Cuando al adversario se le ve como enemigo
La percepción de la idea conflictiva de la política que se ha instalado en la opinión pública no es casual; responde a una teatralización de la política por parte de las élites partidistas. El problema es que esa teatralización tampoco es inocua. El comportamiento irresponsable de determinados dirigentes genera unos niveles preocupantes de polarización en la ciudadanía que se trasladan al conjunto de la vida social. Experiencias de fractura social, como las tristemente vividas en distintos momentos en el País Vasco o Cataluña, deberían servir de advertencia a quienes juegan a dividir a la sociedad en bloques irreconciliables o minusvaloran el efecto de apoyarse en formaciones radicales. La confrontación ideológica es necesaria y sana, pero se traspasa una línea roja cuando al adversario se le ve como enemigo.
