Política

Intenso debate en Estados Unidos sobre la Ayuda Externa y el Comercio Libre

Las políticas agrícolas estadounidenses se llevan con la mano derecha lo que la mano izquierda da en ayuda externa y asistencia para el desarrollo. Algunos quieren corregir ese problema aumentando la cantidad de ayuda externa, pero las transferencias de pagos no han logrado estimular el crecimiento económico en África donde el ingreso promedio por persona en el 2003 fue de un 11 por ciento menos que lo que era en 1974.

Informe de Christopher Preble y Marian Tupy: “Comercio, no ayuda externa”
Mientras el presupuesto europeo fenecía precisamente por el interés
político de países como Francia y Alemania para seguir manteniendo los subsidios
a la Agricultura, en Estados Unidos tiene lugar un intenso debate sobre la
conveniencia de seguir aumentando el presupuesto público para la ayuda externa,
al tiempo que los subsidios a la Agricultura. Diario Exterior publica hoy un
informe de gran interés realizado po Christopher Preble y Marian Tupy para Cato
Institute.

“Comercio, no ayuda
externa”

Cuando el Primer Ministro Inglés Tony Blair se
reunió con el Presidente Bush hace dos semanas, el urgió a EE.UU. para que
aumente substancialmente su ayuda externa hacia África. La presión sobre el Sr.
Bush probablemente se multiplicará durante las próximas semanas mientras el se
prepara para partir hacia la reunión de los G8 en Escocia.

A pesar de
las presiones políticas, aumentar el presupuesto de la ayuda externa
estadounidense sería un error. La verdadera causa de la pobreza africana es la
larga historia de estados fallidos en el continente—un problema que es
exacerbado por el proteccionismo comercial de los países ricos, particularmente
con respecto a la agricultura.

Mientras que los defensores de las
actuales políticas de agricultura que distorsionan el mercado no pretenden
perjudicar a las naciones en vías de desarrollo, el efecto colectivo de las
políticas de agro estadounidenses es devastador para los productores agrícolas
alrededor del mundo. Las políticas del agro estadounidense podrán proveer
beneficios a corto plazo para los productores agrícolas en EE.UU., pero esos
beneficios son más que contrarrestados por el costo a los consumidores
estadounidenses quienes pagan impuestos más altos para subsidiar a los
agricultores estadounidenses y a los precios más altos para los productos
agrícolas.

Mientras tanto, los aranceles, cuotas, y subsidios
estadounidenses para exportaciones exacerban la pobreza en regiones como África
al Sur del Sahara donde las personas son altamente dependientes de la
agricultura. La frustración y la desesperación causada por estas políticas en
cambio han socavado la seguridad estadounidense. Las personas que son
dependientes en la agricultura para su supervivencia muchas veces tienen acceso
limitado a información.

No conociendo de las razones fundamentales
detrás de las políticas agrícolas estadounidenses, esos individuos creen que las
políticas agrícolas estadounidenses encajan perfecto con la narrativa de los
pesimistas que dicen que EE.UU. busca mantener al resto del mundo atrapado en la
pobreza. Refutaciones para probar lo contrario provenientes de los oficiales del
gobierno estadounidense siempre caen en oídos sordos.

La política
agrícola estadounidense socava los esfuerzos estadounidenses para mitigar la
pobreza porque conduce hacia abajo los precios agrícolas mundiales, los cuales
en retorno cuestan a los países en vías de desarrollo cientos de millones de
dólares en pérdidas en ganancias de exportaciones. Solo las pérdidas asociadas
con los subsidios de algodón exceden el valor de los programas de ayuda externa
estadounidense hacia los países aquí tratados.

La organización de ayuda
externa inglesa Oxfam dice que los subsidios estadounidenses condujeron
directamente a pérdidas de más de $300 millones en ganancias potenciales para
África del Sur del Sahara durante la temporada de 2001/02. Más de 12 millones de
personas en esta región dependen directamente de este cultivo, con un productor
típico a pequeña escala ganando menos de $400 en una cosecha anual de algodón.


Al perjudicar la subsistencia de personas que ya de por si están al
borde de la pobreza extrema, las políticas agrícolas estadounidenses se llevan
con la mano derecha lo que la mano izquierda da en ayuda externa y asistencia
para el desarrollo.

Algunos quieren corregir ese problema aumentando la
cantidad de ayuda externa, pero las transferencias de pagos no han logrado
estimular el crecimiento económico en África donde el ingreso promedio por
persona en el 2003 fue de un 11 por ciento menos que lo que era en 1974.


La ayuda externa de estado a estado es ineficiente porque muchas veces
está basada en consideraciones geopolíticas, y más no en consideraciones
económicas. Como resultado, los gobiernos que menos se lo merecen muchas veces
obtienen la ayuda externa.

Las organizaciones internacionales como el
Banco Mundial también son en gran parte inefectivas. En el 2000, por ejemplo, la
Comisión bipartidista Meltzer encontró que los proyectos de ayuda del Banco
Mundial fallaban de entre 55 a 60 por ciento de las veces. La ayuda externa es
inefectiva por la aterradora manera en que África es gobernada. En las recientes
décadas, de cada dólar donado a África, 80 centavos fueron robados por líderes
corruptos y transferidos de vuelta a cuentas bancarias en bancos Occidentales.


En total, el presidente nigeriano Olusegun Obasanjo estimó, “los líderes
africanos corruptos se han robado por lo menos $140 mil millones de sus pueblos
en las [cuatro] décadas luego de la independencia”. Todo lo que queda cuando
estos regimenes eventualmente colapsan son deudas públicas masivas.

Hay
todavía otro problema práctico con la táctica de “subsidios más ayuda externa”.
Esta obliga a los contribuyentes a pagar doble—primero para sostener los
subsidios ineficientes, y luego una vez más para pagar por los programas de
ayuda externa en aquellos países lastimados por esas políticas.

William
R. Cline, académico titular del Instituto para Economía Internacional y del
Centro para El Desarrollo Global, estimó que la liberalización global comercial
ahorraría a las naciones desarrolladas $141 mil millones por año y produciría
beneficios económicos de hasta $87 mil millones por año para los países en vías
de desarrollo.

Debido a que la seguridad estadounidense depende en la
expansión de instituciones democráticas y liberales y de economías de mercado
libre, los políticos estadounidenses deben ser particularmente sensitivos con
respecto a políticas que exacerban la pobreza en el mundo subdesarrollado.


Como el Presidente de Uganda Yoweri Museveni dijo durante su reunión en
el 2003 con el Presidente Bush, “Yo no quiero ayuda externa; yo quiero comercio.
La ayuda externa no puede transformar la sociedad”. Los economistas de
desarrollo han enfatizado este mensaje por años. Los subsidios y el
proteccionismo estadounidense son particularmente irritantes para aquellos
países que han tratado de hacer que las reformas de mercado funcionen, solo para
ver sus procesos socavados por productos subsidiados en el mercado mundial
“libre”.

Aunque EE.UU. difícilmente es el peor ofensor en el mundo
desarrollado cuando se trata de prácticas comerciales injustas, EE.UU. debería
liderar con su ejemplo y eliminar sus políticas agrícolas que distorsionan el
mercado. Estas son perjudiciales para los intereses de la mayoría de los
estadounidenses, y hacen inútiles los esfuerzos estadounidenses para combatir la
pobreza en las regiones más pobres del mundo.

Christopher Preble es
director de Estudios de Política Exterior del Cato Institute.

Marian L.
Tupy es Director Adjunto del Proyecto sobre la Libertad Económica Global del
Cato Institute.

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