El tan anticipado libro “Sin Dios: la iglesia del progresismo” fue publicado por fin esta semana. Si el New York Times llega a revisarlo, solamente hablará de la muñeca de acción de Ann Coulter, de modo que escribiré mi propia crítica.
Anne Coulter
El tan anticipado libro “Sin Dios: la iglesia del progresismo” fue publicado por fin esta semana. Si el New York Times llega a revisarlo, solamente hablará de la muñeca de acción de Ann Coulter, de modo que escribiré mi propia crítica.
“Sin Dios” comienza con un asesinato en el Louvre y a continuación lleva al lector por un viaje en la montaña rusa de la Iglesia del Progresismo, en un desesperado juego del ratón y el gato en el que el cazador es cazado -con un giro al final que simplemente no creerá. Es un libro verdaderamente inusual- incluso la versión grabada y la edición de tapa dura. Quien habría dicho que un libro sobre política podría ser un regalo tan ideal -especialmente con el Día del padre a sólo dos semanas.
El principal problema de “Sin Dios” es que tuve que recorrer el valle de la oscuridad para encontrarlo. Usted tendrá que prescindir de amenazantes cajeras de librería, atravesar el grupo de gente rara de la sección de “autoayuda”, y por fin avanzar por las pilas y pilas de memorias de Hillary Clinton. Si todo lo demás falla, pregunte por la sección “discurso de odio” de su librería local. Irónicamente, si usted encuentra “Sin Dios” sin pedir asistencia, se considera un pequeño milagro.
Éste no es un libro acerca de los progresistas. Destaco esto con vistas a que Alan Colmes intimide a la autora poniendo motes. (Para ser gente que no se cortaba poniendo ” motes” durante los años cincuenta, ciertamente estos progresistas no se cortan exigiendo que los conservadores hagan lo mismo hoy).
Es un libro acerca del progresismo, nuestra religión estatal oficial. El progresismo es una doctrina con un conjunto de pilares específicos que pueden ser debatidos, igual que las demás religiones.
La religión cristiana, por ejemplo, condena mentir y el sexto premarital. Simplemente es un hecho acerca del cristianismo. Esto no significa que ningún cristiano haya mentido nunca o haya tenido sexto premarital. En la práctica, algunos cristianos han cometido asesinato, adulterio, robo, gula. Esto no significa que no haya cristianismo, igual que la cinta del Representante William Jefferson aceptando sobornos en efectivo no significa que no haya algo como normas éticas del Congreso.
De igual manera, la religión progresista apoya el aborto, pero eso no significa que todo progresista haya tenido un aborto. Podemos alegrarnos de que los progresistas no siempre practiquen su religión.
“Sin Dios” examina un conjunto de creencias conocidas como “progresismo”. Es la doctrina que invita a gente aparentemente cuerda en otros sentidos a proponer enseñar a los niños a masturbarse, permitir que los homosexuales se casen, sacar de las cárceles a asesinos, o enseñar a los hijos que comparten un ancestro común con la lombriz de tierra. (No han encontrado aún al ancestro común… pero al igual que O.J., la búsqueda continúa).
La afirmación de que su religión se puede debatir sólo con referencia a particulares específicos -¿quién es irreverente? ¿Está usted diciendo que soy irreverente? – es simplemente un intento de evitar que hablemos de su religión. Esta táctica no funcionó con “difamador” o “traición”, y no va a funcionar ahora.
No es solamente que los progresistas prohíban a los rabinos reformistas recitar sus breves oraciones en las graduaciones de los institutos y caen como moscas sobre tribunales y plazas de ciudad de toda América para derribar los monumentos con los Diez Mandamientos. La hostilidad progresista a las religiones basadas en Di-s ya ha sido copiosamente documentada por muchos otros. “Sin Dios” va mucho más allá de esta hostilidad progresista demostrada a las religiones reales.
La tesis de “Sin Dios” es: El progresismo ES una religión. La religión progresista tiene su propia cosmología, su propia explicación de porqué estamos aquí, posee sus propios dioses, su propio clero. El pilar básico del progresismo es que la naturaleza es Dios y los hombres son monos. (Excepto que no son tan puros como los monos reales, que no contaminan, no fabrican armas nucleares y no creen en Dios).
Los progresistas, por supuesto, niegan que el progresismo sea una religión -de otro modo, perderían el sustento de su gobierno. “La separación de la iglesia y el estado” significa la separación de TU iglesia del estado, pero la total comunión entre SU iglesia y el estado.
Hace dos meses, la Audiencia sostenía que una escuela puede prohibir a un estudiante ejercer sus derechos de la Primera Enmienda llevando una camiseta que reza “La homosexualidad es vergonzosa”.
Ni siquiera la simulada adoración de la izquierda a la “Libertad de expresión” (es decir: traición y pornografía) puede ceder el paso al discurso contrario a los pilares de la iglesia del progresismo sobre los sagrados pilares de una escuela pública.
¿Cómo respondería la ACLU si una escuela intentase prohibir una camiseta que rezase algo como “El creacionismo es vergonzoso”? Nunca dejaríamos de escuchar las advertencias de la inminente teocracia.
En la práctica, a los estudiantes se les exige que lleven camisetas de “El creacionismo es vergonzoso” en Dover, Pa., donde -gracias a una demanda de la ACLU – el clero progresista ha declarado el darwinismo como la única iglesia verdadera, inmune a la razón. No adorarás a otro Di-s. Ninguno.
Los progresistas creen en el darwinismo como acto de fe, a pesar del hecho de que, en este momento, lo único que puede decirse seguro del darwinismo es que un organismo monocelular (1) necesitaría menos tiempo para convertirse en un ser humano a través de la mutación y la selección natural del que los darwinistas (2) precisan para admitir que carecen de prueba alguna de (1).
Con que el darwinismo simplemente fuera cierto, algún día podríamos dar lugar a escuelas públicas con la habilidad de sostener ideas opuestas acerca de la creación del hombre.