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Debate en Nueva York entre el alcalde y una promotora de escuelas independientes

El enfrentamiento entre el nuevo alcalde de Nueva York y una líder del movimiento charter, reabre una incómoda herida dentro del partido demócrata.

La red de escuelas “charter” de Moskowitz ha conseguido buenos resultados académicos con estudiantes de social y económicamente desfavorecidos

Ya en la campaña elctoral, el flamante alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, había anunciado su intención de enfriar las relaciones entre la administración pública y las charter schools (escuelas financiadas con dinero público pero gestionadas de forma autónoma). En concreto, se refería a Eva Moskowitz, la presidenta de uno de los grupos de charter schools más conocidos y exitosos: la Success Academy, actualmente con 22 escuelas en la ciudad. De Blasio señaló varias veces que Moskowitz había recibido un trato de favor durante el mandato del anterior alcalde.

El enfrentamiento tiene bastante de rivalidad personal. Aunque Moskowitz renunció a presentarse a las últimas elecciones a la alcaldía, recientemente ha dado a entender que concurrirá a las siguientes. Ambos han cultivado su imagen de líderes carismáticos. También han hecho de la lucha contra la desigualdad –el tema de moda dentro del Partido Demócrata– el eje de su mensaje, pero con recetas opuestas.

Una diferencia más profunda
De Blasio gusta de presentarse como un campeón en la batalla contra la desigualdad. Su principal iniciativa es aumentar la cobertura gratuita de la educación preescolar, para lo que propone gravar con un impuesto especial a las grandes fortunas de la ciudad. Sin embargo, el alcalde ha encontrado en Moskowitz la horma de su zapato: también ella puede presumir, y con hechos, de estar ayudando a los más desfavorecidos.

En las escuelas de Success Academy, la tasa de pobreza entre los estudiantes es cercana al 80%, y todas ellas están situadas en zonas especialmente desfavorecidas y pobladas fundamentalmente por minorías étnicas. Los resultados académicos de estas escuelas en los exámenes nacionales están entre los mejores del estado, tanto en lectura como en matemáticas. En una ciudad donde apenas un 20% de los estudiantes negros e hispanos de las escuelas públicas aprueban esos exámenes, los alumnos de Success Academy –nueve de cada diez son hispanos o negros– alcanzaron un 82% de aprobados en matemáticas y un 58% en lectura; la media de la ciudad fue de 30% y 26% respectivamente.

El debate sobre el papel de las charter schools en la lucha contra la desigualdad es el aspecto más visible de una divergencia de criterios más profunda, que se manifiesta en distintas cuestiones:

  • Rankings de escuelas: De Blasio quiere eliminarlos, mientras que Moskowitz los considera una importante herramienta de transparencia.
  • Evaluaciones de profesores: De Blasio en contra, Moskowitz a favor.
  • Cualificación de los directores: De Blasio quiere brindar estos puestos a profesores; Moskowitz prefiere gestores profesionales.
  • Empleo del dinero público: Frente al plan del alcalde para extender la educación infantil, Moskowitz propone aumentar la ratio alumnos-profesor y dedicar el ahorro resultante a tecnología educativa y formación de profesores.

A la gresca con el sindicato
Las escuelas Success Acadamy presentan algunas diferencias notables con las públicas: tienen una jornada escolar más larga, y partida; los alumnos llevan uniforme; los profesores reciben frecuentemente formación en horario extraescolar, a veces incluso los fines de semana. Otra diferencia capital, que está en el centro del conflicto entre Moskowitz y De Blasio es que el personal de los colegios no está sindicado.

El enfrentamiento con los sindicatos de profesores públicos, y en concreto la United Federation of Teachers (UFT) viene de lejos, y se enconó durante la etapa en que Moskowitz estuvo al frente del comité de educación del ayuntamiento neoyorquino. Moskowitz ha señalado repetidas veces que el sindicato mayoritario en la escuela pública es el mayor problema de la educación en la ciudad. Por su parte, la UFT siempre ha hecho campaña a favor del oponente de Moskowitz en todas las elecciones a las que ella se ha presentado: la acusa de seguir métodos agresivos en su expansión comercial, y de admitir una proporción menor de alumnado con dificultades especiales de aprendizaje.

La fundadora de Success Academy entiende que la UFT es un eficaz guardián del statu quo y freno a la innovación educativa. Según ella, los convenios colectivos negociados con el sindicato protegen los intereses de los profesores a costa de los slumnos. Cualquier intento por introducir criterios de eficiencia –evaluación de profesores, rankings de colegios, retribución en función del desempeño profesional– se ha encontrado con la poderosa oposición de la UFT, que siempre ha estado bien relacionado con el nuevo alcalde.

La UFT ha visto en la elección de De Blasio una ocasión de oro para contraatacar. Recientemente han interpuesto una demanda contra las co-locations (acuerdos para que las charter schools puedan ocupar el espacio sobrante en algunos colegios públicos) firmadas en los últimos días del mandato de Bloomberg, el anterior alcalde. El pasado jueves 27 de febrero De Blasio anunció que bloquearía la concesión de varios de estos locales: en concreto, se han denegado tres a escuelas de Success Academy, lo que Moskowitz ha interpretado como una declaración de guerra.

Este enfrentamiento refleja una tensión interna dentro del Partido Demócrata norteamericano en la cuestión educativa. El gobernador del estado se ha mostrado favorable a Moskowitz. Y tanto Obama como el secretario de Educación, Arne Duncan, también parecen más favorables a los grupos charter que a los sindicatos (cfr. Aceprensa, 28-09-2012).

 

El modelo de Nueva Orleans

La reforma educativa llevada a cabo desde 2003 en Nueva Orleans ha sido una de las más exitosas del país, y es tomada como modelo por los defensores de las charter. En 2003, esta ciudad era una de las que peor nota media obtenía en los exámenes nacionales. Aparte de una preocupante tasa de abandono prematuro, sobre todo entre las minorías étnicas, solo un 20% de los estudiantes llegaban a la universidad, y solo un 8% se graduaban.

Se decidió entonces crear un distrito especial (Recovery School District, RSD), no ligado a una zona geográfica, que agrupara a las escuelas con malos resultados que quisieran acogerse a un proceso de reforma para aproximarlas al modelo charter, y la mayoría lo adoptaron. En 2005, el huracán Katrina destruyó un gran número de escuelas del país, y ante los prometedores resultados del RSD, el gobierno estatal aprovechó la ocasión para incluir a estas escuelas, una vez reconstruidas, en el nuevo distrito.

Desde entonces, el porcentaje de alumnos en escuelas charter ha ido creciendo, y no solo por decisión del gobierno. A los padres con hijos en las escuelas destruidas por el Katrina se les dio a elegir entre varios modelos de escuela y, hasta ahora, más del 80% ha escogido charter.

Los resultados académicos del RSD han sido buenos. En 2007, el primer curso lectivo completo después del desastre ecológico, solo el 23% de los estudiantes de este distrito pasaba del aprobado en los exámenes nacionales. Cinco años después, lo hacía el 51%, una mejora tres veces y media más rápida que la del conjunto del estado. El éxito se ha producido tanto en primaria como en secundaria, donde la tasa de abandono prematuro se ha reducido del 11% al 4%, en la media estatal. Además, la progresión no se ha debido a un cambio en el perfil socio-económico o étnico de los estudiantes. El índice de pobreza –medido en función de la proporción de estudiantes que reciben comidas escolares subvencionadas– ha aumentado, y el porcentaje de alumnos negros (83%) apenas ha descendido unos puntos.

La receta del éxito
David Osborne, un conocido politólogo que ha trabajado entre otros para Bill Clinton o Al Gore, ha defendido en un ensayo la necesidad de aprender del modelo de Nueva Orleans, y de extenderlo por todo el país. Según su análisis, el éxito del RSD se puede explicar por cuatro razones.

  1. Autonomía. Se ha dado libertad al RSD para elegir a los grupos charter con mejores resultados, y a estos para organizar los colegios según su propia visión de la educación, lo que incluye capacidad para contratar, retribuir o despedir a su plantilla sin la interferencia del sindicato público.
  2. Rendición de cuentas. Los grupos charter responden por sus resultados en un doble sentido: el RSD les concede más colegios y estudiantes si las notas mejoran; y si los resultados no son buenos, los centros pierden alumnos y dinero, pues los padres tienen más facilidad para cambiar a sus hijos.
  3. Expectativas altas. Las escuelas charter, por lo general, han promovido una cultura académica marcada por unas mayores exigencia y motivación.
  4. Profesores cualificados. Se ha hecho un gran esfuerzo para atraer profesores con talento y para formarlos.

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