Anne Coulter
¿Cuándo va a aparecer el New York Times con el descubrimiento de un programa secreto de al-Qaida?
Al final de una larga lista de operaciones de alto secreto gubernamentales anti-terrorismo que han sido sacadas a la luz por el Times, la semana pasada el diario publicaba los detalles de un programa secreto del gobierno para el rastreo de las transacciones financieras terroristas que ya ha llevado a la captura de importantes terroristas y sus mecenas en Estados Unidos.
En respuesta, la administración Bush suena muy tajante – y no hace nada. Bush no querría que la prensa se cebase con él. Sí, conservemos a la prensa de nuestro mismo lado, como están hoy. De otra manera, podrían hacer algo enfermizo – como filtrar un programa gubernamental clasificado de monitorización de la financiación terrorista.
National Review ha pedido claramente la revocación del pase de prensa del Times en la Casa Blanca. Si el Times empieza a publicar movimientos de tropas, National Review se lanzará de lleno y exigirá la revocación de los privilegios del periódico con el dispensador de agua. Después siempre está “la opción nuclear”: retirar la invitación a la próxima cena de corresponsales de la Casa Blanca a Maureen Dowd.
Mientras tanto, el congresista que ha pedido algún tipo de investigación criminal es tratado como un pirado. No me entienda mal: el Congresista Peter King está como unas maracas – pero en esto acierta.
Vamos, a menos que el país haya abolido simplemente el concepto de traición. Tenemos un montón de progresistas que odian al país y que se pelean por ayudar al enemigo, de modo que, ¿qué vas a hacer? ¿Procesar a la junta editorial entera del The New York Times? (En realidad, no sería un mal sitio para empezar, ahora que lo pienso).
Tal vez la traición terminase durante la Guerra de Vietnam cuando Jane Fonda se sentó riéndose y aplaudiendo sobre un cañón antiaéreo norvietnamita utilizado para derribar pilotos americanos. Volvió a casa y reanudó su trabajo como gran estrella del cine sin el menor temor a afrontar algún tipo de sanción legal.
Avance rápido hasta hoy, cuando el editor del New York Times “Bateador” Sulzberger acaba de ser nombrado “Empleado del Mes” de al-Qaeda por decimosegundo mes consecutivo.
Antes de la Guerra de Vietnam, este país se tomaba la traición en serio.
Pero hoy se nos dice que los diarios tienen derecho a cometer traición a causa de “la libertad de expresión”. Los progresistas invocan “la libertad de expresión” como una especie de formulación talismánica que nos exige a todos que nos postremos en éxtasis religioso. En la teoría de la Primera Enmienda que tienen los progresistas, el lugar más seguro para Osama bin Laden no está en Afganistán ni en Pakistán; está en el edificio del The New York Times.
Libertad de prensa significa que el gobierno generalmente no puede poner cortapisas al discurso antes de la publicación.
Pero libertad de prensa no significa que el gobierno no pueda procesar a los periodistas o editores por traición – o por cualquier otro crimen. La Primera Enmienda no significa que el editor del Times Bill Keller pueda secuestrar a un niño y difundir sus exigencias de rescate desde la página editorial del The New York Times. No podría contratar un asesinato en la página de opinión. Tampoco puede sacar a concurso un contrato de matar americanos con una noticia en portada de un programa gubernamental secreto utilizado para rastrear a terroristas que intentan matar americanos.
¿Qué pasa si, en lugar de pasar información del programa nuclear secreto del gobierno en Los Álamos directamente a agentes soviéticos, Julius y Ethel Rosenberg hubieran impreso esos mismos secretos en una circular? ¿Se habrían ido de rositas arrastrándose, en lugar de ser juzgados por espionaje y enviados a la cámara de gas?
Ezra Pound, Mildred Gillars (“Axis Sally“) o Iva Toguri D´Aquino (“Tokyo Rose“), todos fueron acusados de traición por programas de radio que pretendían desmoralizar a las tropas durante la Segunda Guerra Mundial. Sus emisiones eran una especia de Janeane Garofalo y Randi Rhodes en Air America Radio – excepto en que Tokyo Rose era particularmente ocurrente, y Axis Sally utilizaba presuntamente un testigo.
Tokyo Rose fue condenada por traición a causa de una única sentencia que hizo en directo: “Huérfanos del Pacífico, hoy sois realmente huérfanos. ¿Cómo llegaréis a casa ahora que vuestros barcos están hundidos?” Solamente por esa afirmación, D´Aquino pasó seis años en prisión y fue multada con 10.000 dólares (más de 80.000 en dólares de hoy en día).
Axis Sally fue encontrada culpable de traición en emisiones desde Alemania, y condenada a doce años de prisión. Pound evitó un juicio por traición a causa de sus emisiones radiofónicas ingresándose en su lugar en un manicomio (que supongo es el “Plan B” de Randi Rhodes en caso de que alguna vez tenga suficiente audiencia para ser acusada de traición).
No existen pruebas de que en alguno de estos casos, las emisiones traidoras pusieran una sola vida americana en peligro. La ley sobre traición no lo exige.
El estatuto federal sobre traición, 18 USC 2381, dictamina en lo relevante: “Cualquiera que debiendo juramento a Estados Unidos… se adhiera a sus enemigos, dándoles ayuda o apoyo dentro de Estados Unidos o en cualquier otra parte, es culpable de traición y será condenado a muerte, o será encarcelado no menos de cinco años y multado bajo esta provisión con no menos de 10.000 de dólares“.
Gracias al New York Times, el trabajo más fácil del mundo ahora mismo es: “Jefe de Contrainteligencia – al-Qaeda“. Simplemente tienes que leer el New York Times con el café de la mañana, y has acabado hacia las diez.
La mayor amenaza a la guerra contra el terror no es la insurgencia islámica – nuestro ejército puede manejar a los salvajes. Son los progresistas traicioneros que intentan perder la guerra en casa. Y la mayor amenaza en casa no son los progresistas traidores – son los americanos patriotas, también conocidos como “Republicanos”, ridiculizando la artística idea de que deberíamos tomar en serio la traición.
Ann Hart Coulter es licenciada en Derecho, columnista y autora de cuatro bestseller, todos aparecidos en la lista de ventas del New York Times, el último durante 7 semanas consecutivas.











