Desgraciadamente, la asistencia extranjera tiene un pobre expediente en promover el desarrollo. De hecho, no hay correlación entre ayuda y crecimiento y pocos expertos adentro o afuera de las agencias prestamistas están satisfechos con el desempeño de la ayuda externa. En la práctica, mucha de la ayuda ha sido hostil al crecimiento porque ha apoyado a gobiernos cuyas políticas mantienen en la pobreza a la gente. El resultado ha sido endeudamiento, no desarrollo.
¿Es tacaño los Estados Unidos? Cuando el jefe de operaciones de ayuda
humanitaria de la ONU, Jan Egeland, así lo sugirió a raíz del catastrófico
tsunami en Asia, él era el más reciente de los defensores de la ayuda externa de
juzgar la efectividad de la ayuda por sus intenciones, más que por su impacto
real.
Pero la ayuda para desastres del tipo requerida en Asia es muy diferente a la
ayuda para el desarrollo. Lastimosamente la afirmación de “tacaño” hecha por
Egeland fue la primera de una serie de llamados a incrementar los fondos
globales para el desarrollo usando la crisis de Asia como excusa. Reportando
sobre el desastre, el New York Times describió la ayuda total no
militar de Washington como un “monto lamentable”.
Es un error confundir la ayuda de emergencia con ayuda externa de largo plazo
destinada a promover el desarrollo. Los objetivos de cada una son diferentes y
la ayuda de emergencia representa una pequeña parte del total. Por ejemplo,
según la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo, de los $69
mil millones que los países ricos dieron a los países pobres en el 2003, solo un
8.5 por ciento fue para emergencias. La mayor parte de la ayuda todavía se
destina a promover objetivos tradicionales de ayuda tales como crecimiento y
reducción de la pobreza.
Desgraciadamente, la asistencia extranjera tiene un pobre expediente en
promover el desarrollo. De hecho, no hay correlación entre ayuda y crecimiento y
pocos expertos adentro o afuera de las agencias prestamistas están satisfechos
con el desempeño de la ayuda externa. En la práctica, mucha de la ayuda ha sido
hostil al crecimiento porque ha apoyado a gobiernos cuyas políticas mantienen en
la pobreza a la gente. El resultado ha sido endeudamiento, no desarrollo.
La lista del Banco Mundial de los 42 países pobres fuertemente endeudados y
que no pueden pagar sus préstamos—la mayoría de ellos en África—es una seria
acusación al proceso de ayuda extranjera. El noventa y siete por ciento de la
deuda a largo plazo es gubernamental o garantizada por gobiernos. A pesar que el
Banco Mundial reconoce que la ayuda ha sido frecuentemente un “fracaso absoluto”
y que la ayuda destinada a un pobre entorno de malas políticas no funciona, los
préstamos blandos del Banco destinados a países con políticas deficientes se han
incrementado en años recientes sus préstamos.
La ayuda externa tampoco es eficiente en promover reformas en las naciones
receptoras. La Rusia post-soviética y una docena de países alrededor del
mundo—incluyendo países fuertemente endeudados—son evidencia que los países
prometen hacer las reformas pero ignoran las condiciones de la ayuda externa una
vez que el dinero es recibido. Para finales de los noventa, el Banco Mundial
reconoció lo que se ha vuelto un consenso entre los expertos en desarrollo: “no
hay efecto sistemático alguno de la ayuda en las políticas”.
De acuerdo con William Easterly, un destacado economista de desarrollo y
ex-economista del Banco Mundial, una de las razones para el decepcionante
desempeño de la ayuda es que “los países ricos no piden rendición de cuentas a
los administradores de las instituciones de ayuda por su largo expediente de
fracasos”. Ciertamente, las agencias de ayuda rara vez cortan los fondos a los
receptores que hacen un mal uso de los mismos, algo de lo cual los receptores
están plenamente al tanto. Easterly se opone al incremento a la ayuda
extranjera, en gran parte debido a que la falta de rendición de cuentas no ha
variado.
No obstante, para el establishment de la ayuda externa el monto de dinero
otorgado es todavía una medida prominente de éxito. Así, Washington no es
generoso porque transfiere 0.15 por ciento de su PIB a los países pobres—menos
que los otros países ricos. Así también, el Banco Mundial esta haciendo un
llamado a duplicar el flujo de ayuda mundial. La ONU regularmente menciona su
propio nivel arbitrario de ayuda, establecido en los setentas en 0.7 por ciento
del PIB de los países ricos. En términos prácticos, eso significaría que los
flujos globales de ayuda prácticamente se triplicarían a mas de $190 mil
millones. Para los Estados Unidos, eso significaría más que cuadruplicar el
nivel de ayuda del 2003 de $16.2 mil millones.
Sin embargo, La verdadera medida de generosidad es cuanto dan voluntariamente
los individuos y organizaciones privadas. La ex-funcionaria de la USAID Carol
Adelman encontró que la ayuda privada estadounidense al extranjero excede de
largo a la asistencia oficial de Washington para el desarrollo. Hace unos años
atrás, su “conservadora estimación” puso la ayuda extranjera privada en 3 y
media veces la ayuda de EE.UU. para el desarrollo.
El incremento en la ayuda de entidades privadas estadounidenses incluye
fundaciones, iglesias, corporaciones y organizaciones privadas voluntarias como
la Cruz Roja y el YMCA. Se puede estimar que la ayuda privada estadounidense
todavía representa de tres a cuatro veces la ayuda oficial. Solo las remesas
desde EE.UU. representaron un monto de $30 mil millones en el 2003, casi el
doble de la ayuda oficial.
Y debido a que la ayuda privada tiende a ser menos burocrática y llega a la
gente que intenta ayudar, también tiende a ser mucho más efectiva que la
asistencia oficial. Además, según Adelman, Estados Unidos contrasta agudamente
con “los europeos y los japoneses [quienes] continúan dando principalmente a
través de sus gobiernos”.
En este sentido, los Estados Unidos es, si no el país mas generoso en el
mundo, muy cerca al tope de la lista. Y su ayuda es, seguro, más útil para los
pobres del mundo que aquella de otros países. Es una lástima que el desastre del
tsunami en Asia es explotado cínicamente para apoyar incrementos masivos en
ayuda externa que no sirve.
Ian Vásquez es director del Proyecto sobre la Libertad Económica Global del
Cato Institute.
Traducido por Nicolás López para Cato Institute
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