“¿Por qué se han agriado tanto las relaciones? La economía es parte del por qué. Durante los años finales de los 80 y los 90, América Latina acogió las políticas de libre mercado y se desplazó entusiásticamente hacia la órbita de EEUU.”
Richard Lappera
Sólo tres meses de ostentar Condoleeza Rice el cargo de secretaria de Estado de
Estados Unidos, el hecho de que ya haya realizado un recorrido de seis días por
cuatro países de América Latina es ampliamente bien acogido por aquellos que
temen que el presidente George W. Bush haya olvidado su promesa de prestar una
mayor atención a la región.
Cuando los presidentes del hemisferio,
incluyendo a Bill Clinton, sostuvieron la primera Cumbre de las Américas, hace
más de una década, el optimismo extendido se debía a que se había establecido
una relación más cálida. Pero desde entonces, las relaciones entre EEUU y sus
vecinos han estado marcadas por una división creciente.
“Ha habido un
cambio en la forma”, dice Peter Hakim, presidente de Diálogo Interamericano, un
foro político con sede en Washington.Ni el resurgimiento en el crecimiento
económico durante los últimos dos años –la expansión de 5.8% en 2004 en América
Latina y el Caribe fue la más rápida en un cuarto de siglo–, ha evitado crisis
institucionales y el resurgimiento del anti-norteamericanismo.
“Este es
un vecindario muy problemático. El nuevo brote de crecimiento no está haciendo
más que enmascarar los problemas”, dice un alto funcionario de una institución
multilateral en Washington.Los problemas en los países más pequeños y
vulnerables que dependen del apoyo de EEUU han engrosado y se han producido
rápidamente. Cuando Lucio Gutiérrez, el presidente pro-norteamericano de Ecuador
fue derrocado el mes pasado por el Congreso de su país, fue la séptima ocasión
en igual número de años en que un gobierno latinoamericano electo no logra
completar su periodo.
Carlos Mesa, el presidente moderado de Bolivia,
quien ya trató de renunciar una vez este año, en cualquier momento pudiera ser
sacado del cargo en medio del descontento por sus políticas sobre la energía. El
presidente Enrique Bolaños, de Nicaragua, ha sido despojado de muchos poderes
por un Congreso y una Judicatura controlados conjuntamente por los izquierdistas
sandinistas y Arnoldo Alemán, un ex presidente de derecha, sentenciado a 20 años
de prisión por corrupción.Aunque a algunos de los países más grandes les está
yendo mejor –los gobiernos de centro-izquierda en Chile y Brasil, y una
administración de centro-derecha en Colombia han fortalecido sus instituciones–,
la mejoría no es uniforme.
En Venezuela, que suministra a EEUU entre 13%
y 15% de su petróleo, el presidente Hugo Chávez rige el experimento político
anti-norteamericano más radical en América Latina, desde que los sandinistas
ganaron las elecciones hace 15 años. Washington está preocupado por el aumento
de su armamentismo –protestó contra la compra de armas de Venezuela a Rusia de
100,000 fusiles automáticos– y por los supuestos vínculos entre el señor Chávez
y las guerrillas de izquierda colombianas (FARC).Algunos de los ejemplos más
claros de la crisis de Washington en su relación con América Latina se han
producido con los vecinos más cercanos de EEUU.
Las relaciones con
México, que mejoraron como resultado de una integración económica más estrecha
después del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1994, se han visto
seriamente dañadas por un diferendo sobre migración. Bajo presión para controlar
la porosa frontera entre ambos países, EEUU aprobó la semana pasada una
legislación que le hará la vida más dura a millones de latinoamericanos que
viven y trabajan en EEUU sin documentos oficiales. En algunas áreas de la
frontera se construirá una barrera física para facilitarle el trabajo a la
policía.
Santiago Creel, el ministro de Interior de México, calificó la
legislación de “negativa, inconveniente y obstruccionista”.Quizás nada destaque
más los problemas del señor Bush en América Latina que las dificultades que
enfrenta el Acuerdo de Libre Comercio de América Central (CAFTA), un pacto
destinado a consolidar las concesiones del comercio con República Dominicana,
Nicaragua y otros cuatro países de América Central. La creciente oposición de
los grupos de cabildeo proteccionistas de los sectores textil y azucarero,
además de los sindicatos, amenazan la aprobación del CAFTA por el Congreso.
Los costos de la pérdida del acuerdo pudieran ser muy altos. Los países
del CAFTA son vulnerables económicamente, altamente dependientes del acceso al
comercio de EEUU para mantener industrias textiles importantes. Y los
presidentes de la región, en su mayoría, son líderes voluntariosos, de
centro-derecha y favorables al comercio, que estuvieron entre los aliados del
señor Bush en la guerra en Irak. Un fracaso para recompensar esa lealtad sería
un golpe sumamente decepcionante.La aprobación del CAFTA también es decisiva
para la agenda de comercio de la administración. El comercio constituyó el único
logro real del señor Bush en la región durante su primer periodo: su
administración selló un pacto de libre comercio con un país sudamericano, Chile,
por primera vez, en 2003.
Si la oposición al CAFTA tiene éxito, podría
ser un mal augurio para cualquier acuerdo de comercio más abarcador en América
Latina, que incluyera Brasil, Argentina y otros países latinoamericanos
productores eficientes de alimentos. “La credibilidad y compromiso de un acuerdo
de libre comercio está en juego con el voto del CAFTA”, añade Peter DeShazo,
director para las América en el Consejo de Estudios Estratégicos e
Internacionales, en Washington.
¿Por qué se han agriado tanto las
relaciones? La economía es parte del por qué. Durante los años finales de los 80
y los 90, América Latina acogió las políticas de libre mercado y se desplazó
entusiásticamente hacia la órbita de EEUU. Pero cuando la reforma, con
frecuencia dejó de generar crecimiento, la situación empezó a cambiar y muchos
países latinoamericanos culparon a EEUU de sus problemas. El fracaso de la
administración Bush en la ayuda a Argentina, cuando el país sudamericano
incurrió en la desastrosa crisis de deuda a finales de 2001, fue particularmente
dañina para su imagen en la región.
“Tenga Washington o Wall Street
realmente la culpa o no, muchos latinoamericanos creen que EEUU los condujo por
el camino florido un tiempo, pero sencillamente no les interesó continuar cuando
las cosas se pusieron difíciles”, dice Julia Sweig, una especialista en América
Latina del Consejo de Relaciones Internacionales, con sede en Nueva
York.Irónicamente, la recuperación económica de los dos últimos años no ha
ayudado a restablecer el apoyo a las políticas pro mercado, puesto que parte del
crecimiento no ha sido resultado de la liberalización, sino del auge en la
demanda de materias primas.
La demanda china ha subido para tres rubros
–soya, cobre y mena de hierro – que Brasil, Argentina, Chile y Perú poseen en
abundancia -, mientras que la subida en los precios del petróleo, también en
parte debido a la demanda china, ha ayudado a los exportadores latinoamericanos.
La mejoría del panorama del comercio también redujo la dependencia brasileña y
argentina de los mercados financieros internacionales.Por otra parte, una serie
de líderes de centro-izquierda –en Argentina, Brasil y Uruguay, por ejemplo–
deben su elección a la inquietud popular sobre las políticas que funcionan
gracias al mercado, han respondido a esto, y a la hostilidad de la política
norteamericana en Irak, mediante la re-orientación de su política exterior.
Brasil ha forjado vínculos más estrechos con países como Rusia, India,
África del Sur y China, además de formar foros regionales como la Unión
Sudamericana, que excluye a EEUU. El experimento populista del señor Chávez
también aportó una visión de un modelo alternativo –si bien, uno que es, casi
con certeza, insostenible, y que la mayoría de los países en la región han
rechazado–.
El señor Chávez ha canalizado la bonanza proveniente del
petróleo de su país hacia escuelas, clínicas y un sistema básico de salud: la
popularidad de estas políticas ayudó al líder venezolano a ganar el referendo
revocatorio del año pasado, así como las elecciones regionales. Hay señales de
que este tipo de receta pudiera ser atractivo para los electores en lugares como
Ecuador, rico en petróleo, y Bolivia, que se ufana de tener las segundas mayores
reservas de gas natural de América del Sur.Las relaciones de EEUU con América
Latina también han sido distorsionadas por las preocupaciones de Washington con
el comercio ilegal de drogas –lo que significa que Colombia, el mayor suplidor
mundial de cocaína, reciba la vasta mayoría de la ayuda económica y militar que
EEUU le ofrece a América Latina–, y por poderosos grupos de cabildeo, como el
cubano-americano derechista hostil a Fidel Castro.
Reflejando los
vínculos del señor Bush con los políticos de La Florida, los cubano-americanos,
cuya absoluta prioridad es el mantenimiento del embargo económico contra Cuba,
han tendido a dominar las instituciones responsables de la política hacia
América Latina.Otto Reich, el primer nominado del presidente como secretario de
Estado asistente para el hemisferio occidental, es un cubano-americano que
estuvo estrechamente asociado con las políticas anticomunistas de Ronald Reagan
en América Central y el Caribe durante la década de 1980.
La designación
del señor Reich nunca fue aprobada por el Congreso. Roger Noriega, el actual
titular del cargo, trabajó con Jesse Helms, el senador por Carolina del Norte
conocido por su ferviente anticomunismo.Dicen los críticos que esta inclinación
ideológica ha conducido directamente a errores políticos. Hace tres años, EEUU
dio la impresión de que había reconocido a un gobierno de derechas que asumió
brevemente el poder, después de lo que resultó al final un fallido intento de
golpe contra el señor Chávez.
Ese mismo año, el embajador de EEUU en La
Paz aconsejó públicamente a los bolivianos a que no votaran por Evo Morales,
quien como líder de los cosechadores de coca del país –la materia prima de la
cocaína–, es una “bête noir” para Washington. El consejo atizó el
antinorteamericanismo y contribuyó a una fuerte demostración del señor Morales
en las urnas.
Más recientemente, la administración Bush no logró que sus
candidatos fueran elegidos para el cargo de secretario general de la
Organización de Estados Americanos. El señor Noriega respaldó la candidatura de
Francisco Flores, un ex presidente de El Salvador, y después a Luis Derbez, el
ministro de Relaciones Exteriores conservador de México, frente a José Miguel
Insulza, el socialista moderado pro-norteamericano de Chile, respaldado por
Brasil, Argentina y Venezuela. Solo después de unas elecciones muy disputadas y
la intervención de la señorita Rice, fue que EEUU apoyó al señor Insulza.Ahora,
cuando las tensiones en la región son más aparentes, hay algunas señales de un
cambio.
La señorita Rice designó como su segunda a Robert Zoellick, el
ex representante de Comercio de EEUU, quien tiene fuertes vínculos con Brasil y
otros países de América del Sur. El secretario de Estado se ha mantenido en en
contacto regular con Enrique Iglesias, presidente del Banco Interamericano de
Desarrollo, y defensor de un mayor compromiso multilateral en la región. Y
cuando EEUU finalmente respaldó al señor Insulza en la elección de la OEA, la
señorita Rice aseguró su acuerdo de presionar más al señor Chávez.
Según
el señor Hakim, este punto de vista más realista será esencial para lidiar con
Venezuela.”El problema está en que EEUU se ha llegado a ver como un país
monotemático. Con el fin de relacionarnos de manera efectiva con Venezuela,
tenemos que movilizar el apoyo de otros países, pero para hacerlo tenemos que
pensar en la región de manera más amplia, y reconocer sus interconexiones”,
dice. Sin embargo, nada de esto rendirá frutos si EEUU es incapaz de ayudar a
sus aliados más cercanos, particularmente los más débiles y vulnerables países
del CAFTA.
Esa es la razón de por qué la aprobación del CAFTA, que será
presentado al Congreso en las próximas semanas, será un momento tan crítico. De
no lograrse la aprobación, como lo expresa el señor Bolaños, presidente de
Nicaragua, se le demostrará a América Latina que EEUU puede “firmar cualquier
cosa, pero no cumplirla”, una falta de confianza que debilitará más aún su
estatus e influencia en toda la región.El señor Hakim comentó: “La impresión en
América Latina no va a ser que Bush tiene problemas con el Congreso, sino que,
sencillamente, a la administración no le importa lo suficiente”.
VERSION
AL ESPAÑOL DE IVAN PEREZ CARRION
Fuente: Hoy
Digital- República Dominicana y Financial Times