Tuvieron que salirse de control las narcoejecuciones en la frontera, y crisparse el intercambio de reproches y acusaciones entre los gobiernos mexicano y estadounidense, para que el tema de la modernización fronteriza cobrara la importancia que le corresponde y se instalara
—cuando menos en los dichos— en la agenda de gobierno de las dos naciones.
Inmigración
En los hechos, sin embargo, la urgente tarea de modernizar la frontera es
sumamente compleja e implica distintos aspectos, entre ellos el que tiene que
ver con el financiamiento.
Las condiciones económicas,
infraestructurales y de desarrollo entre uno y otro lado de la línea divisoria
son evidentemente dispares, como lo son las que existen entre los dos países en
su conjunto. Para lograr un desarrollo y una modernización equitativa de la
frontera, resulta preciso contar con instituciones binacionales que, con una
visión amplia de lo que ocurre a ambos lados del límite territorial y con el
apoyo de los Estados nacionales, atiendan con eficacia los procesos de
cooperación regional; y, por qué no, con instituciones supranacionales que, con
vida propia, se dediquen a la negociación intergubernamental y al amarre
internacional, con el único propósito de lograr el desarrollo de la región.
Lo anterior de ninguna manera significa que tales instituciones asuman
el papel intransferible de los Ejecutivos federales de conducir e impulsar
proyectos de cooperación internacional. Muy al contrario, coadyuvarían con ellos
para que no tuviesen que distraerse del interés nacional.
En la frontera
México-Estados Unidos existe un par de instituciones binacionales cuya función
es, precisamente, apoyar el desarrollo de las comunidades fronterizas: el Banco
de Desarrollo de América del Norte (BDAN) y la Comisión de Cooperación Ecológica
Fronteriza (COCEF).
El BDAN fue creado en 1995, en el marco de las
negociaciones del tlcan. Capitalizado en partes iguales por los gobiernos
mexicano y estadunidense y estructurado de manera bilateral, el BDAN tiene como
mandato apoyar el desarrollo de infraestructura ambiental, dando prioridad a
proyectos en materia de agua potable, saneamiento y residuos sólidos
municipales, para comunidades localizadas en la franja fronteriza.
De
igual manera, ofrece apoyo para financiamiento en los nuevos sectores elegibles
como son energía renovable, ahorro de energía, calidad del aire, transporte
público y pavimentación, entre otros.
Para cumplir con ello, cuenta con
distintos programas de créditos y garantías, recursos no reembolsables, y de
asistencia técnica y capacitación. Sus tareas centrales son financiar proyectos
de infraestructura ambiental, ayudar a crear capacidad crediticia, fomentar
asociaciones público-privadas, crear puentes entre mercados de capital y
proyectos, promover incrementos adicionales en eficiencias de organismos
operadores, así como apoyar reformas municipales y de organismos operadores.
Hoy, a diez años de su fundación, el BDAN se convierte en punta de lanza
para lograr el desarrollo fronterizo, por lo que resulta imprescindible que siga
ampliando su mandato. De ahí la importancia de reformas llevadas a cabo tanto
para el propio banco como para la cocef, que contemplan la ampliación de la
jurisdicción geográfica en México a 300 kilómetros; incremento de fondos para el
programa de crédito a tasas preferenciales del bdan; integración de un solo
consejo directivo, y mayor colaboración con el sector privado para el
financiamiento de proyectos. En la frontera mexicoestadunidense, la
responsabilidad de conducir procesos de cooperación debe recaer tanto en las
instituciones binacionales como en los Estados nacionales y subnacionales. En
las primeras, en tanto que evaluadoras e incluso financiadoras de los proyectos
binacionales fronterizos; en los segundos, por ser los detentadores de la
facultad de impulsar la cooperación internacional, y en los terceros, en tanto
que beneficiarios directos de tales proyectos.
Sin embargo, el siguiente
paso es crear instituciones supranacionales autónomas que, lejos de
contraponerse a los Estados nacionales y subnacionales o de restarles soberanía,
son complementarias en el difícil desafío de lograr el desarrollo de zonas
específicas de la frontera.
Por ello, es necesario no sólo apoyar e
involucrar de manera decidida a las instituciones binacionales en las distintas
tareas de modernización de la línea divisoria, sino crear el número de
instituciones supranacionales que sea necesario, con estrategias claras para el
desarrollo fronterizo. De no hacerlo, siempre se llegará tarde a la
modernización de la frontera.
Fuente: El
Cronista (México)
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