El Presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, ha presentado hace unos días, en la segunda rueda de prensa de su mandato, el denominado Plan Geithner. En la presentación estaba acompañado del autor del Plan, Timothy Geithner, secretario del Tesoro
Primera Parte
El objetivo prioritario del Plan es crear un fondo, dotado inicialmente con medio billón de dólares, pero que puede llegar al billón, para comprar activos tóxicos a la Banca, ya sean préstamos hipotecarios contaminados o títulos o fondos de alto riesgo. Las bolsas mundiales recogieron bien la noticia, al menos en un primer momento.
Las reacciones no se han hecho esperar. Unas a favor y otras en contra. Quizá estas últimas más virulentas, desde diferentes sectores y también desde diferentes países. Con las medidas anunciadas por Obama, con la apuesta tan fuerte que ha hecho, trata de dar confianza al mercado y aparentemente la Banca gana. Pero sólo aparentemente.
El quid de la cuestión es que los llamados activos tóxicos de la Banca serán subastados y vendidos al precio que determine el mercado, pues la Administración Obama quiere participar de los posibles beneficios. Y ése, precisamente, puede ser el gran problema: el precio. Porque…, ¿a qué precio se van a comprar los activos tóxicos? ¿A su valor? ¿A precio de mercado? ¿Habrá una rebaja notable en función de la crisis? ¿Habrá beneficios para repartir? ¿Quién pasará el test de solvencia? A ver quién le pone el cascabel al gato.
Sin que estas incógnitas se despejen, es muy difícil que la confianza vuelva de verdad a los mercados. La Banca puede ganar inicialmente con esta medida, pero sus altos directivo no tienen nada claro qué les pueden exigir sus accionistas en función de cómo se valoren los activos tóxicos y tampoco saben cómo van a tener que devolver las ayudas.
Algunos de estos altos directivos apuntan ya la posibilidad de no aceptar este tipo de ayudas por parte de la Administración Obama por lo que pudiera conllevar a medio y largo plazo. Pero eso parece imposible, porque, entre otras cosas, ¿cómo le expondrían los directivos del Citi al Gobierno, por ejemplo, que debería salir del capital del banco y devolver el 36 por ciento que hoy por hoy, y en pago a las ayudas otorgadas, le pertenece?
No parece nada fácil rechazar las ayudas. Y toda ayuda, lógicamente, conlleva un compromiso. Por eso el Presidente Obama, ante esta actitud, de la Banca, ha preferido reunirse con los directivos de los principales bancos, entre ellos Goldman Sachs, JP Morgan y el ya citado Citi, para explicarles las ventajas y los inconvenientes del Plan Geithner directamente.
Reacciones críticas
Piensen lo que piensen los banqueros, por ahora los que critican con más fuerza el Plan Geihter presentado por Obama son dos conocidos premios Nobel de Economía, Paul Krugman y Joseph Stiglitz. Y también el ex primer ministro checo y Presidente de la Unión Europea por turno rotatorio, Mirek Topolank.
El primero de ellos, Krugman, ha afirmado que el Plan Geithner expuesto por Obama es “absolutamente decepcionante y me llena de desesperación” y que “el plan no funcionará”, entre otras cosas.
Y eso que no debería estar disgustado, pues se comenta que el Gobierno de Zapatero abonó a Krugman 100.000 euros por su charla sobre lo mal que lo tenía España para salir de la crisis económica y que incluía el desayuno con el Presidente del Gobierno español. Eso sí, Zapatero, sin perder un momento su sonrisa de todo a cien, le dijo que iba a acometer medidas estructurales.
Por su parte, Stiglitz casi ha sido más duro que Krugman, pues ha afirmado, entre otras cosas, que “el Plan Geithner es muy defectuoso, ofrece incentivos perversos y esto equivale a un robo al pueblo norteamericano”. En el fondo, Stiglitz está convencido de que se va a poner mucho peso, quizá demasiado, sobre los hombros de los norteamericanos.
Otro crítico ilustre es Mirek Topolank, hasta ahora primer ministro de la República Checa, obligado a abandonar su cargo por una moción de censura motivada por la crisis económica (y es el tercer gobierno que cae en la Unión Europea por este tema) y presidente por turno de la UE, quien ha afirmado, entre otras cosas, que “los planes económicos de Obama son el camino a la ruina”.
Parece, pues, que el único que lo ve claro, aparte del autor del Plan, claro, y Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal, es Obama, quien pide “paciencia, trabajo y unidad” porque ya ve “señales de progreso”. En la economía, si bien advierte que la crisis puede durar”mucho tiempo”.
Pero nadie podrá negar que ha sido valiente al tomar estas medidas y tirar para adelante, que es lo que de verdad espera la sociedad de a pie, y que está acertado cuando afirma que la Unión Europea está algo retrasada a la hora de atajar la crisis y que piensa llevar a la próxima reunión del G-20 de abril el mensaje de que “hay que ser valientes” a la hora de tomar medidas. Y lo dice con cara seria, sin falsas sonrisas, como debe ser en una situación de crisis.
Como dijo que le indignaba que los altos directivos de American Insurance Group (AIG) cobraran primas millonarias en concepto de bonos cuando la Administración le había insuflado dinero para evitar su quiebra. Incluso justificó su tardanza en tomar medidas porque a él le gustaba enterarse bien de los temas antes de hablar, pero que haría todo lo posible para que estos altos directivos devolvieran el importe de sus primas.
Y así ha sido, al menos en parte, Los altos directivos de AIG han devuelto al fiscal de Nueva York 50 millones de dólares de los 165 millones de dólares que se repartieron. Algo es algo.
Mientras los altos directivos de AIG meditan un poco más a ver si pueden incrementar las devoluciones de sus primas, Obama va a acometer una reforma del sistema fiscal con el objetivo de recaudar 300.000 millones de dólares que ayuden a pagar el billón de dólares destinado a la compra de activos contaminados a la Banca. De momento ha encargado a Paul Volcker, el que fuera presidente de la Reserva Federal, que forme un grupo de trabajo para acometer esta reforma.
Eso sí, en todo este asunto quedan dos cosas claras: 1) Tanto Barak Obama como Timothy Geithner están convencidos de que el Estado debe asumir los riesgos que conllevan la compra de los activos tóxicos de la Banca, y 2) La sociedad estadounidense estará hipotecada durante los próximos cincuenta años para pagar la crisis económica, en general, y los dichosos activos contaminados, en particular.
(Continúa mañana)
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