Economía y Sociedad

El medicamento milagroso contra la hepatitis C cuesta 100 veces más en EE.UU. que en Egipto

Egipto, el país con la mayor tasa de infectados por hepatitis C, es un buen campo de pruebas para ensayar cómo suministrar medicinas caras a países pobres. Lo han hecho, mediante acuerdo con el gobierno, unos laboratorios farmacéuticos norteamericanos. Sin embargo, la solución es objeto de críticas por parte de distintas ONG: dicen que el aparente altruismo de la empresa esconde una maniobra para controlar el mercado y que impone condiciones abusivas a los pacientes egipcios.

Según la OMS, alrededor de medio millón de personas mueren cada año por lesiones derivadas del virus de la hepatitis C (VHC) –cirrosis y cáncer de hígado, en especial– y 150 millones están infectadas.

El país más golpeado por esta enfermedad es Egipto, donde se estiman 150.000 nuevas infecciones al año. Están causadas en gran parte “por la reutilización de jeringuillas desechables, pinchazos accidentales, instrumentos médicos infectados e incluso por compartir cortaúñas y cepillos de dientes entre miembros de una misma familia”, explica Donald McNeil en un artículo del New York Times (NYT). Hoy día, no menos de un 10% de la población, casi 9 millones de personas, están infectadas: es la mayor tasa del mundo.

La gran explosión del VHC en Egipto se produjo en los años 60 y 70, durante las campañas de vacunación del gobierno contra la esquistosomiasis, una enfermedad parasitaria producida por el agua insalubre. Desgraciadamente, el remedio fue peor que la enfermedad: las agujas sin esterilizar que iban pasando de un brazo a otro propagaron el VHC.

En 2013, una empresa farmacéutica de California, Gilead Sciences, lanzó al mercado Sovaldi –sofosbuvir es el nombre genérico–, un medicamento que cura hepatitic C en tres meses, y sin los graves efectos secundarios de remedios anteriores. El único inconveniente es el precio: en Estados Unidos, la dosis diaria cuesta 1.000 dólares, y el tratamiento de 12 semanas, 84.000. En España hubo una polémica entre el gobierno, que quería limitar la administración del fármaco con cargo a la sanidad pública a los casos más urgentes, y las asociaciones de pacientes, que lo reclamaban para todos los enfermos, unos 50.000.

Para la sanidad egipcia, con muchos más afectados y menos dinero, el medicamento resultaba sencillamente inasequible. Hasta que en marzo de 2014, el gobierno egipcio firmó un acuerdo con Gilead para adquirir Sovaldi con un 99% de descuento. De este modo, el gobierno pagaría la dosis diaria a 10 dólares, y el suministro a la población sería gratuito.

Altruismo dudoso

La estrategia de Gilead ha sido muy criticada en los países occidentales. Por una parte, se consideran abusivas las restricciones que ha impuesto para impedir la salida del fármaco al mercado negro. Cuando un paciente acude a la farmacia para retirar el primer bote de pastillas, tiene que abrirlo en presencia del farmacéutico y tomar allí mismo la primera dosis. Para obtener cada bote sucesivo, tiene que llevar el anterior vacío.

Algunas ONG consideran estas condiciones humillantes y contrarias al derecho de los pacientes a la intimidad. Por otra parte, un enfermo dijo al NYT que comprendía esas exigencias: es pobre, explica, y si pudiera salir de la farmacia con el bote de Sovaldi lleno y no tuviera que devolverlo vacío, iría a venderlo para sacar dinero.

Otra crítica es que Gilead da imagen de generosidad a bajo costo, mientras mantiene el precio exorbitante en la mayor parte de su mercado mundial. Según un informe de hepCoalition.org (HC) –ONG dedicada a favorecer el acceso a medicamentos contra el VHC– afirma que el descuento en Egipto no supone una carga real para la empresa farmacéutica, cuyo principal mercado no es África, sino los países del G-7.

Cuando no suministra el fármaco, Gilead “permite que 11 compañías indias y dos egipcias produzcan sofosbuvir bajo licencia y lo vendan al precio que quieran, con un 7% de royalty a cambio”, explica el NYT. Estas licencias permiten la venta del genérico en más de 90 países –casi todos de renta baja–, pero excluye otros tantos de renta media y alta donde, según HC, vive un 46% de las personas afectadas por el VHC. “Las licencias de Gilead son un lobo disfrazado de cordero– afirma Tracy Swan, directiva de Treatment Action Group–. Obstaculizan el acceso a un tratamiento de millones de personas que necesitan urgentemente un tratamiento contra el VHC y perjudican al conjunto de la industria de genéricos”.

Gilead se defiende alegando que necesita recuperar la inversión hecha y obtener beneficios antes de que expire la patente en 2024. El problema de los países que no son pobres pero tampoco ricos es general, no se da solo con Sovaldi, pues solo los países en desarrollo pueden acogerse a la excepción prevista por la Organización Mundial del Comercio para fabricar genéricos con licencia obligatoria (sin autorización del titular de la patente). La fórmula experimentada en Egipto es una posibilidad más, que está siendo ha sido emulada por otras compañías farmacéuticas.

© Aceprensa

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