Política

Una coalición internacional en apoyo a la disidencia de Cuba: estrategia acertada

Elías Amor Bravo

Fuerte apoyo internacional. Este es uno de los retos principales de las organizaciones disidentes de Cuba para abrirse paso en un régimen hostil y represor. Cuanto más intensa sea la colaboración, el estímulo y la defensa exterior de la lucha a favor de las libertades, derechos humanos y pluralismo en la Cuba, mas difícil será para Castro mantener la política de represión iniciada en la primavera de hace dos años.


Iniciativas no han faltado. Desde la apuesta por la unidad de las organizaciones del exilio, iniciada a comienzos de los años 90 cuando el derrumbe del telón de acero hacía presagiar para el castrismo un final inmediato, hasta el reciente apoyo conseguido en Washington con la firma de un acuerdo de diversos representantes de países del Este de Europa, la causa por las libertades en Cuba merece todo el apoyo y el estímulo de quiénes creen en la democracia y los derechos humanos.


La razón es obvia. El adversario es especialmente agresivo y no atiende a razones. Otros regímenes políticos de talante opresor se han visto abochornados a nivel internacional y han tenido que abandonar, provocando intensas transformaciones en sus estructuras institucionales. No es éste el caso de la Cuba de Castro. Durante más de 4 décadas la transformación sufrida por la sociedad cubana ha sido de tal magnitud que cualquier parecido con evidencias en otros países es inexistente.


Lo hemos destacado en varias colaboraciones anteriores. El régimen ha conseguido reafirmarse en todos estos años gracias a una hábil combinación de elementos institucionales y políticos. En primer lugar, empujando a Cuba fuera del sistema de valores, creencias y actitudes que se comparten en la sociedad occidental. Esto impide realizar un contraste directo entre el funcionamiento adverso de las instituciones políticas en la Isla y en otros países con gobiernos y sistemas represivos similares, llegando incluso a la manipulación de indicadores estadísticos para ofrecer una imagen distorsionada de la realidad cubana. Todavía existen sectores relativamente amplios en la izquierda europea, por ejemplo, que consideran que Cuba es un modelo a seguir. Ahí se encuentra una de las primeras estrategias de éxito.


En segundo lugar, justificando una pésima gestión de la economía cubana con el argumento del bloqueo, del embargo y una serie de presiones internacionales cuyas evidencias son insostenibles. Los males de la economía cubana, su baja productividad, su incapacidad exportadora, su indefinición en la economía mundial, son persistentes, causan un grave daño a los habitantes de la Isla, y en absoluto se pueden resolver con la opción totalitaria e intervencionista del gobierno de Castro. Los escasos procesos de apertura y liberalización han terminado en giros de 180º hacia la ortodoxia estalinista en asuntos económicos, cuando se obtienen nuevos recursos financieros en el exterior, llámese petróleo de Venezuela, por ejemplo.


En tercer lugar, el aislamiento y acoso a la disidencia, la persecución y el encarcelamiento de aquellos grupos que empiezan a abrir espacios en la escasa sociedad civil que existe en la Isla. Sin comunicaciones ni plataformas legales para la difusión de las ideas, con unos medios de comunicación al servicio de la propaganda del régimen, con espías y delatores integrados en las estructuras de las organizaciones y todo tipo de mecanismos de persuasión y chantaje para frenar y reprimir la disidencia, las organizaciones opositoras en Cuba han sido blanco de los ataques del régimen y uno de los principales baluartes a destruir. Por ello, cuando las organizaciones del exilio plantearon la necesidad de dar apoyo continuo a esos grupos, muchas veces minoritarios y casi personales, se acertó plenamente en la estrategia. Son ellos los que han conseguido ir acumulando anomalías en el paradigma político del castrismo, y en definitiva, son ellos quiénes van a recibir el poder legítimo de las urnas democráticas cuando esta etapa “revolucionaria” toque a su fin.


Por este motivo, estar al lado de estas organizaciones disidentes, estimular su actividad, apoyarlas económicamente, divulgar sus actuaciones y dar a conocer al mundo sus dirigentes y estructuras, siempre con el cuidado de que al hacerlo así no se ponga en peligro dentro de la Isla a sus miembros, es una misión que nos corresponde a todos, cada uno en su ámbito. Felicitar la iniciativa y a quiénes han estado detrás. Y desde luego, cuestionar el papel de gobiernos como el socialista español, que han perdido una oportunidad de entrar a formar parte de la gran coalición internacional en apoyo de la disidencia cubana que se ha visto en la embajada de la República Checa en Bruselas. Las declaraciones del ministro de exteriores español Moratinos en La Vanguardia este fin de semana son el ejemplo “Ni Cuba, ni Bolivia, ni Venezuela son nuestra prioridad en América Latina”.

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