// CARTAS AL DIRECTOR

Hay corrupción política

Hay corrupción política cuando se corrompen las instituciones y se prostituyen los poderes del Estado. La corrupción económica se denuncia, se investiga, se prueba y, en su caso, se condena y se sentencia por los tribunales competentes. La corrupción política está a la vista de todos porque las actuaciones de los políticos son de dominio público y todos las conocen y apenas pueden ocultarse ya que, entre otras cosas, repercuten directamente sobre los ciudadanos. La gestión de Sánchez tiene mucho de corrupción política, por la sencilla razón de que un gobernante tiene el deber ineludible de ejercer el poder para realizar una serie de acciones y tomar iniciativas que, lógicamente derivadas de su ideología o de la ideología de la formación que le sustenta, vayan en beneficio de los ciudadanos, de todos los ciudadanos; que además, tengan como objetivo la consecución del bien común y de esas iniciativas y del logro de unos objetivos deseados por todos, o por la inmensa mayoría, sin atender a adscripciones políticas, se derivará la posibilidad de que, quién así ha obrado, se mantenga en el poder. Sánchez, desde su primer día en La Moncloa, ha demostrado suficientemente que el bienestar de los españoles, el bien común, la prosperidad de la nación y la concordia entre los ciudadanos de distintas ideologías, no le importan absolutamente nada y, suponiendo que le importaran algo, siempre estarían subordinadas a su permanencia en el poder.

Pedro García

Todo se gana con la paz y nada con la guerra

La OTAN, que ha pasado de 12 miembros fundadores a 32, entre otras razones, por la disolución del Pacto de Varsovia, atravesaba hasta hace poco una profunda crisis interna de la que ha salido por su papel en la Guerra de Ucrania, teniendo en cuenta que no existe un ejército europeo. La incertidumbre actual condiciona el proyecto de la OTAN. Convendría no olvidar las lecciones del pasado. Es evidente que todo se gana con la paz y nada se gana con la guerra. Precisamente, el papel de la OTAN como fuerza disuasoria que permita una paz justa y duradera debe potenciarse. Los retos que implica una segunda llegada de Trump a la presidencia de los Estados Unidos, o el cambio en la secretaría general, debieran servir como oportunidades para una mayor conciencia de servicio a una paz basada en el derecho internacional y en la protección de las libertades.

José Morales Martín, Palafrugell (Girona)

Democracia y nuevas generaciones

Para los españoles con más de 50 años la democracia es una conquista incuestionable. Muy pocos estamos dispuestos a renunciar a ella. No digamos para los que tenemos más de 60 años. Lo sorprendente es que esa evidencia va diluyéndose en las generaciones más jóvenes. Según una reciente encuesta del CIS catalán, más del 22 por ciento de los jóvenes estarían dispuestos a renunciar a las libertades democráticas a cambio de mayor prosperidad. Es una tendencia mundial. El 86 por ciento de encuestados en 30 países prefiere vivir en un país democrático. Pero la cifra disminuye al 57 por ciento entre los menores de 36 años. Hace unos meses un estudio europeo sobre los valores de la Unión señalaba que “los jóvenes se enfrentan a retos para los que muchos de los valores de sus antepasados ya no parecen suficientes”. Y añadía: “la transferencia intergeneracional de valores ya no está garantizada, es un problema que también pone en peligro la solidaridad intergeneracional y la cohesión social”.

Jesús Domingo Martínez (Girona)

La Fundación Juan de Mariana

Hacía públicos, hace aproximadamente un mes, los datos de su “Impuestómetro”, una metodología destinada a dar a conocer el número y tenor de los impuestos que pagamos los españoles, la carga fiscal que soportan los trabajadores. Según este indicador, un 44% del sueldo del salario medio o de la renta media de cada español irá destinado a Hacienda en función de tres capítulos principales, los costes laborales, el IRPF y el IVA, a los que hay que sumar el IBI, dado que una gran parte de los españoles son propietarios de una vivienda.

José Morales Martín, Palafrugell (Girona)

Ofrecer a Turquía una pista de aterrizaje

La oposición turca tiene por fin un candidato sólido. Un líder que proyecta una imagen seria y tranquila, en las antípodas del populismo carismático y autoritario de Erdogan. Sería ingenuo pensar que sus bases le han dado la espalda por el retroceso del Estado de Derecho. La omnipresencia presidencial en Turquía hace sin embargo inevitable que se le pida cuentas por la inflación desbocada o la mala gestión del último terremoto. Erdogan dice que ha entendido el mensaje. Tal vez responda ahora aferrándose al discurso nacionalista, pero deberá desplegar también un estilo de gobierno más pragmático, como el que, en 2003, llegó a representar. En todo caso, hará bien Europa en seguir de cerca lo que pase, y ofrecer a Turquía una pista de aterrizaje para el regreso a los valores democráticos.

Pedro García

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