“Hay dos escenarios posibles para describir la Argentina. O hay dos Argentina. Aquella donde prevalece lo político y la economía se erige protagonista y ese otro espacio donde, el país duele. Duele de veras.”
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Martes, 17 de febrero 2026

“Hay dos escenarios posibles para describir la Argentina. O hay dos Argentina. Aquella donde prevalece lo político y la economía se erige protagonista y ese otro espacio donde, el país duele. Duele de veras.”
Gabriela Pousa
Posiblemente, esa
mentada melancolía que dicen que se adueña de los domingos al caer la tarde no
sea más que un mito. Sin embargo, es domingo. La noche está cerca y el mito
empieza a apoderarse de mí de tal forma que me detengo ante el teclado pensando
si debo o no subvertirme en las letras. ¿Qué pasa? Pasa que la realidad sin
máscara se presenta en exceso demacrada. ¿Vale la pena dedicarle tiempo cuando
es ella quién lo consume y lo arrebata sin consultarnos siquiera? ¿Acaso
deseamos darle el usufructo de un bien qué, pese a transcurrir sin altibajos,
hoy parece tan violento y más
escaso?
En
mi caso, y a esta altura de las circunstancias, debo admitir que no he sido
quién eligió este oficio de argumentar los hechos. El viejo oficio me ha elegido
a mí. Negarme a él, acarrea consecuencias que, puestas en la balanza, muestran a
las claras ser deficitarias en el debe y el haber. Por eso, aun cuando la duda se mantiene
inquietante custodiando las palabras que van dibujando la idea, elijo hacer caso
omiso a ella. Me entrego. Consciente del riesgo pero también del costo que
implica el renunciamiento, comienzo a
intentar definir una Argentina distinta que, agazapada en la certeza de ser…
(“los países no se suicidan“), se
dejó en manos de la necedad y la malevolencia. ¿Cómo pretender, pues, que un revelado
en tinta la presente como “el granero del
mundo“, fuente de riqueza o tierra fértil donde sembrar sueños a cosechar
luego en hechos, en lo fáctico, en escenarios donde vivirlos, protagonizarlos…?
No. No lo pretendo. Debo confesar, sin embargo qué, a pesar de cuanto pueda
leerse debajo de este “descargo“, de esta justificación que tal vez nada
justifica, todavía sigo soñando. Nadie puede contra ello, ni la razón que alerta
ni la verdad que -apenas levanto la vista de este teclado- me enfrenta sin
anestesia.
Hecha la pertinente aclaración,
redacto:
Hay dos escenarios
posibles para describir la Argentina. O hay dos Argentina. Aquella donde
prevalece lo político y la economía se erige protagonista y ese otro espacio
donde, el país duele. Duele de veras. Es posible que renunciemos a analizar con mayor énfasis
esta última perspectiva en tanto no es grata y, para afrontar los vaivenes de
cada día es menester contar con cierta dosis de inconciencia. “El mundo es
de los valientes” dicen. Y convengamos que, la valentía, no es un don
que abunde en la Argentina.
Por un lado,
precios y mercado. Y algo no cierra: las cuentas. Al menos hay una matemática
distinta para los ciudadanos que, al sumar 2+2 sólo consiguen que el resultado
sea cuatro. Para el gobierno la inflación es una “campaña“. Sólo aumentó el
combustible en la Shell y en Esso y ya retrocedieron gracias a una nueva “teoría
económica” – inédita hasta la fecha en todas las universidades y academias-
denominada “Boicot“. Quiénes la
instrumentan la definen como una “acción del pueblo” que se desiste a
comprar a aquellos que aumentan los precios… ¿Habrá que asumir nuestra identidad de
“boicoteros“? Todo es posible para quienes en el terrorismo han
visto sólo un “joven
idealismo“… Para el resto, la “medida” se trata de un
parche más para un agujero que, no quieren que sea visto. Es decir, lo que el
gobierno llama política económica es la implementación del
cortoplacismo como sistema o régimen administrativo. En palabras más burdas,
léase: barrer la basura debajo de la alfombra. No mucho más. De allí a suponer
que la casa está limpia hay largo trecho. Ahora bien, ¿cuánto dura esa impresión
de limpieza? Hete aquí el interrogante que desvela. Detenerse a ver quién tiene más fuerza,
si Néstor Kirchner o Roberto Lavagna para definir la suerte de nuestras
billeteras no parece una actitud seria. Sin embargo, por ahí pasa gran parte de
la polémica que hoy destaca la puesta en escena. Qué la problemática de un país
se limite a descifrar si se va o no el ministro de Economía, más que
preocupación da pena. Mientras se gasta tinta en ello, la mitad de la población
sigue en la miseria. (Evitemos el desglose de ésta con la
“indigencia“. Al pobre no le preocupan las etiquetas) Se vaya o no Lavagna, la inflación hará
lo suyo y no se trata de visiones apocalípticas o agoreras. Vivo en Argentina.
No hay organismo internacional ni grupo foráneo, ni buitre con capital que
patrocine estas letras. A juzgar por los hechos, nada puede darse por sentado.
Cuando el incendio trata de apagarse con gasolina, el resultado es obvio más que
mágico. Para que haya inflación, desde que el mundo es mundo y los fenicios
desembarcaron, basta como ejemplo que se intervenga el mercado. Desde el Poder Ejecutivo, la decisión
tomada ha sido la de tranzar con cierto sector del empresariado, controlar
precios, dar rienda suelta a la marginalidad y al desorden social otorgando
impunidad manifiesta a piqueteros y grupos insurrectos para que cercenen la
libertad de acción, de decisión, en síntesis, la libertad de empresa; hacer que el Banco Central siga
emitiendo moneda o que, compulsivamente, aumenten salarios por decreto y con
urgencia. Con estos pasos, la inflación no llega, ya ha llegado.
Asimismo, la otra
disputa resumida en el “vivir con o sin el FMI“, posee
características similares a las arriba expuestas. Es decir, no aporta un ápice a
los ciudadanos. Para tratar de explicar por qué, ello no modifica
sustancialmente al país busquemos parámetros que permitan demostrar que no es
Kirchner, un militante de la izquierda (al menos de la de veras) cegado al
cierre de fronteras y a la creencia de que, en el siglo XXI, puede subsistirse
sin importar lo que pase afuera.
Más allá de
actitudes que pueden confundir y hacer creer que, el jefe de Estado se dirige
por esa senda, atendamos las raíces que sustentan al santacruceño. La
expatriación de los fondos de su provincia
no es precisamente la conducta de un líder izquierdista. Tampoco lo es la
organización feudal que instaurara en Santa Cruz. Delata su modo, la última
gira. Si Kirchner buscara “ideales” aislacionistas no habría
desembarcado en el viejo continente para buscar –disimuladamente o no – que
alguien traiga un peso a estas tierras. Kirchner no es príncipe, es mendigo
aunque se vista con ropas de la realeza.
El primer
mandatario salió a buscar respaldo cuando notó que -en lo sucesivo- le será
imposible ocultar que las aguas llegan al cuello. Al cuello de la sociedad
argentina… Si parte de esta, quiere entretenerse en la orilla con castillos de arena, es otro tema. A su vez, hasta los
“idealistas” de los 70 que se ensuciaron con sangre y enlutaron la
bandera, desconocen las “hazañas” de Kirchner en esa época. ¿Dónde
estaba el Presidente? Una de las
tantas respuestas que escasean (se sabe aunque no se diga, dónde estaba en los
90.)
Para analizar qué
medida se tomará, recuérdese el entramado de la primera negociación que se libró
en la era kirchnerista con el Fondo Monetario.
Atendamos, un par de
crónicas de esa película:
El presidente Néstor
Kirchner prometió
seguir defendiendo los intereses de la Argentina, pero “no con actitudes
patoteriles o cerradas” que adoptaron quienes “se pasaron entregando”
al país.
De esta manera, el
Presidente avanzó una vez más en su disputa con los organismos internacionales,
y destacó que “siempre miran con la nuca el sufrimiento del pueblo argentino”.
En un intercambio con el público que asistió al acto, Kirchner les sugirió: “Si
ven que me hacen trampa; avísenme que este presidente va a desarmar la trampa
con ustedes”. Además, advirtió: “Cada vez que metan la mano donde no la tiene
que meter, la Justicia va a caer para terminar con los
corruptos”.
El canciller Rafael Bielsa reveló hoy que el
Gobierno está haciendo “un enorme trabajo diplomático” para
lograr que los directores del Fondo aprueben la segunda revisión del acuerdo.
En tanto, el directorio
del FMI escuchó un
pormenorizado informe de situación de boca de los integrantes de la misión que
visitó el país la semana pasada, y continuará evaluando si aprueba la segunda
revisión antes del vencimiento de 3100 millones de dólares que deberá afrontar
Argentina el martes próximo. El jefe diplomático agregó que la situación “nos
obliga a redoblar los esfuerzos“, porque “el
año va a ser complejo y con grandes presiones hasta octubre, cuando recién vamos
a tener algún horizonte aliviado“.
Otro de los
funcionarios que reiteraron la postura oficial fue el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, quien indicó que “Argentina tiene vocación de cumplir, y
espera que previamente el Fondo Monetario le reconozca que ha cumplido sus
compromisos“. Así, Fernández aludió a la aprobación de la segunda
revisión suscripto en septiembre, que el presidente puso como condición para efectuar el
desembolso del martes próximo.
Fuente:
DYN y
TELAM
En medio de una marcada
tensión, el Gobierno y el Fondo Monetario Internacional (FMI) retomaron las
negociaciones y lograron superar las diferencias en dos de los cuatro puntos que
estaban en conflicto. Así lo informó a LA NACION el jefe de Gabinete, Alberto
Fernández.
Según el funcionario, un paper del
FMI llegado ayer, en contestación a la contrapropuesta que el ministro Roberto
Lavagna había enviado el viernes a Washington, contiene sólo dos exigencias
sobre las cuatro originales: que la oferta a los acreedores de bonos en default
tenga una aceptabilidad del 80% (para la Argentina alcanza con un 66%) y que los
bancos que intervendrán en el canje de la deuda no puedan retirarse hasta el
final de la operación (el Gobierno rechaza este reclamo. La respuesta al
documento del FMI fue enviada anoche, después de ser redactada por Kirchner,
Fernández y Lavagna en una reunión de más de dos horas en la quinta de Olivos.
El Gobierno espera hoy una respuesta del Fondo que será decisiva, ya que esta
tarde vence el pago de los 3150 millones de dólares que debe la Argentina al
organismo. Ante la incertidumbre, el Gobierno dispuso ayer a la mañana bloquear
la cuenta que el país tiene en Washington, para prevenir un eventual intento de
retiro de fondos por parte del FMI.
“Seguimos
negociando, y que se haya bloqueado la cuenta no significa que no vayamos a
pagar. Es una negociación dura. Ante la situación, debemos mantener un cauto
silencio“,
dijo anoche Fernández. Como es habitual, el FMI no ha dado ninguna información
sobre el curso de las negociaciones. “Está todo claro. Está todo dicho“,
expresó ayer Kirchner. Si el Presidente decidiera no pagar al FMI, la Argentina
entrará hoy en default, aunque técnicamente esto sólo ocurrirá después de tres
meses, según lo establece el estatuto del FMI. El Gobierno está buscando ahora una
salida intermedia, aunque el jefe de Gabinete aseguró anoche a LA NACION que el
Presidente mantiene su posición y no va a retroceder.
Técnicamente,
la Argentina ya estuvo en default con el FMI el martes 9 de septiembre último
cuando se negociaba un acuerdo y Kirchner decidió no pagar un vencimiento de
2900 millones de dólares, valor menor que el que debe pagar hoy. En ese momento,
el Presidente también fijó los límites de la negociación y sólo hizo el pago
tardío cuando cerró el acuerdo con el organismo. Mientras tanto, sigue agitando el
fantasma del “plan B“, que ordenó profundizar
ante la posibilidad de que hoy no se le pague al FMI.
Fuente: Diario LA
NACIÓN
De ese modo, es dable
esperar un tira y afloje hasta último momento. No asombran -o no deberían
asombrar- las vulgaridades verbales
del Presidente y, los antecedentes del mismo hacen suponer que no habrá nuevo y
radical default. Con el viejo aún vigente tenemos
suficiente.
Allí muere de un modo u
otro, la primera Argentina. Esa donde también, la interna peronista es vendida
como una guerra. Mientras dure el rodaje se batirán a duelo, después, una vez
apagadas las cámaras, todo será calma. ¿En qué nos cambia la vida el “sí”
o el “no” de Cristina? La película es repetida. Abstenerse a
opinar parece más coherente.
Pero hay otra
Argentina…
Esa Argentina en
terapia intensiva o quizá, mantenida artificialmente con vida. Esa dónde, sin
anestesia, operan inexpertos al
pueblo. Dónde la indigestión se debió a un empacho voluntario y no a la
putrefacción que nos vende como almuerzo o cena, una televisión con contenidos
que escapan a cualquier adjetivación. Dónde anoréxicos de ética, caemos en la bulimia dándonos atracones
de dirigencia que luego expulsamos asqueados. Es alto el precio de tanta
dolencia. No sirve creer ser el propio remedio. Hay
automedicación en demasía. ¿Enfermos de qué? Enfermos de falso
argentinismo, de indiferencia, de desidia, de falta de grandeza para confesar
que no era necesario que Axel Blumberg muriera para salir a
reclamar lo que es -o debiera ser- nuestro: la seguridad, el respeto. Pero
claro, ¿acaso nos respetamos a nosotros mismos? El círculo se cierra y somos los
presos de Coronda fagocitándonos sin intermediarios…
Hay otra Argentina
donde los familiares de la tragedia de Cromagnon protestan cortando calles y
avenidas hasta llegar a la quinta presidencial pero el Presidente esta en
Alemania y los únicos perjudicados son los vecinos, los demás ciudadanos… Un
territorio donde se rasgan vestiduras por los desparecidos. Desaparecidos que,
en todo caso, hoy son vendidos por sus propios pares para obtener privilegios o
hacerse de subsidios… ¡Lindos “amigos” capaces de devaluarlos!
Pero nadie habla de los desaparecidos de la “democracia” (valga el
encomillado) que aumentan sin explicación, sin que hallen espacio en el mercado.
No hay subsidios para ellos. No hay museos ni recuerdos. Las estadísticas
muestran números parecidos a los del peso de la droga decomisada los otros días:
capaces de reducirse hasta el extremo sin que expliquen, qué pasó con el resto.
Para estos avatares “democráticos“, la amnesia es el tratamiento
indicado por el gobierno. Al pueblo dadle remedios que son placebos o
genéricos…
Esa otra Argentina
dónde, según declara el Ministro de Educación, Daniel Filmus, “la
educación dará un vuelco“. Lástima que no advirtiera, que volcamos hace
ya tiempo. Dónde, los funcionarios, se van en palabras sin hacer nada frente a
la actitud vil de los sindicatos
que van al paro dejando a la infancia sin resguardo… El Ministro del Interior decía la otra
noche qué, a los trabajadores del Hospital de Niños había que
“respetarlos“. “El paro es un derecho”-
sostuvo. ¿La salud? La salud es un lujo en esa otra Argentina donde, poco o
nada importa la interna peronista, los reclamos al Fondo, los bonistas o los
caprichos de Cristina…
Esa otra
Argentina dónde los funcionarios no
funcionan pero siguen en sus cargos. Dónde se reduce el número de cartoneros…
Y es que muchos desistieron. Ya son
sólo pordioseros que no buscan siquiera, en bolsas de residuos, algo que canjear
por un colchón, al puntero político para evitar que el asfalto resulte tan duro,
tan frío.
Esa otra Argentina
donde, la vida no vale nada. Donde, asesinatos y homicidios son costumbre o
noticias harto repetidas. ¿Quiénes van presos? ¿Se ha hecho alguna vez un
estudio que defina cómo está compuesta la población carcelaria? Dice La Nación
que “El 61% de los presos no tienen condena”. Claro, los
condenados están afuera… León Arslanian sostiene mientras qué, el peligro
pasó. Pregunto: ¿El único secuestrador era el “hígado” Muño? Pareciera… Delincuente que resultó
tener más parientes que los García de la guía. Familia numerosa abarca desde el
hígado hasta el más insignificante de los órganos por si hubiera
que tapar asesinados sin asesinos de veras.
Pero esa es la otra
Argentina… Y esa no es urgente o no tiene prensa ni analistas, no vende…
Allá puede una criatura con un tumor, esperar otro turno como si fuese cliente
de un hotel alojamiento. Y es que el personal del nosocomio tiene derechos…
Pregunta: ¿Se necesita
analizar el panorama nacional de la primera Argentina todavía más? ¿Tan
relevante es el acuerdo con el Fondo? ¿Tan distinta es, por ejemplo, la
Argentina de Rodríguez Saa y su aplaudido default a la del Blindaje o el
Mega-Canje? ¿Qué cambió? ¿Los caprichos de Cristina, los insultos del Presidente, la transversalidad, los piquetes? ¿Tiene sentido enredarse en esos
temas?
“Silencio
Hospital” Y retumban los bombos y las batucadas porque son derechos del
trabajador… Mientras, los chiquitos enfermos esperan a Godot… ¿Hasta
cuándo? Hasta que, de pronto, una conciliación obligatoria, un acuerdo
entre sindicalistas y funcionarios que apuestan al mejor postor, acallan el
horror. Se silencian tambores y se
aprueban los reclamos qué, lejos del dolor, para el gobierno son meros datos que
“se estudian” en despachos…
Entonces pregunto sí,
en esa gente que demoró intervenciones quirúrgicas y postergó la dignidad y el
honor, dejaremos nuestros hijos, cuando sufran, cuando algo
duela…
“Silencio Hospital“.Ahí está el
error. En esa otra Argentina se modificó el letrero. Allí ya se lee:
“Silencio Cementerio”
– ¿Cuánto tiempo
puede permanecer un hombre muerto sin descomponerse su cuerpo?-, pregunta
Hamlet.
– Depende del
tiempo que estuvo muerto antes de ser
un cadáver – responde el sepulturero.
Shakespeare
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