Políticas Públicas
Este ensayo sobre las lamentables
consecuencias de la falta de realismo metafísico no es apto para relativistas,
agnósticos o escépticos en materia de conocimientos ciertos y verdaderos. Están
avisados.
PARTE I:
CONFUSIONES
¿Ha
notado Ud. cómo la gente se confunde? Y sin saberlo. Los conceptos verdaderos de
libertad, democracia, ley, orden, bien común, instituciones privadas y Gobierno
en sus sentidos propios, se han perdido completamente. O pervertido. Vea no más
estos casos:
1.-
Libertad. Para
un (mal) ejemplo, comencemos por ahí. La libertad es mal entendida o rechazada.
Se acepta entendida mal, como ausencia de necesidad, como poder hacer la
voluntad lo que le antoja, sin límites; lo cual es necio, porque todos
querríamos ser amados, ricos, educados, sanos, y vivir muchos años o para
siempre o algo así … y en lo posible a costa de los demás! Pero en principio
no podemos, por naturaleza; y no por ello no somos libres, o lo somos menos.
Se
rechaza en cambio la libertad entendida bien, como ausencia de coacción o
restricción externa arbitrariamente impuesta, para autodeterminarse cada cual,
pero dentro de la naturaleza y condición propias, y respetando igual derecho en
los demás.
2.-
Democracia. Se
confunde libertad con democracia: la facultad de cada quien para decidir en sus
asuntos propios -trabajo, finanzas, economía, educación, salud, matrimonio y
familia-, eso es libertad, se solapa y confunde con el derecho a participar
micronésimamente en la decisión colegiada acerca de … ¡esos mismos asuntos
propios!, previamente colectivizados y estatizados. Eso es democracia
-“estatocracia” la llamó Bertrand de Jouvenel-; al menos en su forma ilimitada,
la que conocemos hoy, según la cual todo puede someterse a votación y
“resolverse” por mayoría, incluyendo los verdaderos derechos naturales a a vida,
propiedad y libertad, y sus hoy muy restringidas condiciones de
ejercicio.
3.-
Libertad de expresión.
También se entendió sólo como derecho a decir uno lo que le viene en gana, sin
atención alguna por la verdad objetiva; y así como tal se
acepta, sin más aditamento o cualificación.
4.-
Ley. La ley
ya no es más la regla de costumbre justa inveterada, declarada obligante como
tal por un
legislador al que preexiste. Ahora se trata como “Ley” cualquier mandato de un
Parlamento, sin consideración alguna a si es o justo o injusto; racional o
irracional. Así es como desde hace muchos años se nos aparecen lluvias de leyes
injustas e irracionales, que destruyen los tejidos sociales naturales,
constituidos por relaciones interpersonales espontáneas: familiares, amicales,
económicas, educativas, de afinidad en las creencias, etc.
5.-
Familia, empresa, escuela e instituciones privadas. Se
encuentran amenazadas, entre varios peligros ciertos y presentes, por otra
confusión, que aqueja a los concepto de bien común y orden.
La
disposición de muchas cosas para un fin común es sin duda el orden. Y el fin
común de la sociedad es su bien general; y para eso el Gobierno es necesario.
Pero el Gobierno no es el solo dueño ni el único factor del fin o bien común de
la sociedad. Porque cumpliendo sus funciones respectivas, la familia, la
empresa, la escuela, y otras instituciones igualmente privadas -aunque hoy en
vías de destrucción o colectivización-, contribuyen al bien común; y tanto o más
que los Gobiernos, con el cual fin general ellos quieren identificarse
exclusivamente, y a las particulares identiifcar con un fin o bien egoísta o
parcial. Esto se llama manipular las creencias con el objeto de incrementar la
extensión y profundidad del poder.
6.-
Gobierno limitado. Lo
primero que se perdió fue el concepto; que por allí se empieza. Y es que por la
naturaleza esencialmente represiva de todo Gobierno -monopolio legal de la
fuerza-, su contribución al bien común sólo puede ser administrar justicia,
atender a la defensa común, construir ciertas obras públicas como caminos,
diques y puentes, y nada más. Pero hoy los Gobiernos carecen de límites,
comenzando por los conceptuales; y fuera de sus límites, el Gobierno es más
estorbo que ayuda al bien común. ¿Por qué? Bueno, porque sus rasgos propios
-impuestos por su aturaleza- de uniformidad, formalismo, y jerarquía
centralizada, aptos y adecuados en el desempeño de sus tareas específicas, una
vez en ejercicio de funciones donde la fuerza no es necesaria -educar, curar,
orientar o divertir- se convierten en torpes impedimentos. Y ocasiones de
innumerables ineficiencias, despilfarros y robos.
7.- La
llamada “subsidiariedad” del Estado. La
tesis se expone en una manera confusa y confundiente. Se dice que el Estado
actúa de forma “subsidiaria” respecto al mercado, haciendo lo que éste no puede;
así se costean con impuestos bienes y servicios para las cuales no hay
suficientes consumidores y usuarios dispuestos a financiar con precios. A nadie
inquietan las preguntas pertinentes: ¿qué es lo que el mercado no puede? ¿Cómo y
quiénes sostienen cada actividad al margen del mercado?
8.-
Gobierno y Estado.
Siempre aparecen igualmente confundidos. Aunque el Gobierno es sólo la cabeza
del Estado o cuerpo político, la primera expresión fue reemplazada por la
segunda, en una serie de cambios semánticos de cuño
totalitario,
que nos impuso a todos una terminología colectivista. Pero en lugar de seguir
multiplicando los ejemplos, que los hay por montones, mejor hinquemos el diente
en el meollo del asunto …
PARTE
II: DESINTEGRACIONES, RUPTURAS, DESCOMPOSICIONES Y
DESAPARICIONES
Los
cambios en las palabras reflejan cambios conceptuales, en la manera como se
entienden (o malentienden) las cosas. Y es que las cosas no mudan su naturaleza,
jamás; mas sí cambian su significación -y bastante-, los conceptos y palabras
que deben reflejarlas. Y es de lamentar, en un sentido cada vez menos acorde con
su realidad.
¿Por qué
tanta confusión? Porque se perdió el realismo metafísico, marco de referencia
común para pensar con orden y verdad, y corregir desaciertos y desafueros. Su
desaparición fue paso a paso.
Comenzó
por ser considerado el realismo metafísico como sólo una corriente o escuela de
pensamiento entre otras, y eso a partir del Renacimiento. Posteriormente fue
siendo eclipsado por las “otras”, y relegado cada vez más -desde la Revolución
Francesa-, hasta olvidarse por completo. Desapareció primero de las carreras de
Filosofía y Ciencias humanísticas. Y después, su positiva influencia
desapareció, “progresivamente” (¿?) -mejor gradualmente, que no es lo mismo-,
del bachillerato, de la escuela elemental, de la
religión; y por último, de la prensa y opinión pública.
Aunque a
distancia en el tiempo, muchas y muy graves son las consecuencias de su falta, y
se dejan sentir en todas las esferas. Trataremos de resumirlas. Pero prepárese,
poque anotamos como quince (15).
1.-
Pérdida de los conceptos elementales para
entender la realidad. El
antiguo realismo metafísico se expresaba en el conjunto armónico de instrumentos
conceptuales y analíticos indispensables para la comprensión objetiva de la
realidad. Es decir, las categorías metafísicas, o propiedades de las cosas que
son inteligibles más allá del orden sensible: causa, efecto, sustancia,
accidente, modo, fin, etc.
¿Quién
se acuerda hoy de la “querella de los universales”? Una controversia medieval
sin importancia, se dirá, “metafísica”, en sentido despectivo. Sin embargo,
terminó muy mal. Se perdió aquella visión aristotélica de “la analogía del ser”;
y por eso no se entiende aún hoy p. ej. que el ser de la sociedad no es el mismo
de la persona individual. Ese resultado determinó nada menos que “la sociedad”,
“la Nación” y “el Estado” sean hoy en día tratados como realidades, con entidad
propia y status ontológico ni siquiera igual sino mayor que la persona
individual. Y por eso se reclama legítimo y exigible el sacrificio del individuo
y las comunidades naturales en el altar del “Gran Ser” o sujeto colectivo
Estado.
Pero
estas cosas no se ven claras, porque las categorías metafísicas fueron
liquidadas posteriormente, asesinadas a mansalva. P. ej. el concepto de causa,
que el filósofo inglés David Hume -s. XVIII- se empeñó en destruir, como si las
cosas no tuviesen causas ni efectos (cuando la palabra “cosa”, procede
precisamente de “causa”). Después de Hume vino Kant, y terminó de demoler esos
conceptos, y todos los de su género: naturaleza, esencia, forma, acto y
potencia, sustancia y accidentes, orden y modo, etc. Nociones y vocablos que
ahora carecen de sus contenidos precisos; y de los cuales significados no queda
ya ni el recuerdo. Tal es la principal razón por la cual la gente piensa de
maneras cada vez menos claras y menos realistas, y en su ignorancia cae víctima
de las ilusiones taumatúrgicas de los jefes y expositores
colectivistas.
Es más,
Kant decretó imposible la Metafísica: el saber acerca del ser y de la realidad
en general. Esa disciplina -la Metafísica- era el hogar y domicilio de
residencia natural del realismo; y cuando Kant y sus seguidores la demolieron
sin piedad, se procedió al desalojo inmediato del realismo, sin más trámite. De
este modo la otrora parte primera, medular y más gruesa de la Filosofía -y más
amigable y servicial-, fue tratada como inútil antigualla medieval, típica de la
“Edad Oscura”, impropia de los “tiempos modernos” de la ciencia y el
progreso.
2.- En
consecuencia, a la gente le falta la estructura conceptual para comprender las
cosas,
incluso las más vitales,
críticas y determinantes para su nivel de vida y hasta su vida. ¿No le parece
trágico? A esto agreguemos los otros factores que no inclinan a investigar y
propenden a la ignorancia semi-culpable: el Estado con impuestos y reglamentos
exige a la gente trabajar y agotarse largas y extenuantes jornadas
extraordinarias, las “diversiones” enajenantes, y la natural pereza que a todos
nos aqueja. (¿O a Ud. no?)