“Hasta donde se conoce, ninguno de los aspirantes cuenta al momento con los votos suficientes que le garanticen una victoria. Ni siquiera el ministro Insulza, figura de respeto y sólidas credenciales…”
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Lunes, 16 de febrero 2026

“Hasta donde se conoce, ninguno de los aspirantes cuenta al momento con los votos suficientes que le garanticen una victoria. Ni siquiera el ministro Insulza, figura de respeto y sólidas credenciales…”
En lo que se perfila como una difícil competencia cuyos resultados son impredecibles a la luz de eventuales reacomodos de última hora, los gobiernos del hemisferio se preparan para elegir al nuevo secretario general de la OEA, instancia que, no obstante su debilitamiento tras la renuncia de Miguel Ángel Rodríguez por señalamientos de corrupción, continúa siendo una referencia política y estratégica de cara a los desafíos que enfrentan nuestros países en términos de amenazas a la gobernabilidad democrática y a su impostergable misión de contribuir a la incorporación de millones de ciudadanos que aún continúan viviendo en la marginalidad y la pobreza.
Oficializadas como han sido las candidaturas del ministro del Interior chileno José Miguel Insulza, la del ex presidente salvadoreño Francisco Flores y del actual canciller de México Luis Ernesto Derbez, lo que sigue será un ejercicio de finas estrategias y complejas negociaciones en donde cada candidato y sus respectivos gobiernos harán todos los esfuerzos por captar los respaldos —aún no definidos— que le aseguren los 18 votos necesarios para optar por la Secretaría General de la organización.
Hasta donde se conoce, ninguno de los aspirantes cuenta al momento con los votos suficientes que le garanticen una victoria. Ni siquiera el ministro Insulza, figura de respeto y sólidas credenciales, cuya candidatura arrancó con buena acogida y es presentada como “el candidato de América del Sur” en virtud del respaldo que le han brindado varios países de la región, aunque no todos. Así, se perfila una dura pulseada por captar los votos del Caribe que resultarán esenciales para quien aspire a conducir la OEA. Algunos candidatos —como el ex presidente Flores y el canciller Derbez— han planteado que la escogencia del secretario general debe realizarse en las próximas semanas, a diferencia del aspirante chileno, quien prefiere no anticiparlas, pues adelanta gestiones diplomáticas en los Estados Unidos y próximamente hará lo propio con los países del Caribe.
Tal como están las cosas en este momento, y ante la ausencia de consenso en una de las candidaturas, lo más probable es que se acuda a una votación en la que también luce poco factible que alguno de los tres actuales candidatos pueda obtener los apoyos necesarios para resultar triunfador, a menos que los países del Caribe decidan respaldar en bloque a una de las opciones. Si se pasa a una segunda votación entre los aspirantes más votados, se podrían plantear nuevos escenarios en los que los 34 miembros de la OEA —ya liberados del compromiso de votar por una determinada candidatura— puedan hacerlo por otra de las opciones.
En una coyuntura como ésta, y partiendo de la premisa de que la candidatura del ex presidente Flores es la que menos apoyos exhibe —sin haber logrado siquiera el consenso de su propia subregión—, el candidato chileno está obligado a reunir el mayor número del voto caribeño, una región que muestra pocas sintonías con los países del sur del hemisferio. Mientras que las aspiraciones del canciller mexicano —de quien se dice que ya cuenta con el compromiso de voto de algunos gobiernos del Caribe— podrían resultar fortalecidas, no sólo por la influencia de México en dicha región, sino por sus estrechos vínculos con estos países como miembro de la Asociación de Estados del Caribe y del Grupo de los Tres, al que pertenece junto a Colombia y Venezuela.
Lo que podríamos inferir de todo este complejo escenario es que Estados Unidos, al apoyar oficialmente una candidatura que luce debilitada, podría estarlo haciendo para honrar su compromiso original cuando asumió la candidatura del ex presidente Flores. Sin embargo, consciente de que ningún candidato tiene el respaldo suficiente para ganar en una primera votación, se inclinaría a apoyar al aspirante mexicano en una segunda ronda, con quien podría articular una estrategia de consolidar los apoyos de ambas candidaturas. Siendo así, parecería inevitable que se cumpliese, una vez más y para bien o para mal, aquello de que todos los candidatos que han alcanzado la Secretaría General de la OEA lo han hecho de la mano de Estados Unidos.
* Artículo publicado en el diario El Nacional, de Venezuela, Jueves 03 de Febrero de 2005.
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