Me refiero, amable lector, al marco especialmente complejo de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y España. La llegada del PSOE al poder en 2004 supuso un punto de inflexión en el clima de colaboración, diálogo y entendimiento abierto por los gobiernos de Aznar, y desde entonces, sólo hemos podido apreciar noticias adversas, falta de comunicación y distancia entre dos países.
Elias Amor Bravo
¿Quién lo iba a decir? Y mucho menos, ¿quién podría pensar que algún día sucedería? En los lejanos años 60, cuando centenares de miles de cubanos de toda índole se veían obligados a abandonar sus pertenencias y escapar de la amenaza de muerte de un régimen que entonces recibía el más firme respaldo de las izquierdas europeas, y contaba con numerosas adhesiones de amplios sectores que vivían de espaldas a la realidad la dura experiencia cubana, nadie pudo llegar a pensar que cuarenta años después, aquel trauma humano tendría las consecuencias del presente. Dura fue la travesía en España o México de familias destrozadas por el chantaje revolucionario, que retenía a los hijos en la Isla por una pretendida edad militar, y permitía a los mayores la salida hacia un exilio difícil y triste.
Fueron muchos los españoles que pasaron por aquella experiencia. Trabajaron en los más diversos oficios, muchos de ellos distintos de los que habían desempeñado en bancos, clínicas, escuelas o universidades en Cuba. El régimen cubano les impedía traer sus diplomas, y mucho menos facilitaba el reconocimiento profesional, por lo que se veían obligados a empezar de “menos cero”, en duras condiciones, lejos de sus seres queridos, de las familias, de los lazos de relación social.
A muchos tuve la oportunidad de conocer y seguir sus trayectorias personales y humanas. Y de ellos, como no podría ser de otro modo, me siento especialmente orgulloso porque forman parte de mi propia historia personal. Muchos, por desgracia, ya no están a nuestro lado, como mi padre o mis abuelos, que fallecieron en esta larga espera del castrismo. Otros permanecen entre nosotros con el deseo y la añoranza de la tierra que dejaron atrás, y la recuperación de las libertades democráticas que Cuba había disfrutado durante buena parte de los 57 años de su existencia anterior a la “revolución” castrista. Pero todos han podido salir adelante, han reconstruido sus vidas y lo que es más importante, han conseguido que sus hijos y nietos se sitúen en posiciones de partida muy superiores, a pesar de que los comienzos, como ya he señalado, fueron muy difíciles. Hace algunos años, Vargas Llosa dijo que el exilio cubano era un “gran incomprendido” de la historia, y creo que bastante razón hay en sus palabras, pero los hechos son los hechos, y ahora tenemos una gran oportunidad para ello.