“No es serio descubrir, en estos días, que tenemos “fuerzas de choque” en la Argentina.
Los piqueteros no son ninguna novedad, son como dijéramos, la prioridad del gobierno. Son productos de industria nacional.”
Segunda Parte
Fronteras afuera podrá hallarse guerrilla, milicias, etc., pero movilizaciones
sociales de la índole piquetera no se encuentran ni en el régimen castrista como
suponen algunos analistas. ¿O se piensa que es factible hacerle un corte de
calles a Fidel?. No tenemos siquiera un autoritarismo con coherencia sino una
ausencia total de reglas o lo que es peor, una alternancia a conveniencia de
aquellas.
Si el jefe de Estado tuviese la tan mentada hegemonía que se
auto-endilga y el poder que pretende detentar con gritos y bravuconadas, la
insurrección callejera brillaría por su ausencia. Lo que revela la coyuntura es
una extrema debilidad en la presidencia. El país está a la deriva. Puede decirse
que Kirchner es más una fantasmagoría que un autoritario jefe de Estado. Si
analizamos profundamente lo que hay debajo de la superficie, veremos que no es
sólo el presidente la verdadera causa de los problemas. A ver sino…, ¿si
mañana votásemos qué cambiaría en el escenario?
La raíz de la decadencia
puede ubicarse en el macabro aparato electoralista que se ha instaurado en la
Argentina en las últimas décadas. Este se sustenta en tres pilares: el
asistencialismo directo o indirecto, el re-elevamiento casi obsesivo de la
opinión pública y la cada vez mayor inyección de fondos para los intereses
individualistas en detrimento de las inversiones productivas.
El
asistencialismo se ha disfrazado con un sinfín de eufemismos: las cajas P.A.N,
las manzaneras, las margaritas, las zapatillas de Ruckauf, la Super Sopa, los
planes jefes y jefas de hogar, etc. A todos se los ha proclamado como “derechos”
para abrigar una igualdad de oportunidades imposible de lograr, no en la
Argentina sino en la vida. Somos esencialmente diferentes y nacemos con
capacidades distintas. La asistencia también es vendida como “redes de
contención social” pero no son sino herramientas de la falta de dirigencia y de
políticas precisas. Podemos admitir una época de hambruna a causa de una
catástrofe natural y acudir entonces a un programa determinado de ayuda pero,
vivir a expensas del Estado o que el Estado nos someta a depender de sí, es la
manifestación más concreta de la falta de cultura cívica.
Hasta aquí
tenemos como eje de la crisis argentina: una ausencia letal de dirigencia y una
apatía o sin-acción ciudadana. Creer que la entronización de un slogan como el
de estos días “No compre a quienes aumentan” es resultado de una dirigencia
preocupada es tan absurdo como creer que la gente necesita que se le diga qué
hacer y qué no para que se sientan poseedoras de civismo. De hecho, la proclama
gubernamental tiene más de subestimación popular que de educación soberana.
Ahora bien, la referencia a la anestesia social no es un llamado a la
queja mancomunada. Ya hemos experimentado la formación de asambleas barriales,
se ha copado la Plaza de Mayo en cuántas oportunidades…, y no se logró un
ápice de participación democrática. Es un error creer que se reacciona
comulgando penurias. No se trata tampoco de sacar cacerolas a relucir. Se trata
sí, de que el pueblo abandone la conveniencia de ser “hijo” cuando quiere que
–algo por lo que debe esforzarse- le sea dado, y que abandone la actitud
rebelde-adolescente si no recibe respuesta o si algo le está, justamente,
denegado. Los beneficios que se creen recibir del Estado son, la mayoría de las
veces, nuevos cerrojos para el crecimiento y el cambio.
Se ha producido
en el país un trastrocamiento de roles. La preocupación por el acto electoral,
el interés en los comicios pasó a ser monopolio de los políticos cuando en rigor
de verdad, debería ser el desvelo ciudadano. Es la sociedad en su conjunto la
que tendría que estar esperando ansiosamente, el mes de Octubre tal como lo
vienen haciendo en Balcarce 50. Es decir, con estrategias. Cada ciudadano
tendría que armar una suerte de agenda electoral e ir evaluando el escenario
cotidiano para que sea, el candidato, el que termine votándonos y no viceversa.
No es lógico que sea la “dirigencia” la que proclame a viva voz cuántos
esfuerzos hacen por el pueblo o que diga que está arremangada para trabajar por
la Patria ni que nos muestren maratónicas sesiones en el Congreso como un
“ejemplo modelo” de ejercicio legislativo. Pareciera que nos están reprochando
las tareas para las cuáles ellos, voluntariamente, se han postulado. No pueden
seguir los políticos, pensando que nos hacen un favor al asumir el gobierno. ¿No
será el pueblo quién les hace el favor a ellos? O se reparten los papeles para
ejecutar con coherencia el libreto de República y Nación o seguiremos alternando
entre gobernantes auto-proclamados mártires, mostrándose atosigados de trabajo,
sacrificados y subordinados hacia adentro, agresivos y cínicos hacia afuera; y
sociedades vencidas por la acumulación de culpas que no les caben ni tienen
consistencia.
Un gobierno subordinado no puede detentar autoridad y la
autoridad implica firmeza pero difiere sustancialmente de la actitud ruda o
recia. Kirchner no lo comprende y con razón. Vino y viene mezclando su
temperamento irrespetuoso con una táctica que, al 22 de Marzo de 2005, le dio un
buen margen de acción. ¿Por qué la cambiaría? En fútbol dicen que un equipo que
gana no se toca…
A su vez, los piqueteros no tienen por qué detenerse
en su asonada. Tienen el gen de sus creadores: buscan poder a cualquier precio.
Han hecho estragos, consumieron, no pagaron y nadie salió a buscarlos…
(Véase al final del informe una breve cronología de la “Novedad” de
estos días aún novedosa antes de asumir Kirchner la Primer
Magistratura)
Alimentados durante la gestión de Eduardo Duhalde, estas
fuerzas son una suerte de Frankestein. Se escaparon de las manos al propio
artista y van en busca de otro autor. Lo que se dice, el mejor postor. Hasta el
momento quien detenta más liquidez para conquistarlas es el gobierno. Por lo
tanto, creer en una revuelta social que derribe el andamiaje del santacruceño es
necio.
Ciertamente deberá tener un control exhaustivo de los pasos que
se dan en el manejo de fondos y en la subvención de estos grupos porque, una
maniobra en falso, los dejará librados a otra “oferta” capaz de modificar la
escena. Ahí debería radicar el temor.
¿Tiene Néstor Kirchner un gabinete
homogéneo o un respaldo partidario lo suficientemente fuerte y concreto como
para manejar este escenario? La respuesta comienza a esfumarse y es entonces
cuando los mismos empresarios salen a confesar su miedo. Kirchner no es Perón
capaz de salir a denostar manifestaciones populares a un balcón. Los Fernández,
como voceros, han dado prueba de ineficacia garantida y el partido es un enigma.
Sin ser, sigue siendo todavía…
“Al que aumenta no le compre”. Hete
aquí la versión kirchnerista de la premisa básica: “Educar al soberano”. Lastima
que nadie salga a recordar que, a esos mismos letreros los financia el pueblo. Y
para colmo de males, quienes saldrán a ejercer la docencia serán los que han
demostrado que nunca aprendieron. Por eso, finalmente, los piqueteros ilustrarán
sobre consumo y precios y no con ensayos sobre la libertad económica puesto que
éstos quedaron retenidos en el sector aduanero…
Pero no es sólo el
pueblo el que desconoce el aval que tiene -o deja de tener- el santacruceño. El
mismísimo Néstor Kirchner no tiene noción del alcance de su fuerza. Necesita,
cada día, corroborar hasta dónde puede llegar. Eso explica de alguna manera el
carácter belicoso con que se maneja, el buscar ser plebiscitado y por sobre todo
erigirse dueño y señor de una elección siempre y cuando sea positiva. Y es
también la incertidumbre la que mantiene en vilo a las empresas. ¿Hasta dónde
puede llegar la confrontación del Ejecutivo?
El miedo no es tonto pero
claro que, cierta dirigencia empresaria tiene bastante responsabilidad en lo que
pasa. Sin generalizar -porque siempre hay sectores que se diferencian-, parte de
ésta ha hecho la vista gorda a muchos síntomas de lo que se venía. Asimismo, los
empresarios fueron cediendo espacio a gerentes, directivos y administradores lo
cual ha generado un empresariado con otras características.
Desde ya que
la movilidad empresaria no es patrimonio argentino, se ha dado en varias partes
del mundo con buenos resultados. La idiosincrasia nacional complica quizá, el
escenario. En los países desarrollados, la nacionalidad de la industria es
prácticamente cosa del pasado. Las multinacionales proliferaron y pretender que
asienten bases allí donde no hay estructuras sino arenas movedizas es un dislate
salvo que cierren los balances…
Pueden acercarse algunos interesados
en “turismo de aventura” versión financiera-económica pero no más que eso si
contamos con: -obreros capaces de tomar un aeropuerto e impedir el normal
tráfico aéreo, en protesta contra una empresa que no esta en el país siquiera …
-avanzadas políticas para limitar aumentos de precios cuando hay cerrojos
previos y boicots organizados contra empresarios, – eficientes subalternos que
bajan cuadros o empapelan la ciudad con carteles en contra de una multinacional,
etc.
Desde luego que puede contrarrestarse el argumento demostrando que,
a pesar y a pesar, hay empresas extranjeras que no han salido huyendo. Pero, si
no lo han hecho es porque las inversiones ya fueron realizadas y el costo de
retirada no es para menosprecio. De todos modos, lo que sí se puede garantizar
es que no han de traer más capitales y, en consecuencia, los productos y
servicios decaerán en calidad.
Otra “novedad” que ya hemos experimentado
–novedosamente- años atrás, los argentinos…
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