Política

México y Norteamérica deben discutir sus temas fronterizos

En días recientes hemos escuchado de espectaculares operativos contra la delincuencia organizada, llevados a cabo en distintos municipios de la frontera méxico-estadunidense. Operativos que han contado con la eficaz coordinación y cooperación entre las policías locales, estatales y federales, y el Ejército mexicano.

Seguridad
Parecieran éste y el de la migración los únicos temas en la frontera, puesto que
poco o nada se ha oído de acciones encaminadas a lograr una planeación regional
fronteriza que englobe a ambos temas, desde luego, pero que también los
trascienda.

No obstante, existen dos proyectos dignos de ser explorados,
toda vez que sus eventuales beneficios impactarían no sólo en el nivel regional
de la frontera norte, sino en el ámbito subcontinental. Me refiero, en primer
lugar, a la propuesta de crear en 2010 una comunidad norteamericana con una zona
económica y un arancel externo común, así como un perímetro de seguridad, que
permita a la región enfrentar mejor los retos y las oportunidades continentales,
con un movimiento de personas y productos legal, ordenado y seguro.

Esta
iniciativa presentada en días pasados por un “grupo independiente de trabajo
sobre el futuro de Norteamérica”, copresidido por el ex secretario mexicano de
Hacienda Pedro Aspe, el ex viceprimer Ministro Adjunto de Canadá John P. Manley
y por el estadunidense William Weld, sugiere, entre otras medidas, la creación
de un fondo de inversión para América del Norte, diseñado para promover el
desarrollo en las regiones menos favorecidas de México, como parte de una
estrategia común para elevar la competitividad regional ante la creciente
integración de China, India y la Unión Europea al mercado global.

La
otra propuesta es el Programa para la Integración del Desarrollo Regional del
Noreste y su Vinculación con Texas (invite), impulsado por el gobernador de
Nuevo León José Natividad González Parás, para lograr la integración económica y
la cooperación en asuntos sociales, ecológicos, científicos y culturales, de los
estados del noreste de México (incluido Chihuahua) con Texas. Para ello, el
Programa invite busca diseñar e instrumentar políticas públicas de largo
alcance, promoviendo el desarrollo de zonas económicas estratégicas, así como la
participación de los sectores público y privado, nacionales e internacionales,
en el desarrollo de la región.

No obstante, para que éstas y otras
iniciativas integracionistas tengan viabilidad, antes es preciso diseñar e
instrumentar un proceso de planeación regional específico en las diferentes
zonas que integran América del Norte, una de ellas la frontera México-Estados
Unidos, cuyo desarrollo se pudiera apuntalar sobre dos ejes: la infraestructura
fronteriza y el sector energético, particularmente el Gas Natural.


Respecto al primero, se requiere establecer una coordinación de
infraestructura de corto y mediano plazos entre las diferentes autoridades
implicadas, con el objetivo de eliminar la brecha que existe entre iniciativa e
instrumentación, en los proyectos de la frontera méxico-estadunidense. Hoy la
frontera noreste, incluyendo al estado de Chihuahua, cuenta con una
infraestructura conformada por 88 mil 176 km de carreteras, 25 mil 602 km de
vías de ferrocarril, 15 puertos de altura, 29 aeropuertos internacionales y 18
puentes fronterizos.

En cuanto al segundo eje, el del gas, hay que tener
presente que la Cuenca de Burgos, ubicada entre los estados de Coahuila, Nuevo
León y Tamaulipas, es la reserva de Gas Natural No Asociado más grande de
México. Actualmente aporta una producción equivalente al 25% del total nacional,
aunque su explotación requiere de tecnologías de punta y alianzas estratégicas
con inversión extranjera.

Ese sector, junto con el de la infraestructura
fronteriza, pudieran constituir la base sobre la cual iniciar las acciones tanto
del Programa invite como de la propuesta de creación de una comunidad económica
y de seguridad norteamericana. Para ello, sería de sumo beneficio aprovechar las
experiencias y enseñanzas de la Comunidad Económica Europea donde, a partir la
cooperación económica en áreas con un bajo perfil en lo político, pero
geoeconómicamente estratégicos como lo son, en el caso de Europa, el carbón y el
hierro, se ha llevado la integración económica a niveles superiores,
convirtiendo a la región en una zona altamente competitiva.

Este
mecanismo de integración paulatina conocida por los economistas como el
“spillover”, pudiera ser aplicado en la frontera norte a partir de sectores
estratégicos como la infraestructura y el gas natural, para eventualmente
expandirse después hacia otros sectores económicos. En Europa, el proceso de
integración ha sido resultado de otro largo y profundo proceso de reflexión,
debate e intercambio de ideas entre dos sólidas escuelas teóricas de la
economía: el neofuncionalismo y el intergubernamentalismo.

En el caso de
Norteamérica y la frontera méxico-estadunidense, los temas de integración y la
planeación regional deben abrirse también a la discusión y al análisis
exhaustivo por parte tanto de las autoridades de los tres países en sus
distintos niveles de gobierno, como de la iniciativa privada y la sociedad
civil, a fin de determinar cuál es el mecanismo idóneo para instrumentar con
éxito ambos procesos.

Fuente: La Crónica de Hoy – México

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