La exposición de las ventajas de la reforma sanitaria ObamaCare quedó perfectamente clara. Pero esas afirmaciones sonaban fraudulentas antes incluso de tramitarse la ley
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR
Sábado, 10 de octubre 2026

La exposición de las ventajas de la reforma sanitaria ObamaCare quedó perfectamente clara. Pero esas afirmaciones sonaban fraudulentas antes incluso de tramitarse la ley
En septiembre de 2010, seis meses después de aprobar la Ley de Atención Asequible y a semanas de las sustanciales derrotas de su formación en las legislativas, el Presidente Obama reflexionaba en voz alta si la impopularidad del código no se debería a un fallo de comunicación por su parte. “En ocasiones me recrimino”, dijo a una audiencia reunida en Virginia, “no haber sido capaz de exponer más claramente al país las ventajas”.
A las habilidades de comunicación del presidente no les pasa nada. La exposición que hizo de las ventajas de su arrolladora reforma sanitaria fue directa y atractiva: Abarataría el acceso de todo estadounidense a la cobertura sanitaria, en especial a los más de 40 millones sin asegurar. Reduciría de forma significativa las primas de los seguros de los particulares y las familias. Se garantizaba que los estadounidenses que ya tuvieran un seguro sanitario de su gusto, o un médico de su gusto, tuvieran libertad para conservarlos.
La exposición de las ventajas de la reforma sanitaria ObamaCare quedó perfectamente clara. Pero esas afirmaciones sonaban fraudulentas antes incluso de tramitarse la ley. Ahora no queda nada de ellas — y se abre otra campaña de legislativas.
La Ley de Atención Asequible cumple esta semana 4 años, impopular como siempre. Ha sido rechazada en cientos de consultas nacionales, a menudo por márgenes superiores al 10 por ciento. A pesar de la elaborada e incesante campaña de márketing presentada por la Casa Blanca y sus aliados en apoyo al código, a los estadounidenses no les gusta hoy mucho más de lo que les gustaba cuando los Demócratas la sacaron adelante en el Congreso a rodillo por encima de la oposición Republicana cerrada.
A juzgar por los objetivos que se habían puesto sus propios partidarios, la reforma sanitaria viene siendo una catástrofe. Las promesas color de rosa relativas a que nadie se vería obligado a cambiar de galeno o de seguro han sido desmentidas. También la prometedora perspectiva de ahorros de 2.500 dólares en las primas de toda familia. En lugar de eso, la Ley de Atención “Asequible” presiona al alza las letras en la mayoría de los estados, llegando a duplicar el importe en ciertas regiones del país.
El votante recompensó al Partido Republicano por plantarse frente a la ley hace cuatro años, y hay una sensación cada vez más extendida de que este otoño volverá a hacerlo. Obama viene advirtiendo a los Demócratas desde hace meses que es probable que “salgan castigados” en las urnas el próximo noviembre. No es sólo el descontento generalizado con la legislación enseña del presidente lo que expone tanto a su formación — es la intensidad de ese descontento. “La gente que prefiere el ObamaCare, que es minoría, en realidad no es tan entusiasta con ella aun siendo partidarios”, dice el politólogo Larry Sabato, de la Universidad de Virginia. “Pero la mayoría de los que se oponen al ObamaCare están mucho más agitados, que son las personas que tienden a participar” en los comicios legislativos.
Se daba ampliamente por sentado en los dos frentes del debate que a medida que se implantara la Ley de Atención Asequible, las prestaciones y subvenciones al frente de la ley se convertirían rápidamente en cuestiones tan intocables que derogar el código sería enseguida un imposible político.
Hasta la fecha las cosas no han salido así. La mayoría de los estadounidenses no se han hecho a la idea de aceptar como elemento permanente de la ordenación pública el colosal código y sus obligaciones sin precedentes. Progres fervientes como la portavoz de la oposición en el Congreso Nancy Pelosi vienen diciendo a los Demócratas que se postulen como defensores sin cuartel de la reforma sanitaria ObamaCare, insistiendo en que se trata de una “cuestión electoral ganadora” para ellos. Pero para el Demócrata Alex Sink, castigado en las legislativas extraordinarias de Florida este mes por el Republicano David Jolly, la cuestión demostró ser motivo de derrota. El ObamaCare fue una cuestión clave de los comicios, que contrapuso el mensaje de “derogar y reemplazar” de Jolly con la temática de “no prescindir y corregir” de Sink. Ganó el candidato partidario de la derogación.
Unos comicios legislativos extraordinarios no demuestran por si solos que se avecine una marea Republicana, pero el resultado de Florida no pasó desapercibido para Scott Brown, que sabe mejor que muchos cómo se ganan unos comicios extraordinarios a cuenta de la fortaleza de la fórmula anti-ObamaCare. “Una enorme marea política está a punto de barrer América, y los Demócratas partidarios de la reforma sanitaria ObamaCare ocupan el bando equivocado de ésa marea”, decía Brown a una multitud Republicana reunida en Nashua tres días después de la derrota de Sink. “Si no nos gusta el ObamaCare, lo quitamos. Punto”.
Probablemente eso lo exagerara. La política es el arte de lo posible, y aun con un importante número de victorias en las legislativas, a los detractores del ObamaCare les sería imposible “quitarlo — punto”. Pero reemplazar el impopular mastodonte jurídico de los Demócratas con alternativas que amplíen la libertad y la competencia en el mercado de los seguros de salud, en lugar de censurarlas, no tiene nada de imposible. Cuatro años de reforma ObamaCare han puesto de relieve lo que la arrogancia, el engaño y el control coyuntural logran. No es raro que el votante quiera ver de primera mano si los Republicanos lo saben hacer mejor.
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR
// EN PORTADA
// LO MÁS LEÍDO
// MÁS DEL AUTOR/A