América, Política

Perú y Argentina decidieron. Ahora Guatemala y Nicaragua

Desde 2009, América Latina se encuentra inmersa en un nuevo “rally” electoral que se prolongará hasta 2012. Durante estos tres años todos los países de la región (menos Paraguay, que lo hará en 2013) han celebrado, celebran o celebrarán elecciones legislativas, locales o presidenciales.

Desde el punto de vista político, es posible catalogar a 2011 como un año de gran intensidad electoral en la región latinoamericana, ya que se han llevado a cabo (o están por celebrarse) las siguientes contiendas electorales:

1- Presidenciales en cuatro países: primera y segunda vuelta en Perú; primera y segunda vuelta en Guatemala; comicios en Argentina y en Nicaragua;
2- Internas presidenciales en Argentina: PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias);
3- Referendum en Ecuador;
4- Judiciales en Bolivia;
5- A gobernador y municipales en Colombia, y
6- Comicios en varios estados de México y Argentina (entre ellos el Estado de México y la ciudad de Buenos Aires, ambos con gran peso y repercusión nacional).

Al cierre de este análisis, se han efectuado elecciones en Perú, referéndum en Ecuador, primera vuelta en Guatemala, elecciones judiciales en Bolivia –cita de características inéditas en América Latina– y las presidenciales en Argentina. Quedan pendiente de celebración los comicios a gobernadores y alcaldes en Colombia (30 de octubre), y la segunda vuelta en Guatemala y las presidenciales en Nicaragua (6 de noviembre).

Tras 2010, año caracterizado por el “giro al centro” (triunfos de los centroderechistas Sebastián Piñera en Chile y Juan Manuel Santos en Colombia y de la centroizquierdista Dilma Rousseff en Brasil), la región volvió a demostrar en 2011 su heterogeneidad política. Han triunfado candidatos políticamente muy diferentes: un izquierdista (ahora más moderado que en 2006) como Ollanta Humala en Perú, dos
centroderechistas como Otto Pérez Molina en Guatemala en la primera vuelta, y Mauricio Macri en la elección para jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, una izquierdista como Cristina Kirchner o un “socialista del siglo XXI” como Rafael Correa en el referéndum en Ecuador.

Elecciones presidenciales.

Las elecciones presidenciales de Perú fueron la primera cita electoral del año. En estos comicios, el país volvió a hacer gala de la volatilidad de su electorado y de la debilidad de su sistema partidario. La volatilidad se plasmó en los constantes vaivenes en la preferencia de los electores: el favoritismo hacia Luis Castañeda Lossio, ex alcalde de Lima de centroderecha, perduraba desde 2009 y se hundió a finales de 2010, dando paso a la figura ascendente del ex presidente Alejandro Toledo, quien encabezó las encuestas hasta marzo de 2011. Entonces, Ollanta Humala, que no había pasado hasta entonces de 12% de la intención de voto, logró situase por encima de 25 por ciento. La debilidad del sistema de partidos políticos peruanos quedó en evidencia cuando el APRA, un partido histórico y con gran implantación en el país, no fue capaz de presentar un candidato presidencial, pese a ser el partido oficial. Alan García se convirtió en el único presidente de América del Sur que no pudo apoyar a un posible sucesor de su propia ideología. Asimismo, esa debilidad partidaria se hizo patente cuando la centroderecha presentó tres candidatos –Pedro Pablo Kuczynski (Alianza por el Gran Cambio), Alejandro Toledo (Perú Posible) y Luis Castañeda– que lucharon por el mismo segmento del electorado, lo que condujo a la derrota electoral de ese espectro político, ya que ninguno accedió a la segunda vuelta. Finalmente, Humala se impuso en esa primera vuelta con 31,6% de los votos pero, al no alcanzar 50%, debió celebrarse una segunda vuelta. Junto a Humala, Keiko Fujimori (Fuerza 2011) pasó a la segunda vuelta con 23,55%, apoyada en el voto duro y fiel del fujimorismo. El gran fracaso, como señalamos, fue el de la centroderecha, ya que se habría impuesto una candidatura única en la elección pero, por separado, ninguno de ellos pudo pasar a la segunda vuelta (Kuczynski 18,51%, Alejandro Toledo 15,63 % y Luis Castañeda 9,83 %). Esa segunda vuelta, celebrada en junio, enfrentó a Ollanta Humala (que hizo hincapié en un discurso de mayor moderación, menos radical –menos “chavista”– que en 2006 e inspirado en el modelo de Lula da Silva) con Keiko Fujimori. Se trató de una pugna que polarizó al país y, sobre todo, a los medios de comunicación. Humala continuó con su discurso conciliador que le valió para lograr apoyos tan diversos como el de su antiguo rival el ex presidente Alejandro Toledo o el del premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa. Keiko Fujimori logró atraer más el voto de centroderecha, pero finalmente no fue suficiente para derrotar a Humala, que logró 51% del escrutinio.

En Guatemala, el candidato opositor Otto Pérez Molina se impuso en las elecciones presidenciales del 11 de septiembre (36%) pero sólo por 12 puntos de diferencia con respecto a Manuel Baldizón (24%), muy lejos de la casi mayoría en primera vuelta que vaticinaban las encuestas, por lo que el 6 de noviembre habrá una segunda vuelta. El resultado de esa primera vuelta mostró de nuevo algunas de las tendencias por las que atraviesa la región: pervivencia del voto favorable a las candidaturas de corte populista (Manuel Baldizón llenó su campaña de promesas, incluida una decimoquinta paga anual), fortaleza de las candidaturas de centroderecha (Otto Pérez Molina) y preocupación central por el tema de la inseguridad (Pérez Molina era el candidato de la “mano dura” y Baldizón el de la inmediata aplicación de la “pena de muerte”). Cabe destacar que si bien estos comicios rompieron con la tradicional apatía del electorado (65% de votación) confirmaron, al mismo tiempo, que se trata de un votante volátil poco vinculado a partidos e ideologías, entre otras cosas debido a la propia debilidad de un sistema político poco estructurado, con partidos sin cuadros cuya existencia se vincula a un liderazgo personalista y al clientelismo. La campaña no sólo estuvo marcada por el favoritismo de Pérez Molina sino por la decisión de la Corte Constitucional de rechazar, a un mes de las elecciones, la candidatura de la ex primera dama SandraTorres, por lo que, por primera vez en Guatemala desde 1986, el partido gobernante careció de aspirante presidencial. La Justicia alegó que el divorcio entre el presidente Álvaro Colom y Sandra Torres (que ocupaba el segundo puesto en las encuestas y contaba con 14% de intención de voto), representaba un fraude de ley destinado a facilitar la candidatura presidencial de Torres quien, por ser esposa del presidente, estaba imposibilitada constitucionalmente para presentarse como candidata. Así, Guatemala seguirá siendo el único país de la región en el que el partido en el gobierno nunca ha logrado repetir victoria desde que, en 1986, volvió la democracia, en una muestra más del débil sistema partidario con el que cuenta este país centroamericano y en la volatilidad y falta de fidelidad del electorado guatemalteco. Para la segunda vuelta del 6 de noviembre, las encuestas dan como favorito a Otto Pérez Molina, con 55% de la intención de voto, aunque Baldizón ha conseguido acortar la diferencia hasta situarse a 11puntos, con 44 por ciento.

En Argentina, las elecciones presidenciales del 23 de octubre (las séptimas desde el retorno a la democracia en 1983) dieron un contundente triunfo en la primera vuelta a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner (CFK) que logró la reelección en una campaña atípica y desabrida, pues desde las internas del 14 de agosto era evidente el holgado triunfo del kirchnerismo. CFK con casi el 54% de los votos, le sacó más de 35% de ventaja al segundo, Hermes Binner, quien obtuvo casi el 17%, y se aseguró la mayoría en las dos cámaras del Congreso. La reelección de CFK se explica por la consolidación de su liderazgo, acentuado desde el fallecimiento en octubre de 2010 de su esposo Néstor Kirchner, la muy buena coyuntura económica (pese a la alta inflación), el consumismo en alza y la pluralidad de programas sociales, todo ello unido a una oposición muy fragmentada, débil y encerrada en su laberinto de vanidades personales e individualismo. Con este rotundo triunfo el kirchnerismo gobernará 3 períodos seguidos (para un total de 12 años): los primeros cuatro años de Néstor Kirchner seguidos de los 8 años de Cristina Fernández de Kirchner. Ni Juan Domingo Perón, el fundador del peronismo, fuerza política a la cual pertenece el kirchnerismo, pudo lograr semejante record. Hay que remontarse a inicios del 1900 para rescatar tres periodos consecutivos de un gobierno del mismo signo, en ese entonces del radicalismo, con dos períodos de Hipólito Yrigoyen y uno de Marceo Torcuato de Alvear. Este aplastante triunfo abre en la Argentina un inédito ciclo de poder discrecional, que la presidente CFK puede utilizar para buscar el diálogo nacional y la construcción de consenso o bien para profundizar el modelo actual y la confrontación. Estas elecciones presidenciales sobrevolaron todo el año electoral en Argentina, donde hubo numerosas citas en las urnas tanto en provincias como en las llamadas internas (PASO) del 14 de agosto, donde el electorado debía escoger o ratificar a los candidatos presidenciales de los distintos partidos. Cristina Fernández de Kirchner ganó de manera abrumadora esas “primarias abiertas, simultáneas y obligatorias”, donde votó cerca de 78% del electorado, superando 50% de los votos emitidos y aventajando ampliamente al segundo más votado (Ricardo Alfonsín, de la Unión Cívica Radical, 12,7%) y al tercero (Eduardo Duhalde, del peronismo disidente, 12,6%) por más de 36 puntos. El cuarto fue el socialista Hermes Binner con 10,27%; quinto, Alberto Rodríguez Sáa –otro peronista disidente– con más de 8%, y muy lejos de todos ellos Elisa Carrió, con 3,24 por ciento. Al mismo tiempo, constituyó un triunfo que vino a romper una serie de derrotas electorales del kirchnerismo, que había perdido en varias de las elecciones provinciales más importantes del año, en concreto, en la Capital Federal (donde venció el centroderechista Mauricio Macri con más de 60% en la segunda vuelta), en Santa Fe (donde triunfó el socialista Antonio Bonfatti, heredero de Binner), así como en Córdoba, donde se impuso un peronista no kirchnerista (José Manuel de la Sota).

En Nicaragua, las elecciones presidenciales del 6 de noviembre, al mismo tiempo que la segunda vuelta de las guatemaltecas, cierran el año electoral en América Latina. Se presentan cinco coaliciones o partidos y el actual presidente Daniel Ortega aspira a la reelección. La oposición denuncia la inconstitucionalidad de su candidatura, ya que busca continuar en el poder por cinco años más no obstante que existe una norma constitucional que prohíbe la reelección inmediata. Esa norma, sin embargo, fue declarada inaplicable por magistrados oficialistas de la Corte Suprema de Justicia. Ortega, quien gobernó por primera vez de 1984 a 1990 e inició su segundo mandato en 2007, ha sido el único candidato presidencial del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en los comicios celebrados en Nicaragua en 1984, 1990, 1996, 2001, 2006 y, ahora, en 2011. El líder sandinista disputará la Presidencia frente a cuatro candidatos de la oposición, entre ellos el ex mandatario Arnoldo Alemán (1997-2002), de la alianza que encabeza el Partido Liberal Constitucionalista (PLC). Otro aspirante a la Presidencia es el empresario de radio y diputado del Parlasen Fabio Gadea –consuegro de Alemán– por una coalición presidida por el Partido Liberal Independiente (PLI) y apoyada por la principal figura de la oposición antisandinista, Eduardo Montealegre. El diputado liberal disidente y ex dirigente de la “Contra” Enrique Quiñónez se presenta en la contienda por el partido Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) y el académico Roger Guevara por una coalición de pequeños partidos encabezada por la Alianza por la República (APRE). Así, Nicaragua sigue atrapada en la tradicional dinámica caudillista (el tándem Ortega-Alemán) que no han podido romper las alternativas que apuestan por una mayor institucionalización política del país. Al cierre de este Informe, Ortega con el 45.8% encabeza la intención de voto para las presidenciales, con amplia ventaja sobre Gadea, que se ubica en segundo lugar con 33,5%. En el tercero se sitúa alemán con 11%, en tanto los otros dos candidatos no llegan a uno por ciento. De confirmarse estas tendencias, Ortega ganaría en la primera vuelta, ya que necesita superar 35% de los votos, con 10 de ventaja sobre el segundo, o alcanzar 40% de los votos válidos.

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