Política

No son buenos tiempos para la Organización de Estados Americanos

La OEA debiera ser una instancia de diálogo, donde la agenda, mutuamente concensuada, responda a la necesidades de nuestros países. Uno de los temas que debieran ser tratados con más extensión tiene que ver con el fortalecimiento de la democracia.

Sebastián Mantilla
La abrupta salida de su anterior secretario general, Miguel Ángel Rodríguez, la demora y el desgaste que implicó nombrar a un nuevo sustituto, así como la actuación tardía en Ecuador, son solo unos cuantos hechos que llevan a pensar de que la organización esté atravesando por uno de sus peores momentos. Por todo ello se hace necesario pensar en los desafíos que le esperan.

Luego de varios meses de incertidumbre y de puja con el canciller mexicano Derbez, el chileno José Miguel Insulza fue nombrado recientemente secretario general. Precedido de una buena imagen en el interior y exterior de su país, Insulza es conocido como negociador nato, político experimentado y diplomático de carrera. Estos atributos hacen de él la persona más idónea para manejar la organización en este delicado momento. Ahora, una de sus principales prioridades será devolver a la OEA la credibilidad e importancia que tenía años atrás. Para ello, dicen los entendidos, más que preocuparse de la estructura democrática de la organización, deberá lograr un compromiso sincero y efectivo con una agenda latinoamericana, convirtiéndola en el medio donde se traten temas de interés común y sea un foro de diálogo entre los países del hemisferio.

Recientemente se ha criticado a la OEA por no haber tenido una actitud rápida y firme frente a los hechos que llevaron al rompimiento del sistema democrático en Ecuador. Y es que ante la preocupante inestabilidad política en Bolivia, Perú y Venezuela, se teme que lo sucedido en Ecuador pueda expandirse a toda la región. En este sentido, luego del análisis extemporáneo de los acontecimientos que llevaron a la caída de Gutiérrez, los observadores de la OEA dieron a conocer los resultados de su informe al gobierno de Palacio invocando la necesidad de que se busquen soluciones concertadas dentro del país, pero tampoco descartaron la aplicación de la Carta Democrática Interamericana.

Según ciertos entendidos, detrás del problema ecuatoriano, se “esconderían las diferencias” de Estados Unidos con Venezuela para poder intervenir en ese país. Es decir, la intención de aplicar la Carta Democrática Interamericana no solo sería para establecer un precedente que permita evitar hechos similares a los ocurridos en Ecuador, sino también para intervenir en aquellos regímenes de izquierda que no comulguen con los intereses de los Estados Unidos. Me refiero con esto específicamente a Venezuela y Cuba. No es raro, entonces, que aparezca como una de las amenazas a la seguridad de los Estados Unidos el llamado “populismo radical”.

Así las cosas, el asunto importante, más que hablar del cumplimiento de la Carta Democrática Interamericana, se trata de crear un espacio donde se presenten y traten los temas críticos de la región. La OEA debiera ser una instancia de diálogo, donde la agenda, mutuamente concensuada, responda a la necesidades de nuestros países. Uno de los temas que debieran ser tratados con más extensión tiene que ver con el fortalecimiento de la democracia. Como vemos, por experiencia propia, el asunto de la estabilidad, de la gobernabilidad y de la consolidación de la democracia, no es un asunto meramente político, social o económico, sino también ético.

Fuente: El Comercio – Ecuador

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