Aún queda mucho trecho por recorrer antes de que El Salvador pueda ser catalogado una nación desarrollada, sin embargo, lo hecho hasta ahora merece ser imitado por los otros países centroamericanos.
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Jueves, 19 de febrero 2026

Aún queda mucho trecho por recorrer antes de que El Salvador pueda ser catalogado una nación desarrollada, sin embargo, lo hecho hasta ahora merece ser imitado por los otros países centroamericanos.
Opinión: Juan Carlos Hidalgo
La implementación de políticas públicas basadas en la libertad económica perfila
a El Salvador como un ejemplo de desarrollo económico en Centroamérica. A pesar
de su turbulento pasado, de una cruenta guerra civil y de recientes desastres
naturales, esta pequeña nación ha dado pasos importantes en la lucha contra la
pobreza sobre los cuales otros países de la región pueden derivar lecciones
importantes.
A partir de la década de los noventa El Salvador adoptó un
modelo de desarrollo caracterizado por la privatización de empresas estatales,
desregulación, liberalización comercial y financiera, reforma al sistema de
pensiones y la adopción del dólar como moneda oficial. No es casualidad que en
el Informe Anual sobre Libertad Económica en el Mundo que publica el Fraser
Institute, El Salvador haya saltado de la posición 84 en 1990 a la 27 en el
2002.
Los resultados de dichas políticas liberales llevadas a cabo en
las últimas administraciones están a la vista de todos: En tan solo 11 años la
pobreza en El Salvador cayó de un 63% al 38%. En ese mismo periodo, la tasa de
mortalidad infantil se redujo en un 40%, y el analfabetismo bajó del 23% al
14%.
El apoyo del pueblo salvadoreño a la implementación de una agenda de
libre mercado se manifestó en las urnas durante las elecciones de marzo pasado
con el triunfo del oficialista Tony Saca con un 57% del voto, mientras que
Shafik Handal, el candidato del izquierdista FMLN, obtuvo apenas un 35%. Handal
prometió durante su campaña “acabar con el modelo neoliberal”, pero el rechazo
del electorado a su promesa fue contundente.
En los últimos meses
podemos constatar en los medios de comunicación los beneficios que las políticas
de apertura han tenido para los salvadoreños. Por ejemplo, hace unas semanas se
reportó que en ese país, “por segunda semana, y como resultados de los cambios
ocurridos en el mercado internacional, los precios de la gasolina y el diesel
registrarán… una reducción en los precios”. Esto sucede mientras en el resto de
los países centroamericanos los precios de los combustibles continúan
aumentando. La diferencia radica en que El Salvador liberalizó el mercado de los
hidrocarburos y cuenta con varias empresas que se dedican a importar la gasolina
refinada al país.
Además, el precio al consumidor está liberado. El
gobierno se limita a realizar un monitoreo semanal de los precios al consumidor
a efecto de informar a la población para que compare y compre en la estación de
servicio que le ofrezca el menor precio. ¿El resultado? Los salvadoreños
disfrutan los precios del combustible más baratos de toda la región.
La
misma situación se repite en telefonía. Recientemente se informó que El Salvador
necesitará aumentar un dígito a sus números telefónicos por la gran demanda de
teléfonos celulares. Actualmente existen 1.5 millones de líneas celulares. Con
la ampliación de los dígitos, la cifra subirá a 10 millones de líneas
disponibles, tres millones y medio más que la población del país. En 1996 El
Salvador abrió el mercado de las telecomunicaciones, y a partir de entonces
cinco empresas de telefonía fija, otras cinco de telefonía móvil, 20 proveedores
de servicios de telefonía internacional y cinco proveedores de servicios de
Internet ofrecen sus servicios.
En materia monetaria los salvadoreños
también han hecho las cosas bien. Desde que dolarizaron su economía en el 2001,
la inflación anual promedia menos del 3% y la tasa de interés cayó del 18% a un
6% nominal para hipotecas.
Estas reformas prometen ser fortalecidas con
la aprobación del Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y Estados Unidos
(CAFTA), ya que éste aseguraría la permanencia de los beneficios comerciales que
El Salvador actualmente goza bajo la Iniciativa de la Cuenca del Caribe, además
de aumentar los flujos comerciales y de inversión extranjera directa hacia ese
país. De hecho, El Salvador es el primer país de la región en ratificar CAFTA,
el cual, según algunos estimados, podría impulsar el crecimiento económico del
país a un 8% anual.
Aún queda mucho trecho por recorrer antes de que El
Salvador pueda ser catalogado una nación desarrollada, sin embargo, lo hecho
hasta ahora merece ser imitado por los otros países centroamericanos. El
Salvador le está mostrando al resto de la región que el camino hacia el
desarrollo se basa en la libertad económica y el aprovechamiento de las
oportunidades que brinda la globalización a los países dispuestos a asumir el
reto.
Juan Carlos Hidalgo es analista independiente de políticas
públicas en Costa Rica y ex-editor de elcato.org
Fuente: Cato Institute
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