Políticas Públicas
Así el
Gobierno tiene una naturaleza -represiva-, de la cual nadie puede sacarlo, so
pena de infligir graves desórdenes, males y sufrimientos a la sociedad. Por su
naturaleza el Gobierno es juez, alguacil, policía y soldado. Así que más vale se
use para eso. Por más que se quiera, no puede hacerse el Gobierno comerciante,
industrial, agricultor, maestro, médico, artista y hermanita de la caridad; y si
se intenta, va a haber mucho problema. Pero, ¿cuando y cómo se va a entender
esto si le falta el concepto de “naturaleza”?
Los
fines, causas, formas y modos de las cosas, son sus determinantes “metafísicos”
-más allá de sus características sensibles, palpables y observables-; no son por
ello menos reales. Y la naturaleza de algo, en tanto objeto de conocimiento, es
su inseparable “esencia”, otro concepto metafísico
fundamental, que
adhiere el realismo a la razón, o facultad para entender las cosas como son
realmente, y guía del conocimiento cierto, cuando rectamente
usada.
3.- La
realidad quedó divorciada del pensamiento y el lenguaje, y éstos entre
sí.
Demasiadas veces se habla y se escribe hoy sin lógica, sin sentido, y hasta sin
gramática. Eso es precisamente así porque se perdieron los conceptos realistas,
que se reflejaban naturalmente en el pensamiento y el
lenguaje.
Mientras
duró la influencia del realismo en la forma de pensar, hablar y escribir de la
gente en general, la inteligencia reflejaba la realidad -con la lógica al
control-; y la expresaba mediante una sintaxis correspondiente. Y esto de modo
natural, tanto en la persona culta, como en la iletrada, en su caso con
conceptos y palabras más sencillas. P. ej. un ser, sustancia o ente -cualquier
cosa que existe-, podía ser objeto de conocimiento, y a la vez sujeto lógico, de
una proposición. Y sujeto gramatical, de una oración. Y sus categorías
predicables -acción, cualidad, cantidad, tiempo, lugar, etc.- daban lugar a las
otras categorías gramaticales: verbo, adjetivo, adverbio, complemento, etc.
Todas
estas buenas relaciones se cortaron. La realidad se hizo entonces más ardua de
aprehender en conceptos racionales, y de expresar de modo adecuado. Las cosas se
hicieron más difíciles de entender, y se recurrió a la cortina de humo del
palabrerío a la moda para disfrazar la ignorancia y el desconcierto.
Y ahora
la racionalidad ya no sirve como instrumento confiable de evaluación y control
de acciones, personas e instituciones; la política y demás facetas del
comportamiento práctico perdieron asiento racional firme, las emociones
desbocadas predominan, y el lenguaje sirve para
incomunicarse.
4.- El
despelote filosófico. Me
dirá Ud. ¿Qué importancia tiene lo que piensen los filósofos? Muchísima, porque
con el tiempo sus ideas y mensajes se van filtrando a la gente, mediante la
educación, los medios comunicacionales, la religión y el
entretenimiento.
El
realismo filosófico era completo y muy equilibrado: a todos y a cada uno de los
elementos de la realidad correspondía su concepto o correlato en el pensamiento
y lenguaje.
Al
faltar el realismo, cada filósofo cogió un concepto con exclusión o menosprecio
de los demás, e hizo facción propia. La Filosofía se quebró a lo largo de una
serie interminable de dicotomías falsas: lo particular vs. lo universal;
sentidos vs. razón; materia vs. espíritu; naturaleza vs. libertad; ser vs.
existir. En sus respectivas ramas, se enfrentaron nominalistas y universalistas,
empiristas y racionalistas, materialistas contra espiritualistas e idealistas,
deterministas y mecanicistas contra voluntaristas y librealbedristas absolutos
… ¡Hasta combatieron los fanáticos del ser y del existir (esencialistas y
existencialistas)!
Cada
profesor inventó su sistema propio. Qué locura, ¿no? Es como si en Medicina
quitasen la Anatomía, y los partidarios de la vista enfrentasen a los del oído,
los de las piernas a los “bracistas” (incondicionales de los brazos), y así.
La
Filosofía se redujo a su accidentada historia posterior, esa aburrida “Galería
de Héroes”: lo que pensaba Fulano, y Zutano, y si Mengano siguió a éste o al
otro. Sin Metafísica, la Filosofía se hizo cosa esotérica y aburridora, y
aparentemente nimia y quisquillosa. Hubo que despacharla de los estudios medios
y superiores. La atención se centró en sus abstrusas “teorías del conocimiento”
como casi único tema, algunas de lo más estrafalarias. De hecho ciertos
“sistemas” filosóficos daban risa …
Hasta
que pese a su aparente inofensividad, de ellos dedujeron ciertas conclusiones
que desataron extrema violencia en muchos países, con sangrientas revoluciones,
guillotinas y paredones, bombas y morteros, y guerras
brutales con
asesinatos masivos, tipo industrial (cámaras de gas). Eso no fue para reír. Y
pasó dos veces en el siglo XX.
5.-
Desconfianza en la razón y hasta en la realidad. Sin
reducir la filosofía a la teoría del conocimiento, el realismo enseñaba que es
posible conocer objetivamente las realidades. Que en tanto son, en un sentido
general son verdaderas y son buenas.
Pero las
guerras filosóficas, y las otras, suscitaron relativismo, escepticismo,
subjetivismo, utilitarismo, “positivismo”, pragmatismo; “ismos” que tenían en
común su descreimiento en la capacidad humana de conocer objetivamente y en
esencia la realidad, ¡y hasta en la realidad misma, los idealistas extremos! Los
existencialistas creyeron en la realidad, pero como algo amenazante y
angustiante.
Las
bellas artes se hicieron cada vez menos realistas, y menos bellas: se llamaban
“realistas” para exponer unilateralmente sólo las partes más feas y degradadas
de la realidad! El término fue devaluado. Política “realista” se hizo sinónimo
de su parte más vil y sucia. Y Filosofía “realista” se hizo equivaler a
cualquier visión avinagrada y amargada, corrientemente esgrimida para justificar
alguna inmoralidad. Consecuencia:
6.-
Pesimismo generalizado, que
hoy tratan de remediar con un pensamiento “positivo” irrealista-voluntarista, y
escapista. Y con las ilusiones del “mundo feliz” sometido al colectivismo
estatista, ingenuamente confiado en el Gobierno de turno … o protestando
furiosamente contra el mismo, y desgañitandose en procura del
siguiente.
En
cambio el realismo era sanamente optimista, juzgando al mundo apto para ser
conocido, y al hombre capaz para conocerle. Incluyendo el mundo de la economía y
los negocios, demandas y ofertas, ganancias y pérdidas.
¿Cómo
conocer sin engañarse? Los realistas enseñaron que la persona parte de
informaciones procedentes de sus cinco sentidos externos (vista, olfato, oído,
tacto y gusto); las combina mediante sus cuatro sentidos internos (conciencia,
memoria, imaginación y estimativa); y las trata con sus facultades cognitivas o
intelectuales, formando conceptos, juicios y razonamientos.
Pero hoy
ya nadie habla p. ej. de “estimativa” o “sentidos internos”. Tampoco del
“entendimiento receptivo”.
7.-
Olvido de los principios fundamentales del
saber. Entre
otros, los siguientes:
— El
entendimiento humano tiene antes que nada su potencia “receptiva”, para reflejar
en la inteligencia las cosas y sus cualidades, tal cual
son objetivamente; y para abstraerlas mentalmente
tiene también su potencia activa, pero no para inventar las realidades a placer,
como a cada quien le parece. Esa es función de la imaginación, la cual debe
sujetarse con cuidado.
—
Podemos estar ciertos de los conocimientos adquiridos por evidencia,
demostración, o testimonio de fuentes confiables. Porque las cosas ocurren de
tal modo
que pueden entenderse -principio de razón suficiente-, si se investigan con
detenimiento y orden. Y si se somete la inteligencia a ciertas reglas de buen
juicio, sobre el valor de las evidencias y testimonios, y sobre la lógica de los
argumentos y demostraciones. ¡Así podemos controlar las emociones y
sentimientos!
— No es
fácil el proceso de conocer, ni infalible el conocimiento, su resultado. Pero
son básicamente confiables, si se tiene cautela, y los yerros y equívocos se
corrigen y depuran lo suficiente.
— Lo
que no es posible es moldear las realidades a pura voluntad, de las personas o
los Gobiernos, imaginando que son maleables, plásticas, o queriendo que sean
distintas a como son. Por ello realismo es sinónimo de sensatez, razonabilidad.
Lo que vulgarmente se entiende por “sentido común”, y equivale a cordura
general. (Aunque técnicamente la expresión significa otra cosa, más cercana a la
conciencia.)
8.- Los
conocimientos quedaron sin garantías.
Comprenderá Ud. que sin principios como estos, nadie puede estar seguro de los
conocimientos, y las discusiones no salen de las puras opiniones subjetivas
-aunque masivamente difundidas-, sin asidero o fundamento sólido, o defendidas
con la sola fuerza de una “fe” por entero irracional, ambas inconcluyentes. Sin
estos principios tampoco se pueden corregir errores y desaciertos, ni los más
descabellados, y cada quien queda “libre” de afirmar su disparate favorito. Y de
imponerlo al resto de la gente, si tiene poder.
Comprenderá
Ud. también el motivo por el cual estos principios fueron dejados de lado:
porque aceptar que la inteligencia en parte es pasiva, no omnipotente, y que
debe someterse y ser obediente, implica humildad. De hecho la verdad no es sino
la humilde aceptación de la realidad. Y la humildad no es virtud frecuente entre
intelectuales.
9.- La
actividad intelectual quedó sin virtudes propias. Se
perdieron las virtudes “noéticas” o intelectuales, indispensables para poder
alcanzar la verdad:
— El
principio de no contradicción, pero como virtud, o “hábito continuo de recta
conducta”. Era el primer principio de la razón especulativa: no
contradecirse.
—
Sindéresis, o primer principio de la razón práctica: discernir entre lo bueno y
lo malo, para hacer lo primero y evitar lo segundo.
—
Ciencia: conocer las cosas según sus causas eficientes; y
…
—
Sabiduría: … por sus primeros principios y causas
últimas.
— Arte
o técnica: aplicar las facultades racionales a la producción; y
…
—
Prudencia: … al juicio práctico. La prudencia era virtud intelectual y al
mismo tiempo ética: se contaba entre las cuatro virtudes cardinales de la
moralidad, con la justicia, la fortaleza y la
templanza. ¿Qué le parece …?
10.- El
despelote de las ciencias humanísticas. Sin la
guía de una filosofía confiable, cayeron en brazos de las distintas y enemigas
ideologías, diferentes deducciones y conclusiones morales, políticas, jurídicas
y económicas de los sistemas filosóficos degenerados que se
enfrentan.
Las
ciencias todas fueron separadas arbitrariamente en humanas y naturales, culpa de
la falsa dicotomía espíritu versus materia. Y las así llamadas “ciencias
humanas” fueron sometidas a doble y contradictoria presión: parecerse a las
otras, y a la vez ser diferentes. Lo que quedó de ellas no es ciencia, porque le
falta exactitud en la medida; y tampoco es humano, al tratar estas “ciencias” a
las personas como ratas, monos, o perros, como hacen respectivamente el
conductismo, el evolucionismo y el pavlovismo. El colectivismo -nazismo o
marxismo, que ambos vienen de Hegel, y éste de Kant-, combina las tres
corrientes, considerandonos a la vez como ratas, monos y perros. Por eso nos
tratan de modo tan salvaje, animal. Y el ambientalismo
completa el círculo: vistas las personas como animales, quiere ver a los
animales como personas.
11.- La
economía: empobrecida y sin rumbo.
Empobrecida como actividad, por los Gobiernos desbordados, que paradójicamente
se toman para ellos todas las libertades económicas que niegan a los
particulares. Los políticos estatistas acusan a los ricos de construir sus
inmensas fortunas (a las que impropiamente califican de “poder económico”)
explotando a los pobres, pero ellos edifican su inmenso poder en base a la
explotación de todos, en exclusivo provecho y beneficio de ellos mismos, so
pretexto de “redimir” a los más necesitados. ¡Y también se enriquecen muchísimo,
pero a cuenta del poder del Estado!
Y sin
rumbo quedó la Economía como ciencia, con la hegemonía de las corrientes
positivistas y marxistas, que opacaron por completo a la Escuela austriana, piso
científico del liberalismo económico. El contexto filosófico natural del
austrianismo es la metafísica realista, que por desgracia no conocieron sus
propios fundadores austríacos, de fines del s. XIX y comienzos del XX,
desaparecido el realismo muy atrás en la historia. Para colmo, muchos liberales
y supuestos liberales -en extenso listado, desde el empirista Locke (s. XVII) al
hegeliano Fukuyama (s. XX)-, trataron de llenar el vacío filosófico con
racionalismo, relativismo, escepticismo, utilitarismo, “positivismo”,
evolucionismo, etc., todos “ismos” muy sospechosos, y para nada compatibles con
el ser del liberalismo. Y los austrianos, es de lamentar, se pegaron a la
corriente general.
Curiosamente,
en estos bárbaros excesos terminaron unas tendencias nacidas con el Renacimiento
y la Revolución Francesa, que se autodenominaron “humanistas”, y enfatizaron la
generosidad, el altruismo y la buena voluntad como fundamentos de la
civilización.
El
realismo en cambio no es una filosofía antropocéntrica sino ontocéntrica: gira
alrededor del ser, y se basa en la realidad, de la cual el hombre forma parte.
Pero resulta que Dios también es parte de la realidad, y más importante que el
hombre. Si Ud. hace una consideración completa de la realidad, desde la
naturaleza mineral hasta la economía, no puede dejar a Dios afuera. Porque la
realidad creada, las categorías que la conceptúan y sirven para inteligirla, y
hasta el lenguaje que la expresa fielmente, le hablan a Ud. sin parar de su
divino Creador.
Una de
las razones por las cuales los pensadores iluministas (fines del s. XVIII)
echaron por la borda definitivamente al realismo, fue que querían dejar a Dios
fuera de la realidad. Le sacaron de Filosofía, de las ciencias -de todas-, y de
la vida pública.
12.- La
religión quedó sin racionalidad.
Habiendo fracasado la Filosofía en su función orientadora sobre cómo pensar, y
las ciencias del hombre, la Religión podría llegar en auxilio de la gente, de no
haber sido previamente vaciada de racionalidad, despojo que hizo en el siglo XIX
el romanticismo.
El
romanticismo exaltó las emociones, sentimientos, instintos y pasiones, por
encima de la razón, contribuyendo a la pérdida general del sentido de realidad.
Su impacto sobre la religión fue tremendo y destructivo. En particular los
idealistas alemanes sobre la religión cristiana.
Realismo
y racionalidad no son incompatibles, ajenos ni lejanos a la Religión; y de hecho
son parientes. La escolástica, máxima expresión del realismo filósófico, fue
desarrollada en la Baja Edad Media -siglos XII al XV- por piadosos creyentes que
no despreciaron el auxilio de la “luz natural” de la
razón:
— Moisés
Maimónides, rabino judío (Rabbi Ibn Maimón);
— San
Alberto y Santo Tomás de Aquino -favor no confundir con Tomás el Apóstol-,
cristianos ambos, católicos;
— Al
Kindi, Al Farabi, Avicena (Ibn Sina), Al Gazel (Al Gazzali) y Averroes (Ibn
Rusd). No necesito decirle: muy devotos musulmanes, pero muy racionales, no
fanáticos criminales como los actuales sicarios al servicio del estatismo
“islámico” (= marxista disfrazado).
—
Felipe Melanchton, cristiano protestante del siglo XVI, siguió tras estos
pasos.
Cristianos
o no, todos los mencionados se apoyaron en el griego Aristóteles, un pagano de
la Antigüedad, que hoy diríamos “deísta”. Y se ayudaron unos con otros en su
actividad académica, que no era para “inventar” un sistema, sino para descubrir
cómo las cosas son.
El Papa
Juan Pablo II explicó de maravillas en su Encíclica “Fe y Razón”, que una y otra
no se divorcian. E igual en sus escritos Monseñor Ratzinger, hoy Benedicto XVI.
Pero este principio es típicamente realista, y hoy -aunque todavía se lee en
algunos catecismos-, tampoco se aplica, por desgracia. La gente “posmoderna” no
cree en la razón, aunque sí en las irracionales e idiotizantes religiones falsas
de la “Nueva Era”!
13.- Y
dejaron a Dios por fuera de la realidad. Si me
apura se lo digo: sí, una consecuencia terrible de la desaparición del realismo
metafísico es que Dios quedó considerado fuera de la realidad, y del cuadro
general de los conceptos de hombre, sociedad, “Estado” y economía fundados en
esas ciencias humanísticas pervertidas, a las cuales hoy todos recurren en busca
de auxilio sin encontrarlo. Dios quedo fuera, y asimismo fueron desalojadas sus
leyes, reveladas en la Santa Biblia, la cual manda p. ej. a los Gobiernos no
salirse de sus límites, y a los ciudadanos ser razonables y no endiosar a los
Gobiernos.
Es algo
que los líderes religiosos no se permiten recordar hoy en público, porque la
religión fue confinada a la vida privada y nada más, con prohibición expresa de
salida. (En Francia, “cuna de las libertades”, el Gobierno pretende impedir el
uso en público de distintivos religiosos … de las religiones monoteístas, mas
no de la astrología, brujería, oráculos, hechicería, espiritismo, animismo y
demás cultos y religiones primitivas.)
¿Cómo
evitar que los gobernantes se erijan en todopoderosos y muy altísimos, si el
lugar de Dios en la sociedad queda vacío? Entonces vienen ellos y lo
ocupan.
¿Es
posible a la sociedad volver a la sensatez sin volver a Dios? Sí pero sería
harto difícil. ¿Se va a poner todo el mundo a estudiar Filosofía, Economía y
ciencia política, para descubrir racionalmente cada quien por su cuenta que es
mejor un Gobierno limitado? (Deberían comenzar los economistas, periodistas y
otros profesionales que se suponen especializados en esas materias …) De la
otra forma sería más viable. Pero la gente es muy obcecada; no quiere reconocer
la autoridad de Dios, ni su Palabra, pese a lo razonable de su
contenido.
Y si me
pregunta ¿Es necesario ser creyente para ser realista?, le diré que no, pero
ayuda. Por cierto, una filósofa atea, Ayn Rand, emprendió en el s. XX la
titánica tarea de reconstruir el realismo sobre bases aristotélicas, para que el
capitalismo
liberal recuperase su apoyatura filosófica; pero con Dios fuera. Lo hizo, y ahí
está su obra, que sólo es conocida y reverenciada por un diminuto círculo de
fieles -una secta-, carente de difusión masiva siquiera en las Universidades. Y
lo mismo pasa al liberalismo, por ahora fatalmente
encadenado a extravagantes filosofías que le mantienen confinado y aislado,
impotente e inofensivo.
Urge el
rescate del realismo metafísico, al menos en las categorías
fundamentales, para
que la gente pueda volver a pensar normal y claramente. De otra manera,
imposible.
14.-
Fuera del sentido de trascendencia, Ley, Gobierno y autoridad humana se hacen
inapelables y despóticas. Esto
es o debería ser bastante obvio. Si Dios es declarado reliquia o recuerdo de una
remota y superada Era de supersticiones, y se duda de Su Palabra, ¿ante cuál
Autoridad Superior se puede recurrir de los dictámenes de Gobiernos y
Parlamentos?
15.- La
opinión pública quedó inerme, a merced de los ideólogos
estatistas, los
cuales llenaron de estatismo la mente de las personas. Y lo peor del caso no es
lo que la gente ignora, sino lo que cree que sabe. Pero me quedo aquí, no sea
que alguien se sienta ofendido. Y vamos rápidamente a ver qué puede
hacerse.
PARTE
III: CONEXIONES
Lenin
escribió un opúsculo titulado “Los tres componentes del marxismo”, que festejaba
a Marx por reunir en su sistema la filosofía alemana, por supuesto materialista
e idealista; la economía política inglesa, Ricardo principalmente; y la política
francesa, socialista claro está. Lenin tenía razón en cuanto a que
tales son
las fuentes en las que el marxismo abreva.
La
llamada por las cátedras oficiales Economía política clásica (inglesa) nada
tiene que ver con el liberalismo. Su natural pesimismo acerca de las leyes
naturales del mercado, y su ceguera para el rol creativo del empresario, como
asimismo para el de Dios como abundante proveedor de la Creación, le ponen en el
camino de justificar no sólo la tropelía socialista, sino ya todos los
colectivismos, como el engaño ecologista. Pero para eso la Economía “clasica” y
el colectivismo necesitan como natural plataforma, una filosofía materialista;
mas no groseramente versionada, a lo Helvetius y Feuerbach, sino envuelta en la
bruma idealista colectivista de los kantianos alemanes: Fichte, Schelling y
Hegel.
Si
queremos, los liberales tenemos un Marx muy superior: Frederick Bastiat, su
contemporáneo francés, escritor liberal cristiano (católico). O al menos su obra
“La Ley” es comparable al Manifiesto Comunista, del mismo año 1848. Y sin más
errores que Marx y Engels en la cuestión del valor, supera al socialista
“científico” al menos en que sus tratados, más breves y digeribles, se inspiran
en J.-B. Say y sus coterráneos los fisiócratas; y se dirigen a la comprensión
popular de las que llamaba “armonías económicas”. Y acompañado, como no puede
ser de otro modo, de la doctrina política de la Ley Natural -de rancios
antecedentes en toda Europa, pero principalmente en España desde Alfonso el
Sabio (s. XIII)-, Bastiat expone la justificación del Gobierno limitado,
teorizado y practicado en Inglaterra al menos desde el Alfredo Magno (s. IX),
quien declarara porciones enteras del libro bíblico de Deuteronomio como ley del
país.
¿Y En
cuál otra Filosofía iba a apoyarse Bastiat, sino en el realismo
metafísico?