Política

Ahmadinejad y las motivaciones reales de Irán

Seguridad


Que nadie se lleve a error, Irán es antiamericano y anti-Israel. Mientras que esto no es ninguna revelación, un editorial del International Herald Tribune (29/30 de octubre del 2005) llega a esta conclusión como si fuera una verdad oculta, diciendo: “por fin nadie puede fingir que Irán no tiene motivaciones hostiles para su programa nuclear”. Los provocativos comentarios del presidente Ahmadinejad sobre Israel (ante alrededor de 3000 estudiantes en una conferencia titulada “Un mundo sin Sionismo”), su derecho a existir y la condena ofrecida a todos los que lo apoyen son reconocidos hoy como una amenaza genuina, incluso en los sectores que han sido tradicionalmente despreciativos de su importancia.


 


Gran parte de la denominada cobertura imparcial de los comentarios del presidente Ahmadinejad, tanto en esta ocasión como en el pasado, ha tendido a subestimar el significado de sus fuertes palabras. Se cree generalmente que el presidente Ahmadinejad es un joven político impulsivo — arengador, lleno de retórica. Se cree — más aún, se espera — que el expresidente Rafsanjani (de disposición más moderada) sea la fuerza motriz real tras las tentativas de negociaciones nucleares. Ésta es una conclusión reconfortante para aquellos que están molestos con Irán, pero hace poco por vislumbrar la dirección en la que Irán busca proyectar su poder. Además, si esta interpretación se afianza y gana terreno, puede llevar a una lectura complaciente y peligrosa de los hechos.


 


En el pasado, los comentarios del presidente Ahmadinejad han sido causa de vergüenza para su propio gobierno. Recientemente era citado en un diario de Dubai, en donde amenazaba los suministros energéticos mediante restricciones en las ventas de petróleo si Irán era llevado ante el Consejo de Seguridad de la ONU. En una tentativa de control de daños, la oficina del presidente Ahmadinejad negaba que hubiera hecho tales declaraciones y que tal entrevista existiese siquiera.


 


Pero asumir que en esta ocasión no hay una tentativa deliberada de subir la temperatura sería erróneo. No olvidemos que al comienzo de la Semana de la Defensa Sagrada en septiembre de este año, el presidente Ahmadinejad presidió un desfile que mostraba misiles balísticos Shahab, envueltos en eslóganes tales como Muerte a América, o Aplastaríamos a América bajo nuestros pies. Un acto bien planificado como éste no puede ser despreciado como mera impulsividad por parte de un político abiertamente expresivo. Irán se da cuenta de que su enorme fuerza radica en la amenaza de acciones, cualquiera que sea la fuerza que la acción pueda tener, en lugar de en tomar cualquier medida real. Con Rafsanjani entre bambalinas jugando al poli blando y el presidente Ahmadinejad haciendo declaraciones emotivas, se crea una confusión determinada, que dificulta ver las motivaciones reales de Irán, y los planes a corto y medio plazo — aunque sus objetivos a largo plazo en la región deberían ser muy claros, con el deseo de dominar en el centro de su política, destacadamente expresado plantando semillas de disidencia en Irak.


 


Así que asumir que Rafsanjani y Ahmadinejad no están trabajando juntos es, en esencia, un error grave; los objetivos de ambos son los mismos: un Irán militar y económicamente dominante en la región.


 


Irán está envalentonado, y en las circunstancias, ¿qué país no lo estaría? Irak es en el mejor de los casos un trabajo en curso, en el peor una guerra civil esperando estallar. Los precios de la energía, gracias a la creciente demanda global y en parte a los efectos del huracán Katrina, están disparados. E Irán jugando con éxito a la gallina con la IAEA, diciendo una cosa pero haciendo otra, mientras continúa trabajando, sin supervisión, hacia su objetivo de convertirse en potencia nuclear de la región.


 


Discutiblemente, los efectos más peligrosos del equilibrio Rafsanjani/Ahmadinejad son que ha hecho sobradamente difícil que Estados Unidos desarrolle una política clara hacia Irán, pero directiva desde Washington es precisamente lo que se necesita si van a resucitarse las conversaciones con los europeos.


 


Irán, con su patrocinio del terrorismo y su naciente programa nuclear, ha sido reconocido desde hace tiempo como un problema importante de la región. Se sabe que la acción exitosa en Irak dejaría a Irán una nación encarrilada y una desde la que las tendencias reformistas podrían vibrar, pero esta visión del mundo rechaza examinar la situación inversa, y la que todos afrontamos.


 


Así que, ¿ahora qué? Hay pocos a los que les gustaría ver un Irán nuclearmente armado — igual de preocupante para otras potencias de la región que para Estados Unidos y los países europeos. Contrarrestar los sueños de unos pocos demagogos en Irán no puede sobrepasar nuestra voluntad colectiva, a menos que cometamos la negligencia de no hacerles frente. La negación no es la base de ninguna política exterior.


 


Ziba Norman que es fundadora y directora del Transatlantic Institute, una organización educativa recién establecida radicada en Londres. También es miembro de la junta editorial de Prospect Magazine, y miembro de la Real Sociedad de las Artes. Sus artículos han aparecido previamente en The Observer, Prospect Magazine, y el RSA Journal.

Fuente: TechCentralStation

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

No se encontraron resultados

Menú