// CARTAS AL DIRECTOR

La guerra nunca es una solución

Los obispos de Polonia y Ucrania hicieron público hace unos días un clarificador mensaje en el que señalaban que “la ocupación de las regiones de Donbás y Crimea ha demostrado que la Federación Rusa -violando la soberanía nacional y la integridad territorial de Ucrania- desprecia las normas vinculantes del derecho internacional”.

Los obispos recordaban la amarga enseñanza que han supuesto los regímenes totalitarios del siglo XX. Si en aquel entonces, en nombre de falsas ideologías, naciones enteras fueron condenadas a la aniquilación, apuntaban los obispos, “hoy queremos dejar claro que toda guerra es una tragedia y nunca podrá ser un medio adecuado para resolver los problemas internacionales”. La guerra nunca es una solución adecuada para resolver cualquier conflicto.

Pedro García

Una cooperación diligente e inteligente

Tras las graves críticas por los abusos y las inmatriculaciones me parece justo hacer un comentario de defensa. Es un hecho que todo lo que la Iglesia es, lo que recibe y lo que tiene, lo pone al servicio de los demás, porque la Iglesia coopera. Coopera cuando defiende la libertad religiosa y la educativa, cuando defiende la vida o mueve a sus fieles a ayudar a los más desfavorecidos, o cuando construye, mantiene y difunde el patrimonio milenario legado por tantas generaciones de católicos, como expresión generosa de su fe. Una cooperación diligente e inteligente que la Iglesia va a seguir realizando para el servicio de las generaciones futuras.

José Morales Martín

Paradojas de ómicrom

Hace justo dos años, la muerte apareció en la vida social con una fuerza que era desconocida ya para nuestra cultura. Aunque no había fotos, las noticias nos hablaban de 900 muertos diarios. Un fenómeno con el que estábamos poco acostumbrados a convivir antes del COVID. Pienso que desde entonces nos hemos dado cuenta de varias cosas. No podemos vivir ignorando que las personas fallecen, nos morimos, pero también hemos descubierto que cuando la información sobre la muerte lo invade todo, nos asfixiamos. Hemos redescubierto una paradoja esencial: la muerte es cierta, pero estamos hechos para la vida. Los recursos que tenemos para luchar contra la enfermedad son limitados y si atendemos a unos enfermos dejamos de atender a otros, sufro una cardiopatía y hace dos años que no tengo contacto con mi médico. Hacemos, por ejemplo, menos medicina preventiva para detectar el desarrollo de posibles cánceres. Pero si seguimos con las restricciones haremos más daño a la economía y a la salud mental. Esperemos que ómicrom pronto se convierta en historia.

Domingo Martínez Madrid

Tener conciencia

Tener conciencia es tener una conexión con lo absoluto, supone tener contacto con la moralidad, lo que quiere decir que hay leyes naturales. Aunque nadie “me pille”, aunque no me metan en la cárcel, aunque no se entere mi esposa…, hay quien me está acusando. Cuando el personaje de la novela de Dostoievski está declarando que a él le va bien así, es porque quiere tranquilizar esa conciencia que él quiere negar. Si lo pensamos un poco, no hay nada que nos pueda dar más miedo que las personas que no tienen conciencia. O lo que es lo mismo, las personas que no tienen Dios. Si no hay Dios no hay ley eterna, no hay nada absoluto en las enseñanzas morales. Es lo que más debemos temer, porque una persona así es puramente egoísta, va a lo suyo a costa de lo que haga falta, pasará por encima de nuestros cadáveres. Desgraciadamente estamos viendo y viviendo estos días casos a casi todos los niveles.

Jesús Domingo Martínez

¿Dar marcha atrás?

La pugna de Putin por recuperar la influencia que tuvo la URSS en el mundo tiene un segundo objetivo: blindar su autocrática política interior de represión de cualquier disidencia. En este escenario, las auténticas víctimas son los países que se desmembraron de la Unión Soviética y recuperaron una libertad de acción y decisión que, obviamente, no quieren perder. El principal de ellos es precisamente Ucrania, sobre la cual se vuelcan todas las nostalgias de Putin. En definitiva, quiera o no, le corresponde ahora al presidente ruso elegir entre dar marcha atrás a una crisis que ha preparado meticulosamente durante años, o huir hacia delante en un peligroso juego de poder de consecuencias imprevisibles para el mundo entero.

Juan García

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