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La primera gira de John Kerry: Lejos de ser un éxito

A Egipto llegó Kerry el domingo con la promesa de $250 millones en ayudas para el gobierno del presidente Mohamed Morsi, miembro de los Hermanos Musulmanes. Esto no sentó nada bien a los líderes de la oposición egipcia y a los activistas políticos moderados

El secretario de Estado John Kerry volvió ayer a Estados Unidos tras su primera gira al exterior como miembro de la administración Obama. Y probablemente es con una sensación de alivio.

Ciertamente, Kerry fascinó a algunos medios de comunicación europeos (una tarea que no es precisamente difícil) al mostrar su habilidad oratoria. Pero en lo referente al mal planteamiento de la política de Estados Unidos en Siria y a la dura realidad en Medio Oriente, Kerry fue objeto de desaires y de un trato más bien frío.

En Roma, Kerry dio grandes titulares al conceder un tímido paquete de ayudas por valor de $60 millones a los rebeldes sirios, durante la conferencia “Amigos de Siria”, que se suponía que iba a ser el punto central de su viaje. En Washington, los legisladores se vieron sorprendidos por la oferta, al no haber recibido ninguna advertencia del cambio en la política de Washington. Y la oposición siria, para la que estaba destinada la oferta de ayuda de comida y medicamentos (aunque no de armas), se ha sentido realmente ofendida.

“Esto se está volviendo degradante”, comentó Mohamed Sarmini, vocero del Consejo Nacional Sirio, que constituye el principal órgano de la oposición siria. “La escalada del régimen ha convertido en estúpidas incluso nuestras súplicas no atendidas. Estábamos pidiendo misiles antiaéreos. ¿Qué se pide para contrarrestar los Scuds?” Un activista sirio citado por el Wall Street Journal denominó la oferta americana como “tonterías y mentiras para una gente que se está muriendo”.

En Turquía, una gélida recepción siguió a la tardía crítica realizada por Kerry el viernes pasado sobre la indignante declaración del primer ministro Recep Erdoğan de que el sionismo es uno de los “crímenes contra la humanidad”, hecha dos días antes en una conferencia de la ONU. De hecho, el ministro de Exteriores turco Ahmet Davutoğlu se mantuvo en sus trece y acusó a Israel, en una conferencia de prensa conjunta con Kerry, de ser el país agresor de la región. Nada menos.

Por su parte, Erdoğan se mostró claramente molesto cuando la delegación de Estados Unidos llegó con una hora de retraso a un encuentro en la residencia del líder turco, diciendo explícitamente que Kerry y Davutoğlu “deben haber hablado sobre todo, así que ya no nos queda nada de qué hablar”.

A Egipto llegó Kerry el domingo con la promesa de $250 millones en ayudas para el gobierno del presidente Mohamed Morsi, miembro de los Hermanos Musulmanes. Esto no sentó nada bien a los líderes de la oposición egipcia y a los activistas políticos moderados, que criticaron a la administración Obama por mostrarse incondicionalmente cercana al gobierno de Morsi. Gameela Ismail, líder del Frente de Salvación Nacional, comentó: “Uds. [la administración Obama] han respaldado…un gobierno militar y ahora están respaldando un gobierno religioso sólo porque sirve a sus intereses”.

Por otro lado, Mohamed el-Baradei, exdirector del Organismo Internacional de Energía Atómica y opositor político, rehusó acudir a un debate con Kerry en protesta por la política de Estados Unidos.

En líneas generales, Kerry demostró durante su viaje que hay todo un mundo de diferencia entre ser secretario de Estado con responsabilidades en la creación de una política de actuación así como en complicadas negociaciones y ser senador de Estados Unidos con un montón de opiniones sobre la política exterior de Estados Unidos. Conseguir avances en temas tan complejos es mucho más difícil de lo que parece.

Publicado originalmente en Heritage

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