“Los franceses se opusieron a la constitución por una multitud de razones: algunos temían que creara un super-estado ajeno al orgullo francés y al propio entendimiento, porque difuminaría la soberanía. Otros votaron contra él para expresar su desavenencia con la clase política francesa.”
Tom Goeller
Con su vehemente ´No´ al tratado constitucional de la UE en el referéndum del
domingo, el pueblo francés, entre otras cosas, ha castigado finalmente al
presidente Jacques Chirac por sus errores en asuntos exteriores. Podría parecer
un rechazo a los objetivos políticos europeos, y podría parecer como si sólo
fuera relevante en la UE, pero el voto en realidad tendrá un impacto profundo en
las relaciones trasatlánticas y en la economía mundial.
Los franceses se
opusieron a la constitución por una multitud de razones: algunos temían que
creara un super-estado ajeno al orgullo francés y al propio entendimiento,
porque difuminaría la soberanía. Otros votaron contra él para expresar su
desavenencia con la clase política francesa. También quisieron extender sus
pulgares hacia abajo a una posible entrada de Turquía en la UE. En pocas
palabras, el No a Europa en realidad fue un esfuerzo por poner en aprietos al
gobierno francés. Funcionó. ¿Ahora que?.
Primero de todo, los americanos
pueden sentarse tranquilamente y observar cómo una fuente de problemas veterana
ha creado ahora un problema para ella misma y para su país. Como el poeta alemán
Goethe exclamó una vez en su “Aprendiz de hechicero”, a Chirac sólo le queda ser
salvado por los espíritus que invocó. Mientras adoctrinaba al país con el
eslogan de “francés primero” e intentaba hacer de Francia un serio competidor de
Estados Unidos atacando constantemente al Presidente Bush, no prestó atención a
las necesidades y preocupaciones reales de sus compatriotas.
Es lo mismo
que hizo su colega alemán Gerhard Schröder en Berlín. Ambos líderes pagan hoy el
precio de sus políticas egoístas y cortas de miras. Finalmente, su electorado
entiende que estos líderes están en el camino equivocado. El único modo de
detenerlos es pisar el freno. Mientras los alemanes expresaron su rechazo sólo
al bajo nivel de unas elecciones regionales hace una semana, los franceses
eligieron infligir más daño al rechazar la constitución europea.
Chirac
dijo al electorado francés en un discurso que está “enormemente decepcionado”
con su non. “La decisión de Francia crea inevitablemente un contexto difícil
para la defensa de nuestros intereses en Europa”, dijo. Los ambiciosos objetivos
de Europa peligran hoy. Todo comenzó en marzo del 2000, cuando los dirigentes y
los gobiernos de la UE acordaron hacer de la UE “la economía más competitiva y
dinámica en el 2010”. En otras palabras, desbancar a Estados Unidos. Aunque se
hizo algún progreso en innovación de la economía de Europa, a comienzos del 2005
estaba claro que estos objetivos no se cumplirían.
También en el 2000,
el ministro de exteriores alemán, Joschka Fischer, que en la práctica es el
cerebro de la constitución europea, esbozó su visión de un congreso continental
europeo. En un discurso en la Universidad de Georgetown sorprendió a la
audiencia norteamericana con su declaración de que “Europa necesita una
convención de Filadelfia como la de 1787”.
Los planes de Fischer para
unos “Estados Unidos de Europa” se encontraron con la oposición casi inmediata
de los franceses. Lo que surgió como la constitución final de la UE pretendía
más o menos [unos] “asuntos exteriores unidos”. Eso es exactamente lo que
propuso Thomas Jefferson en 1787: “Mi idea es que deberíamos hacer una nación en
cada apartado de los asuntos exteriores, y [naciones] separadas en lo que es
meramente nacional”. Hoy, hasta un mínimo Jeffersoniano se ha ido por el
desagüe, y con él, un montón de esperanzas dentro de Europa.
Para la
Unión Europea, el resultado confirma que el decisivo motor franco-alemán se está
agotando. Mientras que la UE aún funcionará principalmente como unión económica,
el futuro de la integración europea continúa siendo oscuro. Se plantearán nuevas
cuestiones acerca de las nuevas adhesiones de países del Este de Europa, y la
adhesión de Turquía peligra. También habrá un impacto significativo sobre la
estabilidad e independencia política de países como Ucrania o Georgia. Ambos
podrían, para satisfacción del presidente ruso Vladimir Putin, optar por
vínculos cercanos con sus vecinos grandes en lugar de poner sus esperanzas en un
Occidente que es reticente a integrarlos.
Para Estados Unidos, las
consecuencias están claras. Washington tendrá que tratar aún con los escorpiones
europeos a un nivel individual bilateral. En lo que respecta al futuro
previsible, no tendrá ningún competidor en los temas mundiales, ni un aliado
fuerte con el que poder compartir sustancialmente la carga de combatir las
amenazas contra las sociedades occidentales.
Mientras los europeos en
general afrontan los mismos retos por parte de fundamentalistas musulmanes que
Estados Unidos, la UE no será capaz de actuar en consecuencia en su propia
defensa. Los europeos continuarán siendo vulnerables sin el paraguas militar
norteamericano. Así que, al final, el non francés significa que el contribuyente
americano tiene que continuar pagando la seguridad y la defensa europeas. A este
respecto, los franceses han desairado a los americanos una vez más.
Fuente: TechCentralStation
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