
problema sanitario nacional”. Sólo alimenta a una bestia
hambrienta.
*Scott McPherson es asesor de políticas en The Future of
Freedom Foundation. Originalmente publicado por FFF y traducido por Hernán
Alberro.
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