Desde el inicio de la segunda Administración Trump, EEUU pasó de la teoría (Corolario Trump-Monroe) a la práctica en lo relativo a América Latina y el Caribe (ALC).
En Venezuela, la Operación Resolución Absoluta (3/I/2026) acabó con Nicolás Maduro; en Panamá, el Tribunal Supremo anuló la concesión de la empresa china CK Hutchison para operar en dos puertos próximos al Canal.
Venezuela y Panamá evidencian los objetivos hemisféricos de EEUU: impedir que China controle materias primas estratégicas e infraestructuras vitales.
La relación de EEUU con ALC es heterogénea: alianza desde la hegemonía y proximidad ideológica con América del Sur; adhesión incondicional con América Central y el Caribe; rivalidad con Brasil y México y presión sobre Cuba y, en menor medida, Nicaragua.
Los países de ALC oscilan entre preservar su autonomía (Brasil), vincularse a EEUU o mantener una estrategia dual: alianza política y militar con Washington y económica y comercial con Pekín.
China parece respetar la esfera de intereses e influencia definida por Trump. Ha condenado el intervencionismo en Venezuela y Cuba, pero sin hacer nada relevante.
El reto más complejo para ALC es gestionar las tensiones derivadas de sus vínculos con las dos superpotencias.
Análisis completo en este enlace.
Publicado el 05 Oct 2026 en Real Instituto Elcano
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